CDMX: La Ciudad que Enterró 45 Ríos
N+ Victor H. Diego
El caudal ya no está, en su lugar ahora hay una avenida de asfalto negro por el que pasan carros a todas horas.

De lado izquierdo el Río de la Piedad, del lado derecho el viaducto Miguel Alemán, construído en los años 40 sobre el cauce del afluente que aún corre entubado bajo el asfalto. Foto: Museo Archivo de la Fotografía / Secretaría de Cultura de la Ciudad de México
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Soledad ha vivido 71 años en el pueblo originario de Xoco, al sur de la Ciudad de México. Es una de las pocas habitantes originarias que recuerda que por su pueblo pasaba un río. Camina lentamente por el mismo camino que recorría cuando era niña hasta el Río Churubusco, donde solía jugar por las tardes con sus amigos.
Al llegar, el panorama actual no coincide con el de sus recuerdos. La orilla del río, donde también solía lavar ropa, es ahora una banqueta. El caudal ya no está, en su lugar ahora hay una avenida de asfalto negro por el que pasan carros a todas horas.
“Esta era la orilla del río y ya nomás caminaba tantito y ya estaba la bajada. Era ancho, pero alto, muy hondo. Nosotros nos echábamos en la tirolesa para atravesarnos del otro lado. Nos reíamos porque unos se caían en el río, otros se bañaban”.
El día que llegaron las excavadoras
Pero Soledad también recuerda el día en el que llegaron las excavadoras junto con grandes camiones que traían tubos de enormes proporciones en sus cajas de carga.
¿Usted vio el tubo? Se le pregunta.. “Cabía un trailer”, me contestó. No fue luego luego que pusieron los tubos. Los primeros años dejó de pasar agua (en el río), luego nos dijeron que la cortaron allá arriba como por Mixcoac, y ya que estaba bien seco, empezaron a poner esos tubos”, relata.
El Churubusco, en el sur, fue sepultado de manera casi simultánea con el río Consulado, en el norte, entre los años cincuenta y sesenta, aunque las obras para integrar los ríos al drenaje de la Ciudad de México comenzaron desde los años cuarenta del siglo pasado.
Los primeros en ser sepultados bajo el concreto para construir el Viaducto Miguel Alemán, que es una vía primaria de la ciudad, fueron los ríos La Piedad, Tacubaya y Becerra.
Los ríos que fueron borrados
En el poniente: los ríos Hondo, Tlalnepantla y San Javier fueron borrados del mapa para integrarlos al Interceptor Poniente, que es un tubo de drenaje profundo que sirve para sacar el agua de la ciudad por el sistema Moctezuma-Tula, y terminar su recorrido en el Golfo de México.
Ríos como el Magdalena, Ameca o el San Buenaventura siguen ahí, aunque en las zonas urbanas, de “ríos” les queda poco. No se han entubado del todo, pero hoy son poco más que canales de aguas negras a cielo abierto.
¿En qué momento y por qué se decidió en Ciudad de México meter en tubos bajo tierra el cauce natural de los ríos?
Andrés Semo, que es historiador y creador de contenido, cuenta que se trató de una “guerra contra el agua”, emprendida desde los tiempos de la colonia.
“La hidrofobia consistió en eliminar de la vista cualquier cuerpo de agua, cualquier problema público era culpa de las lagunas, entonces hasta los años veinte la laguna tenía la culpa de cualquier problemática social que no se podía resolver de inmediato”.
Semo cuenta que existía la creencia popular de que los remanentes de los cinco lagos que una vez formaron el Lago de Texcoco, eran fuentes de infección y solo su existencia provocaba enfermedades.
“Luego llegaron los años treinta y cuarenta y la ciudad empezó a crecer. Las crisis en el campo mexicano obligaron a millones de personas venir a la Ciudad de México y se vuelve necesario cualquier espacio para urbanizar”, añadió.
¿Se pueden desenterrar los ríos?
