Brecha Sísmica entre Papanoa y Acapulco en Guerrero: ¿Habrá un Terremoto de Magnitud 8?

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Expertos explican por qué hasta el momento no se ha registrado un terremoto de esta magnitud que afectaría a la Ciudad de México

Sismo en México. Foto: Cuartoscuro

Sismo en México. Foto: Cuartoscuro

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El sismo de magnitud 6.5 registrado de este viernes 2 de enero 2026 en San Marcos, Guerrero, puso en el centro de atención la actividad tectónica de la costa del Pacífico mexicano, una de las zonas con mayor vigilancia sísmica del país.

Aunque este movimiento telúrico no representa la liberación total de la energía acumulada en la llamada Brecha Sísmica de Guerrero, sí ocurrió dentro de una de las regiones más estudiadas por su capacidad de generar sismos de gran magnitud con efectos severos, especialmente en el centro del territorio nacional.

La Brecha de Guerrero se localiza a lo largo de la costa del estado, aproximadamente entre Papanoa y Acapulco, con una longitud cercana a 230 km y un ancho aproximado de 80 km y su importancia no solo radica en su extensión, sino en su cercanía con la Ciudad de México, situada a poco más de 300 kilómetros, la menor distancia entre la capital y el litoral del Pacífico.

Brecha de Guerrero 2026. Foto: UNAM

Un sismo de magnitud igual o superior a 8.0 en esta zona podría provocar amplificaciones significativas en los suelos lacustres del Valle de México, con consecuencias potencialmente más graves que las registradas durante el sismo del 19 de septiembre de 1985.

¿Por qué no ha ocurrido el gran terremoto?

De acuerdo con especialistas de Skyalert, existen dos explicaciones principales. La primera es la acumulación continua de energía, que podría liberarse en uno o varios sismos futuros de magnitud mediana a grande, sin que necesariamente ocurra un solo evento catastrófico.

La segunda es la liberación parcial de esfuerzos a través de los llamados sismos lentos o silenciosos, fenómenos que no generan ondas sísmicas perceptibles, pero sí desplazamientos medibles de la corteza terrestre.

Sin embargo, Víctor Manuel Cruz Atienza, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, advirtió que los sismos lentos no siempre provocan terremotos, pero durante periodos de alta actividad sísmica –como el que vive México desde 2012– la probabilidad de que sea así aumenta.

“Esto apunta a la posibilidad de emitir alertas preventivas en el futuro. Japón ya tiene protocolos similares: si ocurre un sismo lento, informan a la población porque el riesgo es mayor”, subrayó.

El investigador resaltó que se interesan especialmente en la brecha de Guerrero porque es el segmento de subducción más cercano a Ciudad de México.

“Un sismo de magnitud 8 ahí podría producir sacudidas en la capital del país, dos o tres veces más intensas que las de 1985”. Por ello, el equipo busca financiamiento –215 millones de pesos– para instalar estaciones más modernas en el fondo oceánico.

“Si confirmamos la existencia sistemática de estas señales precursoras, México podría sentar las bases para el desarrollo de sistemas de alerta temprana por terremoto con impacto internacional”.

¿Qué magnitud podría esperarse?

Con base en la geometría de la brecha y en los modelos sismotectónicos existentes, si la ruptura ocurriera a lo largo de toda su extensión, la magnitud estimada sería de entre 8.2 y 8.4. También se contemplan escenarios alternativos, como un sismo cercano a magnitud 8 acompañado de una réplica significativa, una secuencia de varios eventos entre 7.5 y 7.7.

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