Eduardo Sacheri Cuenta en Entrevista N+ Cómo Fue Ganar el Óscar por ‘El Secreto de sus Ojos’
Elisa de Gortari | N+
N+ habló con el escritor argentino Eduardo Sacheri sobre su nueva novela, ‘Demasiado lejos’, a 15 años de que haber ganado el Óscar a Mejor Película Extranjera por ‘El Secreto de sus Ojos’

Eduardo Sacheri recuerda el día en que ganó el Óscar por ‘El secreto de sus ojos’. Foto: AFP | Archivo
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Eduardo Sacheri publicó la novela Demasiado lejos (Alfaguara), donde aborda la guerra de las Malvinas. El autor conversó con N+ sobre este libro, donde examina la ilusión y posterior desengaño del país ante el conflicto bélico que confrontó al Reino Unido y a Argentina. Además, el novelista rememoró el vuelco que dio su carrera con El secreto de sus ojos, la historia que le valió un Óscar a Mejor Película Extranjera en 2010.
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La guerra de las Malvinas: del triunfalismo a la decepción; de la ilusión a la derrota
Pregunta: ¿Cómo nació tu nueva novela Demasiado lejos?
Respuesta: Algunas de mis novelas surgen por un interrogante más colectivo que individual. No todas; algunas tienen que ver más con inquietudes mías. Pero estas otras nacen para pensar alrededor de algunos silencios sociales, silencios largos, silencios que en mi país, en Argentina, se construyen alrededor de temas conflictivos. Y la guerra de Malvinas es un tema muy conflictivo y muy silenciado.
Me da la sensación de que la ficción es un buen camino para entrar en ese territorio de silencio, porque es un camino menos taxativo, menos imperativo, menos solemne que el del ensayo histórico, por ejemplo. Argentina es un país donde se habla de muchas cosas y está bien. Pero ¿por qué de esa guerra en particular no hablamos tanto?
Pregunta: ¿Tú cómo recuerdas esos tiempos?
Respuesta: Los recuerdo como tiempos vertiginosos. Cada día era diferente al anterior. La agenda colectiva era una. Todo el mundo hablaba de lo mismo.
No solo todos los canales de televisión y todas las radios y todos los diarios y todas las revistas, sino todas las personas hablaban de lo mismo. Es raro ese tipo de experiencias tan compartidas. Había un consenso prácticamente blindado.
Digo, “prácticamente” porque, por supuesto, había en la periferia personas que miraban con ojo crítico, con distancia, con preocupación, hasta con angustia, lo que estaba sucediendo. Pero en general los sentimientos predominantes eran el orgullo, la alegría, el triunfalismo, el nacionalismo, la confianza y una unión muy rara que tenía en el centro a los militares de la dictadura, lo cual lo volvía más raro todavía.
“Todos se entusiasmaron con la guerra de las Malvinas”
Pregunta: En la primera parte de Demasiado lejos, llamada “Euforia”, causa una enorme desazón ver el entusiasmo de los personajes por lo que está sucediendo. ¿Crees que hoy se tiene vergüenza por haber sentido todo ese entusiasmo?
Respuesta: Yo creo que sí. Lo que pasa es que es algo tácito. En lugar de expresarlo, lo que hay es un enorme silencio o una gran autoexculpación. La gente que recuerda esos tiempos se acerca a los 60 años, o más todavía, y nadie se hace cargo de lo que hizo, de la actitud que tomó en general: “todos se entusiasmaron”, pero “ellos”, cuando uno sabe perfecto que ese “todos” incluye al enunciante.
No pretendo ir sobre el tema desde una pureza moral, que yo tampoco tuve, porque yo participé redondamente de ese entusiasmo y de esa gran equivocación. Pero me parece que está bueno hacerse cargo y decir cómo nos equivocamos, cómo con nuestra actitud convalidamos algo que no nos hizo bien, en lugar de decir “yo no tuve nada que ver”. No, si tuviste que ver. Pero no vos; yo también tuve que ver y nuestros vecinos y nuestros maestros y nuestros periodistas y nuestros políticos y nuestros sindicalistas y nuestros curas y nuestros todos.
Sacheri recuerda el día en que ganó el Óscar: “fue un empuje fenomenal para mi carrera”
Pregunta: Se han cumplido 15 años de que El secreto de sus ojos ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera. Un día eres historiador y al otro te ganas un Óscar por una novela tuya que fue adaptada al cine. ¿Cómo no te volviste loco?
Respuesta: Tal vez hubiera sido un problema si me pasaba a los 25. Pero me pasó a los 40. Y no es menor eso. Siento que lo importante de mi vida estaba bastante claro a mis 40 años.
