Flores de Día de Muertos: Qué Significan el Cempasúchil, la Nube y el Terciopelo
Estas plantas son elementos importantes en los altares para honrar la memoria de los difuntos

Estas plantas son elementos importantes en los altares para honrar la memoria de los difuntos

La celebración del Día de Muertos es una de las festividades con más arraigo cultural y social para los mexicanos, debido a que en ella convergen tradición e identidad. Además, representa un momento especial para recordar a todas aquellas personas y animales de compañía que marcaron nuestras vidas antes de trascender.
Por esta razón, colocar un altar en honor a los muertos es un ritual marcado por la nostalgia de su partida, pero también por la alegría de recibirlos el 1 y 2 de noviembre, de acuerdo con la tradición.
Este ritual se compone de diversos elementos que se acomodan en tres niveles, según la cosmovisión prehispánica, los cuales simbolizan el cielo, la tierra y el inframundo. En esos espacios se dispone de la comida o bebida favorita, botanas, frutas, incluso colores o artículos relacionados con sus profesiones o pasiones del difunto. La idea es que sea bienvenido tras su regreso del Mictlán.
En la ofrenda de Día de Muertos no puede faltar el pan de muerto, veladoras, agua, sal, papel picado, pero algo importante son las flores: el cempasúchil, las aterciopeladas y las blancas nubes o velo de novia; estas últimas tienen un significado especial y por ello es importante conocerlo.
El cempasúchil es de origen mesoamericano. Su presencia en los rituales mortuorios está registrada antes de la conquista. Los mexicas utilizaban el cempasúchil para decorar altares, ofrendas y sepulcros fúnebres.
Con su característico aroma y brillante color, funge como la luz para guiar el camino de las almas hasta sus hogares. El cempasúchil es nativo de México y tiene distintas variedades; todas son especiales por su tamaño, color, olor e incluso por los cuidados que deben tener para su cultivo.
Se puede encontrar en Ciudad de México, Puebla, Chiapas, San Luis Potosí, Tlaxcala, Estado de México, Aguascalientes, solo por mencionar algunas entidades.

Otra de las flores de Día de Muertos es la celosía o terciopelo. Esta flor también es conocida como “cresta de gallo” o “mano de león”. Es considerada una planta anual, es decir, que germina, florece y sucumbe en el curso de un año.
Mide aproximadamente entre 40 y 60 centímetros y su floración comienza en septiembre y perdura hasta diciembre. Se cree que es de origen asiático, no obstante, es adoptada en prácticamente todo el mundo. En nuestro país su presencia es ceremonial en las ofrendas dedicadas a los difuntos.
A diferencia del cempasúchil, que es brillante e ilumina en la ofrenda, el rojo intenso, púrpura o carmín simboliza el duelo y luto.
Según datos oficiales, en 2014 el municipio de Copándaro, Michoacán, fue el mayor productor de la flor terciopelo con más de 55 mil toneladas de manojos.

Finalmente, una pequeña flor blanca conocida como nube o velo de novia engalana la celebración de la vida y la muerte. Esta planta, que generalmente se emplea como relleno o follaje en los arreglos, es importante en los altares.
Aunque es conocida por su color blanco, también suele encontrarse en color rosa. Su duración de vida se prolonga hasta un mes después de su recolección.

Alcanza entre 90 y 120 centímetros de alto y se compone por numerosos ramilletes de pequeñas flores. También se usa para elaborar detergentes.
Está relacionada con la pureza del alma, y sus características ligeras y esponjosas evocan las nubes. Por ello, significan el tránsito tranquilo de las almas hacia el mundo terrenal y su regreso al descanso eterno. Se usan en todos los altares, pero en mayor cantidad en los que son para honrar a los niños o menores de edad.
EPP