Una de las figuras más queridas de este Mundial 2026 ha sido Kai Havertz. El alemán es famoso en las canchas por su capacidad para meter gol en finales y fuera de ellas por su pasión por los animales, especialmente los burros. Esta es su historia.
Kai Havertz, el hombre de la situación
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}Kai Havertz es originario de Aquisgrán, una ciudad en el extremo oeste de Renania del Norte-Westfalia, en la frontera con los Países Bajos y Bélgica. Criado en una familia apasionada por el fútbol, donde su abuelo fue también un futbolista, Havertz solo dejó la ciudad favorita de Carlomagno cuando fue fichado para el equipo sub-17 del Bayer Leverkusen.
Fue en este equipo donde mostró su habilidad para anotar en momentos críticos. El joven abrió el marcador en un juego por el título contra el Borussia Dortmund.
El Bayer Leverkusen se impuso 2-0. Esta fama continuó en Inglaterra, cuando fue fichado por el Chelsea. En la final de la Liga de Campeones de la UEFA 2020-21, contra el Manchester City, Kai Havertz anotó el único gol del encuentro.
A la siguiente temporada, Kai Havertz volvió a anotar en una final, esta vez del Mundial de Clubes. El alemán fue responsable del gol de penal que selló la victoria del Chelsea.
El jugador que también cuidaba animales
Desde que fue fichado por el Arsenal, los fanáticos señalaron que Kai Havertz era, de entrada, el jugador con más perros del club: un golden retriever, un pastor alemán y un perro mestizo. Pero más notable es su cariño por los burros. En una entrevista, el delantero alemán explicó que el origen de ese cariño estuvo en un peluche:
“Cuando tenía unos nueve años, mis padres me regalaron un burro de peluche por mi cumpleaños. Me encantó tanto ese animalito que les dije que algún día quería tener un burro o una granja con burros”.
Tiempo después, le regalaron una participación en un programa para apoyar a burros rescatados:
“Para mi decimoséptimo cumpleaños, mis padres me dieron una participación en un programa de rescate de burros. Por ejemplo, burros que habían venido del circo o del zoológico y habían sido maltratados. Pagabas una cuota mensual y la gente se encargaba de conseguirles comida y cuidarlos. Me dieron la participación de tres burros, y podía visitarlos y pasar tiempo con ellos”.
Según declaró Kai Havertz, ahora junto a la casa de sus padres viven cuatro burros que cuida su familia, aunque no descarta que lleguen más.
“Mis padres, mi hermana y mi abuela los cuidan. Van a recibir cada vez más en los próximos años”.