Durante décadas, los "guardianes" del tiempo hicieron a escondidas un ajuste que casi nadie notaba: añadir un segundo a los relojes del planeta, aproximadamente una vez cada año y medio. Esa costumbre llegó a su fin.
En la 28.ª reunión de la Conferencia General de Pesas y Medidas (CGPM), a las afueras de París, los Estados miembros votaron abolir de inmediato el segundo bisiesto y reemplazarlo por una hora bisiesta, según informó Nature. La resolución no tuvo apoyo unánime, pero solo necesitaba mayoría para aprobarse.
El segundo bisiesto servía para alinear dos formas de medir el tiempo. Una es la que marca el Sol en el cielo, que depende de la rotación terrestre, un movimiento natural e irregular. La otra es el Tiempo Universal Coordinado (UTC), basado en relojes atómicos mucho más estables.
El problema es que cada ajuste trastornaba sistemas informáticos y provocaba desajustes entre relojes el día en que se aplicaba. Nature apunta además que la reforma busca evitar un “segundo negativo”, un escenario que el medio califica de catastrófico.
Con el nuevo esquema, el ajuste solo se hará cuando la hora terrestre y la atómica se separen 3 mil 600 segundos, es decir, una hora completa. Según la publicación, eso probablemente no será necesario en miles de años, de modo que el asunto pasa a las generaciones futuras.
Georgette Macdonald, directora general del Centro de Investigación en Metrología del Consejo Nacional de Investigación de Canadá, dijo que la medida asegurará la continuidad y relevancia del UTC durante siglos. Canadá respaldó la propuesta.
Noël Dimarcq, metrólogo del Observatorio de la Costa Azul, en Niza, quien presentó formalmente la resolución, la calificó de “momento histórico”. Según él, el mundo tendrá una escala de tiempo internacional continua durante milenios.
La hora bisiesta no alarga los días. Es un ajuste puntual del UTC y no un cambio en la duración real de la jornada, así que no habrá días de 25 horas.
AMP