Dolores Clara Fernández Huerta nació el 10 de abril de 1930 en Dawson, Nuevo México, y se convirtió en una de las principales figuras del movimiento por los derechos de los trabajadores agrícolas en Estados Unidos. Creció en Stockton, California, en una comunidad integrada por familias trabajadoras.
Después de estudiar para ejercer la docencia, trabajó como maestra de niños de familias agrícolas. Al observar que algunos de sus alumnos llegaban a clases con hambre y sin zapatos, decidió dejar la enseñanza para dedicarse a la organización comunitaria y la defensa de los derechos laborales.
En 1955 participó en la organización de una sección de la Community Service Organization (CSO) en Stockton, dedicada a promover los derechos civiles y la participación política de la comunidad latina. En 1960 fundó la Asociación de Trabajadores Agrícolas y, dos años después, se unió a César Chávez para crear la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo (NFWA), antecedente del sindicato Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW).
Huerta desempeñó un papel fundamental en la organización de trabajadores, la negociación de contratos y las campañas nacionales de boicot contra la uva de California. Estas movilizaciones contribuyeron a colocar las condiciones laborales de los campesinos en el centro del debate público y a impulsar acuerdos que mejoraron sus salarios, prestaciones y protecciones laborales.
Su activismo también abarcó la defensa de los derechos de las mujeres, los inmigrantes y las minorías, así como el impulso a una mayor participación política. Su frase “¡Sí, se puede!” se convirtió en una consigna emblemática de distintos movimientos sociales.
En 2003 fundó la Fundación Dolores Huerta, organización dedicada a promover el liderazgo comunitario, la participación ciudadana y la justicia social. En 2012 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil de Estados Unidos, otorgada por el entonces presidente Barack Obama en reconocimiento a su trayectoria.