00:00Entre las tumbas del Panteón Municipal de Córdoba destaca el sepulcro de Mario Alberto,
00:05un niño que falleció el 27 de marzo de 1987, cuando apenas tenía un año y ocho meses,
00:13víctima de una bronconeumonía. Su familia atravesaba una situación de extrema pobreza
00:18que le impidió costear el tratamiento médico. Tiempo después, su madre, la señora Artemia,
00:25emigró a los Estados Unidos, donde trabajó durante años hasta reunir los recursos
00:29suficientes para construir su sepulcro. En su memoria, colocó una escultura de un pequeño
00:35marinero abrazando a su perro, elaborada a partir de una fotografía tomada al menor
00:41en vida. Con el paso de las décadas, la figura se convirtió en protagonista de relatos y
00:46leyendas. Panteoneros y visitantes aseguran que su rostro parece cambiar de expresión,
00:52que sus ojos siguen a quienes le observan e incluso que puede mostrar una sonrisa cuando
00:58recibe palabras cariñosas u obsequios. También existen versiones sobre supuestas risas que
01:04se escuchan durante la noche. Hoy su tumba permanece rodeada de juguetes y regalos que
01:10los visitantes dejan a su paso. Detrás del misterio permanece la historia de un niño
01:16cuya memoria sigue viva gracias al amor de su madre. Carlos Da Silva, Noticias NMAS.
01:28Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.org