A Giselle le Dieron 3 Meses de Vida por Cáncer de Hueso; 18 Años Después, Sigue de Pie
Astrith Tolentino
Le diagnosticaron cáncer de hueso, le amputaron una pierna y le dieron solo tres meses de vida. Hoy, 18 años después, sigue de pie y es un ejemplo de resiliencia

Le dieron 3 meses de vida por cáncer de hueso y hoy, 18 años después, sigue de pie en México. Forto: N+FORO
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En México, el cáncer de hueso es una enfermedad poco frecuente, pero cuando aparece puede cambiar la vida en cuestión de semanas. A Giselle, le diagnosticaron este tipo de cáncer cuando tenía 21 años. Los médicos fueron contundentes: debían amputarle la pierna de inmediato y, aun con quimioterapia, le daban solo tres meses de vida. La crudeza del diagnóstico parecía definitiva, pero casi dos décadas después su historia demuestra que los pronósticos no siempre dictan el destino.
Un dolor que nadie supo explicar y un diagnóstico que llegó demasiado tarde
El cáncer de hueso representa menos del 1% de todos los tipos de cáncer a nivel mundial y afecta aproximadamente a una persona por cada 100 mil habitantes al año. Esta baja incidencia provoca que, en muchos casos, los síntomas se confundan con lesiones comunes. A Giselle, le tocó ser esa estadística.
Todo comenzó cuando tenía 17 años y empezó a sentir un dolor persistente en el tobillo. Lo que parecía una molestia pasajera se convirtió en una limitación que ya no le permitía caminar con normalidad. Recorrió consultorios y recibió múltiples opiniones médicas sin obtener respuestas claras. Pasaron cuatro años antes de que un especialista identificara el problema real.
Giselle recuerda cómo vivió ese proceso de incertidumbre y frustración antes de conocer la verdad.
Empiezo con dolores que ya no me permitían caminar. Voy a muchísimos médicos, pero fue una cantidad impresionante antes de llegar con el especialista que pudiera diagnosticarme. No sabían qué era.
Cuando finalmente recibió el diagnóstico, su vida ya había cambiado por completo: acababa de convertirse en madre.
"No hay nada más que hacer": el día que le dieron tres meses de vida
El momento más duro llegó cuando los médicos le explicaron la gravedad de su condición. El tumor había avanzado al punto de destruir gran parte del hueso. La única alternativa era amputar la pierna y comenzar de inmediato ciclos de quimioterapia.
Antes de compartir las palabras que marcaron su vida, Giselle recuerda con claridad el tono y la contundencia con la que recibió la noticia.
Giselle, no hay nada más que hacer, esto que tienes es cáncer, ya tu hueso se lo comió el tumor, tu hueso es del tamaño de una hojuela de maíz. Es más, no entendemos cómo es posible que tú sigas caminando. Lo que procede es hacerte ciclos de quimioterapia, amputarte el pie en este momento y aun así te quedan tres meses de vida.
El diagnóstico llegó apenas 15 días después del nacimiento de su hijo, quien nació prematuro de ocho meses, pero sano. Mientras enfrentaba la cirugía y seis ciclos de quimioterapia, Giselle también vivía la separación forzada de su bebé debido a los tratamientos. Durante meses no pudo cargarlo.
Antes de compartir uno de los recuerdos más dolorosos de esa etapa, Giselle explica cómo su hijo se convirtió en su principal motor para luchar.
Yo recuerdo perfecto que lo veo, nace de ocho meses, pero nace sano y luego dije: yo no me puedo morir porque acabo de tener un bebé. Lo que hice fue amamantarlo, aguanté 15 días con los dolores del cáncer de hueso sin medicamento y le dije a mi mamá: no sé qué va a pasar, pero no me voy a morir. Me iban a meter a medicina nuclear, entonces no podía estar cerca de mi bebé, me lo enseñaban detrás de una ventana y fue bien fuerte, pero yo le decía: vamos a estar bien.
De un pronóstico devastador a una vida reconstruida con resiliencia
Han pasado 18 años desde aquella sentencia médica que parecía inapelable. Hoy, Giselle es abogada litigante y forma parte de la gerencia jurídica de una constructora con operaciones en la Ciudad de México y el Estado de México. Sus días transcurren entre reuniones con autoridades, audiencias en tribunales y decisiones legales de alto nivel.

Camina con una prótesis, encabeza su hogar y comparte su historia en conferencias nacionales sobre cáncer, donde busca generar conciencia sobre la importancia de escuchar al cuerpo y buscar diagnósticos oportunos. Su caso no solo evidencia la agresividad del cáncer de hueso, sino también la fuerza humana frente a la adversidad.
Antes de cerrar su testimonio, Giselle define la palabra que marcó su proceso y que hoy guía su mensaje ante cientos de personas.
Resiliencia para mí es sinónimo de vida, no es una historia de libros, es una vida real en la que te vas a llorar, vas a caer, pero está bien porque estás sintiendo.
Lo que comenzó como un diagnóstico devastador terminó convirtiéndose en una historia de supervivencia que rompe estadísticas y desafía pronósticos médicos. En un país donde miles de personas enfrentan el cáncer cada año, su experiencia recuerda que, incluso ante los escenarios más adversos, la historia aún puede escribirse de otra manera.
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