Una cámara trampa captó en abril de este año a Teopareña, una hembra de jaguar monitoreada desde 2023 por Northern Jaguar Project, acompañada por un cachorro en una zona de la sierra de Sonora. El registro es considerado positivo para la conservación de la especie porque confirma que el jaguar no solamente transita por esta región, sino que encuentra las condiciones necesarias para reproducirse.
Este acontecimiento representa un logro importante al tratarse del décimo cachorro documentado en la zona en las últimas dos décadas por la asociación.
Teopareña fue identificada por primera vez en 2023, pero no se pudo determinar si se trataba de un macho o una hembra. El propietario del Rancho San José de Teopari, donde fue detectada, la llamó entonces Teopareño. Con registros posteriores obtenidos mediante las cámaras trampa instaladas en ranchos participantes del programa Viviendo con Felinos, Northern Jaguar Project pudo confirmar su sexo y actualizar su nombre a Teopareña.
Durante los siguientes años, los investigadores continuaron con el seguimiento de la jaguar. En 2024 tuvo menos registros en las cámaras, pero fue detectada cerca de distintos machos y también dentro de la reserva. Para la segunda mitad de 2025, su actividad en la zona volvió a incrementarse.
En abril de este año los investigadores obtuvieron imágenes de Teopareña junto a un cachorro de jaguar. Las imágenes fueron obtenidas en abril de 2026 y permitieron estimar que el cachorro tenía entre cuatro y cinco meses de edad, por lo que su nacimiento habría ocurrido a finales de diciembre de 2025
“Es importante que sigan saliendo hembras y cachorros, porque la población se mantiene estable. Si nosotros vieramos, por ejemplo, una población de puros machos, podríamos asumir que es una población de paso, es decir, que no es una población de residencia establecida en la zona”, explicó a N+ Lydia Lozano, directora ejecutiva de Northern Jaguar Project.
La presencia de una cría demuestra que existen las condiciones adecuadas para que suceda la reproducción de la especie en esta región. De acuerdo con Lozano, una hembra de jaguar busca determinadas condiciones antes de reproducirse, entre ellas seguridad, disponibilidad de alimento y agua y sitios donde pueda refugiarse de la actividad humana.
“Nosotros creemos que las hembras se reproducen en esta zona porque pueden encontrar todos estos elementos, desde un lugar seguro para tener sus crías, a lo mejor donde haya menos perturbación humana, donde haya suficientes presas, donde hay agua, donde hay refugios. Entonces en general las especies tienden a buscar y asegurar esas condiciones para reproducirse”, señaló.
Para Northern Jaguar Project, mantener esas condiciones implica la conservación del jaguar, pero también el ecosistema del que dependen. La organización trabaja desde hace 23 años en la región y actualmente cuenta con alrededor de 23 mil hectáreas destinadas a la conservación.
Además de la reserva, el proyecto mantiene el programa Viviendo con Felinos, que trabaja desde hace 17 años con ranchos vecinos. Actualmente son 21 ranchos los que participan en este esquema, en el que se instalan cámaras trampa y se generan compromisos para evitar actividades como la cacería, el envenenamiento y la tala.
La región tiene además una relevancia que trasciende a Sonora. Lozano explicó que la población de jaguares de Sahuaripa es considerada la población reproductiva más norteña de la especie en el mundo.
Para que esta población pueda mantenerse, sin embargo, no basta con conservar zonas aisladas. El jaguar puede recorrer grandes extensiones, especialmente los machos, que su rango hogareño es de 800 kilómetros cuadrados y necesita corredores biológicos que permitan el movimiento entre distintos territorios. Esa conectividad también es importante para mantener el flujo genético de las poblaciones.
El propio monitoreo de Teopareña muestra la importancia de mantener conectado este paisaje. La jaguar ha sido registrada en distintos ranchos participantes de Viviendo con Felinos y dentro de la reserva, desplazándose entre diferentes zonas para establecer su territorio.
Por ello, la conservación del jaguar también está relacionada con la frontera entre México y Estados Unidos. El problema es que los límites políticos no corresponden con los territorios que utilizan los animales, y una barrera física puede interrumpir los corredores por los que se desplazan los jaguares y otras especies, limitando su movimiento entre distintos territorios.
Lozano advirtió que las barreras que interrumpen los corredores biológicos afectan el movimiento natural de distintas especies, entre ellas jaguares, pumas y ocelotes.
"De manera natural estuvieran cruzando la frontera que tenemos, frontera política vamos a ponerle, porque no es una frontera natural. Hay muchas fotos de fauna que se queda de un lado, o que se queda del otro lado. Nada que vaya a bloquear un corredor biológico va a ser bueno en términos ecológicos o biológicos para las poblaciones. Nada que limite el flujo de los corredores biológicos va a ser bueno para las especies”, contó.
El impacto de una barrera, explicó Lozano, no se limita a impedir que un animal pase de un lado a otro. Para una especie que necesita grandes extensiones de territorio, interrumpir los corredores puede dificultar el movimiento de los individuos y limitar el intercambio entre poblaciones, un proceso necesario para mantener su diversidad genética.
El nacimiento del cachorro de Teopareña es, así, una señal de que una parte del norte de Sonora tiene las condiciones necesarias para que el jaguar encuentre alimento, refugio y seguridad para reproducirse. El reto de conservación será mantener esas condiciones y evitar que el territorio que hoy permite el nacimiento de nuevos jaguares quede cada vez más fragmentado.
Información de: Ricardo Amador