Desde la colonia San Agustín, en el municipio de Ecatepec, Estado de México, Carlos Ramírez ha construido una historia de esfuerzo que hoy inspira a miles de personas. A sus 18 años, el joven mexiquense ya es tricampeón de futbol 5 para ciegos con la selección de la Ciudad de México y ha llevado su talento a escenarios internacionales en países como Colombia, Japón y Chile. Su próximo reto será competir en Brasil, consolidándose como una de las jóvenes promesas del deporte adaptado en México.
Además de su carrera deportiva, Carlos combina los entrenamientos con sus estudios de preparatoria abierta, demostrando que la disciplina dentro y fuera de la cancha ha sido clave para alcanzar sus metas. Su historia cobra especial relevancia en un país donde millones de personas viven con alguna discapacidad y buscan oportunidades para desarrollarse plenamente.
Carlos Ramírez compartió cómo el deporte se ha convertido en una parte fundamental de su vida.
“Soy un chico dedicado al deporte y al estudio. Yo practico futbol para ciegos y estoy cursando la prepa abierta”.
Una infancia llena de energía que encontró en el deporte su mejor camino
Para quienes conocen a Carlos desde pequeño, su pasión por mantenerse activo nunca fue una sorpresa. Su familia recuerda que, pese a enfrentar una discapacidad visual, siempre mostró una personalidad inquieta y aventurera. Esa energía fue precisamente la que lo llevó a encontrar en el deporte una forma de desarrollarse y superar desafíos.
Su madre, Nataly Luis Martínez, explica que desde niño buscaba constantemente nuevas actividades y experiencias.
“A pesar de él tener la mayor discapacidad de sus hermanos, siempre fue un niño hiperactivo, siempre buscó, siempre jugó, siempre se aventó a todo. Era el niño que se me perdía, que ya corría, que ya se iba. Entonces siempre busqué que hiciera algo extra porque no se llenaba, no se cansaba”.
Aunque practicó distintas disciplinas deportivas, el futbol terminó ocupando un lugar especial en su vida debido a una tradición familiar que se ha mantenido por generaciones.
El legado familiar que despertó su pasión por el futbol para ciegos
La relación de Carlos con el futbol comenzó mucho antes de que pisara una cancha de competencia. En su familia, varias personas con discapacidad visual practicaban este deporte, incluyendo su abuelo materno, quien se convirtió en una de sus principales inspiraciones.
Durante años observó a sus familiares jugar hasta que finalmente decidió integrarse al futbol para ciegos hace cinco años. Lo que inició como curiosidad terminó convirtiéndose en una carrera deportiva que ya le ha permitido representar a México en competencias internacionales.
Carlos recordó cómo nació ese interés por el balompié.
“La mayoría de mi familia es ciega, pero yo veía a mi familia que jugaba desde los ocho años. Yo conocí el futbol de parte de mis abuelos. Mi abuelo materno jugaba y dije, qué interesante, pero no me metí a jugar, yo nada más los veía jugar al equipo de ciudad en ese entonces”.
¿Cómo se juega el futbol para ciegos? La disciplina paralímpica que exige precisión y confianza absoluta
El futbol para ciegos, también conocido como futbol 5, es una disciplina paralímpica que ha ganado reconocimiento internacional por el alto nivel de habilidad que exige a sus jugadores. Cada equipo está integrado por cuatro futbolistas con discapacidad visual en el campo y un portero con visión completa.
Los encuentros se disputan en una cancha delimitada por vallas laterales que ayudan a mantener el balón en juego. Además, todos los jugadores utilizan antifaces para garantizar condiciones equitativas de competencia, mientras que el balón incorpora dispositivos sonoros que permiten ubicarlo a través del oído.
Carlos explicó una de las principales diferencias respecto al futbol convencional.
“Lo que tiene diferente al convencional es el balón sonoro. Cuando va rodando suena porque son de aluminio las tapas y va produciendo sonido para que nosotros lo escuchemos. Ocupamos más el oído, se nos desarrolla más”.
La coordinación auditiva, la orientación espacial y la confianza entre compañeros son elementos fundamentales para competir al más alto nivel en esta disciplina.
El sacrificio diario detrás de cada entrenamiento y cada victoria
Detrás de los títulos y los viajes internacionales existe una rutina que requiere constancia. Todos los días, Carlos recorre una larga distancia en transporte público desde Ecatepec hasta la alcaldía Tlalpan, en la Ciudad de México (CDMX), donde realiza sus entrenamientos con la selección.
Al mismo tiempo, mantiene su preparación académica. Dos veces por semana asiste al CECATI 107 para continuar sus estudios de bachillerato y adquirir nuevas habilidades que le permitan construir un futuro profesional. Entre sus objetivos se encuentran aprender inglés, desarrollar conocimientos de computación y emprender un negocio relacionado con el turismo.
La historia de Carlos refleja la realidad de millones de mexicanos. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), alrededor del 6% de la población en México vive con alguna discapacidad, lo que representa a millones de personas que requieren acceso a educación, capacitación e inclusión laboral.
Desde el CECATI 107 destacan la importancia de generar espacios de formación para este sector de la población.
Lisette Guzmán, representante de la institución, explicó las oportunidades que ofrecen para estudiantes con discapacidad.
“Según los datos del INEGI, el 6% de la población en México presenta alguna discapacidad. Esto representa millones de personas que requieren capacitación y ser incluidos. Ahorita está estudiando su bachillerato en el aula CAED, un aula específicamente para personas que quieren concluir su bachillerato y que poseen alguna discapacidad, pero también impartimos capacitación en diversos cursos como administración, alimentos y bebidas, asistencia educativa, confección de prendas de vestir, inglés e informática, entre otros”.
La cancha donde encuentra libertad, felicidad y nuevos sueños
Para Carlos, el futbol representa mucho más que una competencia. Es un espacio donde encuentra independencia, confianza y bienestar emocional. Dentro de la cancha deja atrás las limitaciones del entorno cotidiano y se concentra únicamente en el juego.
Gracias a este deporte ha conocido nuevas personas, visitado distintos países y descubierto capacidades que nunca imaginó desarrollar. Cada entrenamiento y cada partido refuerzan la idea de que los obstáculos pueden enfrentarse con preparación y perseverancia.
Carlos describió la sensación que experimenta cuando juega.
“Me ha ayudado a desestresarme, a conocer más personas, a soltarme. Ahí te sientes libre, corres libre, sabes qué hay en la cancha, está todo plano. No hay ni un poste, ni una llanta, ni un hoyo. Te sientes libre y dejas a un lado el bastón. Eso me da felicidad. En la cancha siento felicidad, más que nada”.
Su historia demuestra que el talento, la disciplina y la determinación pueden abrir puertas mucho más allá de cualquier limitación física. Mientras se prepara para su próxima competencia internacional en Brasil, Carlos Ramírez continúa construyendo un camino que ya inspira a miles de personas dentro y fuera del deporte.