Cada mes de septiembre, las cuadrillas de Parques y Jardines de la Dirección de Servicios Públicos Municipales de Hermosillo retiran más de 200 naranjas agrias de los más de 30 árboles que hay en la Plaza Zaragoza, lugar donde cada año se celebra el Grito de Independencia.
Este operativo preventivo, realizado previo a la celebración de la noche del Grito de Independencia, cumple 66 años de ejecutarse de forma ininterrumpida, pero lo que hoy parece una simple rutina de mantenimiento urbano nació de un tenso episodio político ocurrido en 1960.
Durante el periodo de 1959 a 1960, Sonora vivió una fuerte agitación social encabezada por el sindicato de maestros estatales bajo la gubernatura de Álvaro Obregón Tapia, hijo del general Álvaro Obregón. El núcleo del reclamo residía en las marcadas desigualdades laborales, ya que los docentes estatales exigían ser homologados salarialmente con los profesores federales.
La postura inflexible del mandatario derivó en huelgas, paros de labores e intensas manifestaciones sindicales que paralizaron los planteles educativos del estado.
“En el año 60, 59-60, cuando era gobernador Álvaro Obregón Tapia, hijo del general Obregón, hubo un conflicto magisterial muy fuerte. Los profesores estatales querían que se les homologara a los profesores federales, y no aceptaba el gobernador hacer eso”, contó a N+ Ignacio Lagarda Lagarda, Cronista Municipal de Hermosillo.
La tensión acumulada detonó la noche del 15 de septiembre de 1960 durante los festejos patrios en la Plaza Zaragoza. Aprovechando la multitud congregada frente al Palacio de Gobierno, un grupo de profesores normalistas e integrantes del movimiento magisterial se filtraron entre los asistentes.
En el momento exacto en que el gobernador Obregón Tapia salió al balcón para vitorear a los héroes patrios, los manifestantes tomaron los frutos verdes de los árboles cercanos y los arrojaron hacia el balcón oficial.
“A la hora de que el gobernador sonara la campana y gritaba, ¡Viva México! de repente salieron de entre la multitud un grupo de profesores normalistas que se filtraron en el público, cortaron las naranjas verdes y le tiraron al balcón”, contó Lagarda.
Con los altavoces encendidos, el sistema de sonido transmitió la reacción del mandatario estatal a toda la concurrencia. La agresión provocó que una de las naranjas impactara directamente en el pecho de la primera dama, Fernanda Luque de Obregón.
“Entonces el micrófono estaba abierto y el gobernador alcanzó a decir nada más: ¡agáchate Fernanda, nos están tirando naranjazos!”
El incidente derivó en la cancelación inmediata de la ceremonia, desatando la intervención de las fuerzas policiales, persecuciones por el centro de la ciudad y el encarcelamiento momentáneo de varios docentes.
De acuerdo con el cronista municipal Ignacio Lagarda, el acto representó una meditada estrategia de descontento político para exhibir la cerrazón gubernamental ante la cobertura mediática. Finalmente, el conflicto magisterial se resolvió tras la intervención directa del presidente Adolfo López Mateos, quien ordenó homologar los sueldos de los profesores.
Al año siguiente del altercado, el Ayuntamiento de Hermosillo tomó la precaución de retirar los frutos antes de la ceremonia cívica para prevenir cualquier repetición. Sorprendentemente, esta práctica nunca fue normada mediante un decreto o reglamento oficial por escrito.
“Se cortan, la gente no sabe por qué, ni los trabajadores tampoco, ni el gobernador en turno tampoco, pero hacen eso desde entonces, cortan las naranjas para que no vaya a suceder lo mismo”, finalizó.
Así, cada 15 de septiembre, Hermosillo rememora en silencio uno de los episodios de protesta popular más peculiares de la historia de Sonora.
Información de: Ricardo Amador