En los límites de Chimalhuacán, Estado de México, existe una colonia que no aparece en los registros oficiales y donde familias de pepenadores construyeron sus viviendas a un costado de lo que durante años fue un tiradero de basura.
En este lugar se encuentra Utopía A.C., una organización que desde hace 13 años trabaja con niñas, niños y adolescentes que viven en condiciones de violencia y pobreza extrema.
José de Jesús Villalobos, director de Utopía A.C., explicó que cuando la organización llegó a la colonia Escalerillas los habitantes desconfiaban de quienes llegaron para trabajar con la comunidad, pues pensaban que se trataba de otro 'grupo político' que pretendía quitarles la infraestructura que habían construido.
Con el tiempo, Utopía A.C. comenzó a desarrollar su trabajo con las infancias y adolescencias mediante el programa 'La paz es mi utopía', creado por psicólogos del Estado de México.
El programa trabaja sobre tres ejes: deportes para el desarrollo, educación comunitaria y habilidades sociales. Las actividades buscan generar espacios donde los menores puedan desarrollarse y expresar lo que sienten.
Erick Vázquez, psicólogo y profesor de futbol de Utopía A.C., señaló que algunos de los niños que han atendido anteriormente eran muy tímidos y tenían dificultades para hablar, convivir o pedir algo.
Con el acompañamiento, explicó, algunos han logrado expresarse con mayor facilidad y comunicar lo que sienten, algo que también tiene impacto en sus familias.
César Lozano, psicólogo y profesor de box de la organización, explicó que varios de los menores provienen de ambientes donde han enfrentado violencia psicológica y física.
Por ello, señaló que uno de los objetivos es brindarles un espacio seguro en el que puedan vivir su infancia, debido a que algunos han tenido que asumir responsabilidades propias de los adultos.
El trabajo también contempla oportunidades educativas. Villalobos explicó que Utopía A.C. estableció un vínculo con una universidad particular del país que permitió otorgar becas a jóvenes de la comunidad.
Actualmente, nueve jóvenes cuentan con este apoyo, entre ellos una persona que ya concluyó una licenciatura y otra que está por terminarla. La organización busca ofrecer alternativas para que quienes participan puedan construir condiciones de vida diferentes.
La atención alcanza actualmente a alrededor de 100 menores de edad y es completamente gratuita.
El trabajo se desarrolla en una comunidad que enfrenta distintos tipos de pobreza y que, de acuerdo con lo señalado por la organización, permanece fuera de los registros oficiales del Estado.
Para quienes trabajan ahí, llegar hasta Escalerillas implica recorridos de hasta una hora y media o casi dos horas, dependiendo del tráfico y las condiciones del clima.
Erick Vázquez explicó que, pese al cansancio del traslado y las condiciones del lugar, saber que su trabajo tiene un impacto directo en la vida de niñas, niños, adolescentes y sus familias es lo que los motiva a continuar.
Villalobos reconoció que existen momentos de soledad y situaciones en las que pareciera que el mundo se ha olvidado de la comunidad, pero sostuvo que la organización mantiene su convicción de permanecer en el lugar. “Si le queremos aportar al mundo, lo tenemos que hacer desde la niñez y la adolescencia”, expresó.
PT