Hace 252 millones de años ocurrió una extinción masiva que barrió con el 96% de las especies marinas y el 70% de los animales terrestres. Un nuevo estudio profundiza en los motivos detrás de la extinción ocurrida en el Pérmico-Triásico y por qué este evento puede ser relevante para los riesgos climáticos de hoy.
La mayor extición que haya vivido el planeta
“Me pregunto en qué momento los dinosaurios sintieron que algo andaba mal”, escribió el argentino Fabián Casas en uno de sus poemas más famosos. La catástrofe provocada por el impacto de un asteroide en Chicxulub, en la península de Yucatán, flota en el imaginario como la extinción por antonomasia, aquella que borró a los dinosaurios y permitió la eventual supremacía de los mamíferos.
No obstante, esta no es la peor extinción masiva de la que tengamos registro. Aquel deshonroso crédito corresponde a la extinción ocurrida en el Pérmico-Triásico. Aquel cataclismo fue provocado por una actividad volcánica extrema, que arrojó grandes cantidades de metano y dióxido de carbono a la atmósfera.
Puede que los animales que vivían entonces no hayan percibido una emergencia súbita, pero en pocos miles de años gran parte de la diversidad biológica que había se esfumó.
La Tierra tardó millones de años en repoblarse.
Las especies que sobrevivieron al cambio climático hace 250 millones de años
Pero esta solo una parte de la historia. Los científicos aún investigan qué mecanismos permitieron que solo sobreviviera el 4% de todas las especies marinas y que solo el 30% de los animales de la superficie pudieran sobrevivir. Entre las especies que sobrevivieron, están los ancestros de los dinosaurios y las aves, los ancestros de los cocodrilos, así como las tortugas, que eran una orden de reptiles muy joven por aquel entonces.
Un nuevo estudio elaborado por científicos de la Universidad de Stanford ha señalado algunos de los motivos por los cuales algunos órdenes taxonómicos se vieron mucho más afectados que otros. Por ejemplo, la extinción acabó con casi todos los braquiópodos, animales similares a las almejas, así como con ciertos tipos de organismos bentónicos como los lirios de mar.
Estos animales habían dominado los fondos marinos durante los primeros 280 millones de años de la vida animal en la Tierra, pero no resistieron este cataclismo. En cambio, otros órdenes taxonómicos fueron mucho más resistentes: solo la mitad de los moluscos se extinguieron. A partir de este evento, los océanos de la Tierra han estado dominados por los descendientes de aquellas especies que consiguieron sobreponerse, como los moluscos, peces y equinodermos como las estrellas de mar y los erizos de mar.
Sobrevivir en un mundo caluroso y sin oxígeno
El nuevo estudio, publicado en la revista Memorias de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS, por sus siglas en inglés), compara por primera vez la respuesta biológica de los grupos animales diezmados durante la extinción y de aquellos que sobrevivieron mejor.
Según los investigadores, los grupos más afectados fueron aquellos cuyos metabolismos toleraban peor las aguas cálidas y con bajo contenido de oxígeno. Aquellas especies con mejor resistencia fisiológica se adaptaron a las condiciones adversas, mientras que las otras especies desaparecían en un ambiente con menos oxígeno y temperaturas más altas.
Al respecto, José Andrés Márquez, autor principal del estudio, explicó en un comunicado:
“Con este estudio, básicamente queríamos resolver el misterio de por qué, al ir a la playa, recogemos las conchas de almejas y caracoles en lugar de las de braquiópodos. Nuestros hallazgos demuestran que, en diferentes grupos de organismos, las extinciones se produjeron a tasas mucho más altas en aquellos más vulnerables al aumento de la temperatura del agua y a la disminución de la disponibilidad de oxígeno”.
Una advertencia para el cambio climático actual
Los investigadores admiten que este estudio tiene una resonancia con la emergencia climática actual. En el propio estudio se lee:
“Estos resultados demuestran que las diferencias en las tolerancias fisiológicas promedio al cambio ambiental en función de la biogeografía, la taxonomía y la ecología funcional impulsaron los patrones de extinción del final del Pérmico y podrían, en última instancia, caracterizar la crisis de biodiversidad actual”.
Durante la Gran Extinción del Pérmico-Triásico, las temperaturas aumentaron entre 8 y 12 grados centígrados a lo largo de miles de años. En cambio, en la actual emergencia climática se proyecta que para el años 2100 las temperaturas serán hasta 4 grados más altas que en la época preindustrial. Al respecto, Erik Anders Sperling, líder del laboratorio donde se desarrolló el estudio, explicó:
“La mala noticia es que, según las proyecciones del peor escenario, nos encaminamos hacia niveles de calentamiento similares a los del Pérmico-Triásico. Pero la buena noticia es que aún podemos cambiar las cosas y tomar medidas al respecto”.