Un géiser surgió en el patio de una casa en la comunidad de El Salitre, en Ixtlán de los Hervores, en Michoacán, a donde acudió personal de la Coordinación Nacional de Protección Civil.
Esta región con gran actividad geológica vio el nacimiento del volcán Paricutín en 1943. ¿Podría repetirse un fenómeno así?
El volcán Paricutín apareció en una parcela sin previo aviso y creció más de treinta metros en un día.
Un géiser es una emanación constante de gases y vapor de agua que se lanzan a grandes temperaturas.
Este joven volcán tuvo una gran actividad por más de nueve años antes de calmarse.
¿Cómo surgen los volcanes?
El 20 de febrero de 1943, el campesino Dionisio Pulido observó cómo se abrió la tierra donde trabajaba, en medio de la emanación de gases. El olor azufre fue acompañado por las piedras que arrojaba el naciente cráter.
Se trataba del volcán de Paricutín, un brote de magma que se había abierto camino por el manto terrestre y había atravesado la corteza hasta arrojar lava en la superficie. La zona tembló constantemente durante los días siguientes.
En cuestión de semanas, el cráter ya se había alzado 50 metros por encima del suelo. José Revueltas escribió en una crónica para el diario El Popular sobre aquel hallazgo paradójico, que no trajo riquezas sino lava y ceniza:
“Dionisio Pulido, la única persona en el mundo que puede jactarse de ser propietario de un volcán, no es dueño de nada”.
El asunto es que los volcanes pueden surgir así: sin previo aviso, la tierra se abre y mana lava acompañada de gases. Un ejemplo icónico de estos surgimientos repentinos es el volcán de Xitle, cuya irrupción en el paisaje del Valle de México expulsó a los habitantes de Cuicuilco. Los cuicuilcas desplazados no solo abandonaron su hogar al sur del Valle, sino que muchos habrían migrado al norte y contribuido con el florecimiento de Teotihuacán.
No basta con tener lava: para que un volcán surja también hace falta que la roca líquida encuentre su camino a través de la corteza, especialmente en los puntos delgados o con gran actividad geológica, como ocurre en buena parte de Michoacán.
¿Podría el géiser de Michoacán podría dar paso a un volcán?
Los geólogos y vulcanólogos han estudiado ampliamente la falla de Ixtlán y sus aguas termales, al menos desde los años setenta del siglo XX. En 2020, un estudio elaborado por la Universidad de Bari, en Italia, y Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo analizó el comportamiento de la falla de Ixtlán, donde se asienta El Salitre.
Donde hay manantiales termales hay actividad geotérmica; y donde hay actividad geotérmica, puede haber condiciones que favorezcan el surgimiento de un volcán. No obstante, la sola aparición de un géiser, aun uno fuerte, no indica que vaya a aparecer un volcán en el mismo punto.
En el estudio publicado en la revista Journal of Volcanology and Geothermal Research los investigadores mencionan que las aguas termales de Ixtlán de los Hervores alcanzan temperaturas muy altas, de hasta 92 grados centígrados, lo que puede representar un peligro para los visitantes y pobladores:
“Las manifestaciones hidrotermales están representadas principalmente por manantiales termales con temperaturas del agua de hasta 92 °C”.
Los científicos también mencionan que en Ixtlán “existe riesgo de erupciones hidrotermales peligrosas”. Incluso, hay indicios de que estas emanaciones pudieron haber sido peligrosas para los habitantes meseoamericanos que poblaron la región antes de la Conquista.
Cabe señalar que el resto de los estudios que han examinado la falla de Ixtlán, en Michoacán, tampoco han hallado un peligro inminente que indique o sugiera una erupción de roca. Tampoco hay indicios de que este géiser hallado en El Salitre pueda evolucionar en un volcán.
Aunque los géiseres suelen pertenecer a las mismas redes geológicas que alimentan y afectan a los volcanes, su aparición no está necesariamente vinculada. La mayor parte del tiempo, los géiseres erupcionan únicamente líquido y vapor. Autoridades de Protección Civil y del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED).
El Paricutín se mantuvo en erupción por más de nueve años, tras haber surgido en la milpa de Dionisio Pulido. Su irrupción sepultó dos pueblos: Paricutín y San Juan Parangaricutiro y cambió la faz de Michoacán, a que se le sumó una montaña. La tierra nunca está quieta, pero nada indica que haya que temer un volcán en Ixtlán.