Fieles Se Preparan para el Día de la Candelaria en la Ciudad de México
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Cada año, cientos de personas acuden a la llamada Plaza del Niño Dios, en el Centro Histórico, a fin de alistar estas figuras religiosas para la celebración del Día de la Candelaria, el 2 de febrero

La Plaza del Niño Dios, entre Manzanares y Talavera, luce repleta de gente. Foto: N+
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La Plaza Alonso García Bravo, mejor conocida como la Plaza del Niño Dios, entre Manzanares y Talavera, en el Centro histórico de la Ciudad de México, se ve repleta de gente a unos días del festejo de la Candelaria.
Entre vitrinas, mesas improvisadas y locales diminutos, decenas de mujeres avanzan con cuidado, cargando en brazos a sus Niños Dios, como si fueran bebés reales.
Algunos envueltos en cobijas, otros dentro de cajas de cartón.
Pero aquí nadie viene a deshacerse de ellos, aunque a veces están hechos trozos. Aquí vienen a salvarlos.
El lugar parece un hospital antiguo. No hay camillas, pero sí mesas de madera. Tampoco hay batas blancas, pero sí, manos expertas.
Como las de Patricia, una restauradora, que indica:
Yo reparo, dedos, brazos, pies o lo armo si llega en rompecabezas, de hecho este anoche lo armé, era un rompecabezas, ahorita lo pegué del cráneo, estaba en cachos
En la Plaza del Niño Dios, los artesanos no solo restauran figuras: reparan historias.
“Es lo que mantiene vivo todo, porque realmente sale más barato comprar uno nuevo, pero la magia de la vida consiste en tener la fe”, asegura Adolfo, otro restaurador.
Vestimenta
Una vez restaurados, la ropa es otro ritual.
Isaac lleva a vestir 3 niños y explica:
Traigo estos tres niños a vestirlos, dos de ellos eran de mi tío que ya falleció, seguimos con la tradición, este es madera y los demás son resina
Los puestos están repletos de diminutos vestidos, túnicas, capas, trajes bordados a mano.
Los más solicitados: los vestidos del Señor de la Salud y el Niño del Trabajo.
Hay Niños Dios médicos y, como se acerca el Mundial, también futbolistas con uniforme completo.
La gente pide lo que necesita, la fe se viste según la urgencia. La romería se desborda en la calle Talavera.
Los comerciantes reportan un repunte en las ventas en relación con el año pasado.
Es un reflejo de la idiosincrasia mexicana: creer, cuidar y heredar. Aquí la fe no se reemplaza, se mantiene viva cada año.
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Con información de Guadalupe Madrigal
LECQ