Árboles Navideños: Las Familias Detrás de Cada Uno
Arantza Ocampo
Los pinos naturales sembrados en México brindan beneficios económicos y ambientales, según explica la Conafor y personas que se dedican a su plantación

El árbol de Navidad es uno de los principales símbolos de esta temporada decembrina. Detrás de ellos, hay cientos de familias que se dedican a plantarlos y cuidarlos hasta por una década
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Benny es un silvicultor que desde hace 17 años cultiva pinos que se utilizan en Navidad.
Al igual que él, hay al menos 291 personas más que se dedican a esta actividad en México. La Comisión Nacional Forestal estima que durante la temporada de este año podrían venderse más de 250 mil árboles.
La organización “Reforestamos” explica que la mayoría de estos árboles son producidos por comunidades forestales, ejidos o pequeños propietarios del país.
Por lo que se vuelven una fuente de empleo y contribuyen a mejorar la economía rural.
“Detrás de estos árboles, detrás de cada plantación hay al menos una familia… La venta de árboles navideños le dan magia a la navidad a los hogares a donde llegan, y también le dan magia a la navidad de quien lo producimos”, comenta Benny Lavalle, quien también es coordinador comercial de la asociación “Silvicultores Unidos de la Cuenca del Alto Pánuco”.
En México, hay más de mil 600 hectáreas destinadas a la plantación de pinos naturales, pertenecientes a las Plantaciones Forestales Comerciales (PFC).
Estas son zonas establecidas por la Conafor, donde se cumple con la regulación ambiental, lo que asegura la sustentabilidad y conservación.
Este año, los estados con mayor superficie plantada fueron el Estado de México, Puebla y Tlaxcala.
Algunas asociaciones de silvicultores, como la de Benny, también cuentan con certificaciones internacionales, como el Forest Stewardship Council (FSC), que garantiza la calidad y sostenibilidad de sus plantaciones.
Con eso le damos garantía al cliente de que hacemos buen manejo de nuestras plantaciones, porque el estándar es demasiado estricto, entonces es por eso que nos certificamos.
La vida de estos árboles inicia hasta 10 años antes de llegar a nuestros hogares.
Sus cuidadores los siembran en temporada de lluvia, generalmente a partir de mayo, y cuando cumplen dos años, los comienzan a podar para darle la forma cónica que conocemos, y los monitorean constantemente para evitar plagas.
La organización “Reforestamos” apuntó que la producción se hace en terrenos que antes eran agrícolas o ganaderos, lo que ayuda a recuperar la cobertura forestal y a restaurar corredores biológicos.
Benny explica lo que él ha visto en sus plantaciones: “Restauramos el suelo, cada año con las podas y también con las hojas se van haciendo materia orgánica… hemos recuperado hábitat, tenemos documentado que las águilas han regresado a las plantaciones, otras especies de salamandras que ya no se veían, ya no se ven”.
En tanto, la UNAM señala que la venta de los árboles navideños naturales puede generar impactos ambientales negativos en su traslado y en su desecho.
Mientras que un árbol sintético contamina por el material plástico con el que es fabricado y deja una huella de carbono durante su traslado, en caso de ser importado.
Para fomentar un desecho responsable de los árboles naturales, en enero de cada año, la Conafor da a conocer los puntos de recepción de pinos para su reciclaje.
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Con información de Arantza Ocampo, Noticias N+