Y mi vida era muy buena, porque a veces te puede pasar que un golpe de fortuna te tome en un momento que tu vida es un desastre. Puede pasar. Y ahí en ese torbellino pueden salir cosas magníficas o cosas terribles. Pero lo importante de mi vida, yo ya lo había conseguido, de mi vida personal; y mi vida profesional me gustaba antes del Óscar.
Me encantó, cuidado, no estoy despreciándolo ni nada por el estilo; y además significó un empuje fenomenal para mi carrera. Pero fue un empuje fenomenal para mi carrera, no para mi vida. Casi te diría que fue un desafío para mi vida, por ese empuje profesional, porque me expuso mucho más, me obligó a viajar mucho más, a abandonar mi vida cotidiana, mis lugares cotidianos, mi familia, mis afectos, mis amigos. ¿Cómo voy a compatibilizar estas cosas? Se acomodó, pero se acomodó lo profesional a lo existencial, no al revés.

Pregunta: ¿Tú estabas en Los Ángeles cuando ganaste el Óscar?
Respuesta: No estaba en el teatro donde se hace la ceremonia porque es muy pequeñito y dan cuatro entradas para las películas extranjeras, van los productores y el director y no va nadie más. Estaba en un hotel al lado, con la delegación de Argentina, viéndolo en pantalla gigante. Pero sí estuve todos esos días de alfombras rojas y limusinas.
Lo recuerdo con una sensación de tensión muy fuerte porque, claro, en ese momento quieres ganar. Los dos meses anteriores, donde la película va saltando etapas y filtros y va quedando finalista, es pura alegría por ser finalista.
En cambio, esa noche sientes que si no ganas es una enorme derrota, cosa que no es cierta, pero quieres ganar. El momento en que Almodóvar y Tarantino estaban leyendo las nominadas y dando la ganadora, yo me fui del lugar a un pasillo del hotel solo, porque no toleraba la atención de estar ahí.
Y cuando escuché el grito desaforado de todos los argentinos, ahí volví con ellos a festejar. Cuando se calmó la cosa, hasta que terminó la ceremonia y vino Campanella y todos nos sacamos la foto, me quedé mirando el valle de Los Ángeles, como se ve en la película E.T. Y en realidad lo que yo no podía creer era estar en Los Ángeles mirando eso. Nunca en mi vida pensé que iba a estar acá, que iba a ver el plano de Spielberg, con Los Ángeles de noche he iluminado.
Eduardo Sacheri explica la importancia de los diálogos en las novelas
Pregunta: Hay dos cosas en las que siento que te diferencias mucho de otros escritores de tu generación. Una es que tus libros cada vez son más largos. Siento que los otros escritores cada vez tienen libros más pequeños. La otra diferencia es que tus personajes hablan. Es extraña esa reticencia que tantos escritores tienen porque sus personajes hablen y que además hablen mucho, como los tuyos.
Respuesta: A veces me da miedo escribir largo. No quiero ser pesimista, pero no puedo evitarlo: siento que cada vez se lee menos, entonces temo amedrentar a los lectores con libros demasiado extensos, pero no consigo evitarlo. No me lo propongo, pero quiero dar cierta redondez a lo que quiero contar y termina pasando esto: 400 páginas.
Sobre que los personajes hablen, sí reconozco que es a lo que me importa mucho. Es algo a lo que le dedico mucha atención, da mucho trabajo, pero siento que es muy importante que los personajes hablen.
Uno conoce a las personas de varios modos muy imperfectos, uno de esos modos imperfectos es lo que las personas dicen. Pero es un modo necesario.
Nosotros no sabemos lo que los demás piensan. No lo sabemos. Elucubramos sobre lo que piensan a partir de lo que le vemos hacer y lo que le vemos decir. Parece un guion de cine: acciones y diálogos, pero eso es lo que los demás nos muestran.
Y a veces yo entiendo la dificultad y padezco la dificultad, porque la literatura intenta bucear en la profundidad de las personas que está creando. Y en general nuestras palabras no coinciden con la profundidad. Nuestro lenguaje coloquial suele ser cotidiano, superficial, anodino. Es raro que nos pongamos a hablar con mucha profundidad, muy en serio, de modo muy complejo.
A veces alguna mala literatura pone a los personajes hablar así. Las personas no hablan así. Las personas sienten así o piensan así, pero es excepcional que vos te pongas a hablar con la complejidad de lo que sentís y de lo que pensás.
Aunque, sin embargo, hay una relación. O sea, tu complejidad, si fueras un personaje, se expresa de algún modo, pero de algún modo esquivo. Hay una manera de moverte, una manera de mirar, una media palabra, tal vez una frase y enseguida un retroceso hacia el pudor. Es difícil, pero al mismo tiempo, para mí construye mejores ficciones eso.
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