Durante los últimos años, la idea de desenterrar alguno de estos ríos ha resonado en la opinión pública y hasta en debates políticos recientes. La ciudad de Seúl en Corea del sur demostró que es posible.
En el año 2002, los habitantes de esa ciudad asiática ya convivían con el acelerado deterioro de una de sus principales vialidades, la Autopista Elevada Cheonggyecheon, que fue cimentada sobre el cauce de un río estacional.
Aunque desde 1997 se prohibió el paso de vehículos pesados por seguridad, las grietas y la corrosión del acero de refuerzo eran cada vez más frecuentes. Ante este escenario, el entonces candidato y luego alcalde Lee Myung-bak planteó la idea de demoler por completo los 5.8 kilómetros de la estructura de concreto para restaurar el cauce original del río y transformarlo en un corredor ecológico y parque lineal.
El plan buscaba no solo eliminar un riesgo de colapso inminente, sino también cambiar el paradigma urbano de la ciudad: pasar de una planificación centrada en el automóvil a una enfocada en la sostenibilidad y la calidad de vida de las personas.
Hoy esa vialidad ya no existe y es ahora un espacio recuperado, donde corre de forma artificial el río Cheonggyecheon con agua tratada. Los habitantes aseguran que ha bajado la temperatura de la ciudad en temporada de calor y es un lugar donde se hace comunidad, deporte y turismo.

Durante el año 2017, en la Ciudad de México, un proyecto intentó hacer algo parecido pero a menor escala. Se trató del Ecoducto, un tramo de 1.6 kilómetros sobre el Viaducto Miguel Alemán, antes Río de la Piedad, donde se construyó sobre la bóveda que guarda el tubo un sistema de humedales artificiales y biodigestores diseñados para "revivir" el flujo de agua en la superficie.
A diferencia del caso de Seúl, donde se demolió la autopista, aquí el asfalto del Viaducto permaneció intacto; lo que se hizo fue intervenir el camellón central para extraer parte de la corriente de aguas negras del drenaje profundo mediante un cárcamo de rebombeo, tratar biológicamente y devolverla limpia a lo largo de canales conocidos como "apantles".
Aunque el proyecto contó con una inversión mixta de 90 millones de pesos aportados por el entonces Gobierno de la Ciudad de México y la Asociación civil “Cuatro al Cubo”, este parque lineal quedó en el abandono a menos de 10 años de haberse inaugurado, y según Elías Catán, uno de sus artífices, “solo le dan mantenimiento”, pero ya no funciona como debería.
“Estoy desesperado. Sacar los ríos no es una opción, es una prioridad si queremos que la ciudad siga siendo sustentable”.
Al pie de un “apantle”, que es un canal de agua tratada que fluye por los costados del andador lineal que se construyó sobre el cauce original del Río de la Piedad, Elías cuenta que hacer esto en camellones y vialidades de la ciudad sería ideal para evitar inundaciones, mejorar el oxígeno y bajar la temperatura en las zonas intervenidas.
— “¿Es posible desentubar esto que está bajo nosotros?
— “Es lo más necesario para el buen desarrollo de la ciudad", añadió “Tendríamos que hacer millones de humedales por la ciudad. Cada calle debería tener un humedal construído, no es algo que resuene muy absurdo, piénsalo conmigo tantito, cada edificio con un biodigestor, el biodigestor, una trampa de sólidos, le manda un drenaje pre tratados a la red. Nos inundaremos menos, tendríamos mejor aire, mejor calidad de agua, esto es de lo que más CO2 fija”.
Lo que pasa en Ciudad de México es una ironía hídrica: es uno de los territorios donde más llueve en el planeta, pero gran parte de sus 45 ríos originales ahora son drenajes para priorizar el asfalto. Desentubar estos cauces, como plantea la visión detrás del Ecoducto, parece entonces una urgencia de supervivencia, sostiene Elías.
Aquí puedes ver el video completo: ¿Podemos desenterrar los ríos de la CDMX? En Corea del Sur lo lograron
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