Pan de Muerto Negro: ¿De Qué Están Hechas las Cenizas que le Dan su Color?
Es una de las variedades gastronómicas que acompañan la ofrenda de Día de Muertos; te contamos qué hace su tonalidad

Es una de las variedades gastronómicas que acompañan la ofrenda de Día de Muertos; te contamos qué hace su tonalidad

El pan de muerto es un elemento que nunca falta en las ofrendas del Día de Muertos en México. Aunque la versión tradicional suele llevar azúcar o ajonjolí, hay otras variedades, como el pan de muerto negro, cuya apariencia se distingue por una cubierta oscura.
Esta preparación, conocida como pan de muerto de totomoxtle, combina técnicas de panadería con un ingrediente relacionado con la cultura del maíz.

El ingrediente que le da su tonalidad característica al pan de muerto negro es el totomoxtle, nombre que reciben las hojas que envuelven la mazorca de maíz y que, una vez secas, pueden utilizarse en distintas preparaciones.
Para conseguir las cenizas, las hojas se tateman en un comal o se tuestan en un horno hasta que se carbonizan. Posteriormente, el material se muele hasta obtener un polvo fino que puede incorporarse a la cobertura del pan.
En algunas preparaciones, este polvo se mezcla con azúcar para cubrir la superficie de la pieza y conseguir su acabado negro. Además de modificar su apariencia, las cenizas de las hojas de maíz pueden aportar notas tostadas y ahumadas que distinguen esta variedad de otras recetas de temporada.
El maíz ha ocupado un lugar central en la alimentación y en la cosmovisión de numerosos pueblos originarios de México.
La historia del pan de muerto, tal como se conoce actualmente, está vinculada con el encuentro entre las tradiciones indígenas y los ingredientes introducidos durante la colonización española.
De acuerdo con la investigadora María Angélica Galicia Gordillo, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), antes de la llegada de los españoles no existía el pan de trigo como el que se consume hoy. En cambio, se preparaban figuras rituales de amaranto conocidas como tzoalli, relacionadas con las prácticas religiosas de las sociedades mesoamericanas.
La versión más conocida en la actualidad suele tener una forma redonda y está decorada con tiras de masa que representan huesos, además de una pieza central que se asocia con el cráneo. No obstante, las formas, los ingredientes y los significados cambian de una región a otra.
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