El atardecer comienza a ceder ante la noche. Las calles, apenas iluminadas por la luz del cielo y algunas luminarias que llevan meses sin funcionar, esconden un peligro que permanece a la vista de todos: un bache que lleva meses abierto y que, con el paso del tiempo, se ha hecho cada vez más grande.
Con los pies en la tierra y la mirada puesta en su trabajo, Anali Leyva Santana, psicóloga de profesión, termina una jornada de atención a personas con adicciones y adolescentes vulnerables, algunos en riesgo de caer en las redes de la delincuencia en la Ciudad de México. Después de horas dedicadas a acompañar a otros, es momento de volver a casa.
Es una tarde cualquiera, de esas en las que el único plan es llegar a casa y descansar. Pero el último tramo del camino, por las calles de su colonia en la alcaldía Iztapalapa, se convierte en una pesadilla.
De pronto, sus pasos trastabillan. El pie se hunde en el desnivel, pierde el equilibrio y cae. En cuestión de segundos, el trayecto de regreso se transforma en una emergencia.
Anali se lesiona ambos tobillos y golpea con fuerza la rodilla derecha. Una vecina acude a auxiliarla y, con su ayuda, consigue incorporarse. Como puede, llega a casa, buscando ponerse a salvo y aliviar el dolor. Sin embargo, lo peor está por confirmarse.
Horas después, en el área de urgencias, recibe el diagnóstico: una fractura en el tobillo derecho y lesiones en dos ligamentos. El tratamiento requiere cirugía y una recuperación que se prolongará durante meses.
Lo que debía ser una caminata rutinaria a casa terminó por cambiar su vida cotidiana. Un bache que llevaba meses sin repararse se convirtió en el punto de partida de una larga recuperación.
Los baches, una pesadilla hecha realidad
Visibles o, en ocasiones, ocultos bajo el agua o la falta de iluminación, los baches se han convertido en uno de los problemas más recurrentes de las zonas urbanas del país. Su presencia no solo deteriora las vialidades, sino que también representa un riesgo para peatones y automovilistas. La magnitud del problema se refleja en la percepción ciudadana: ocho de cada diez personas lo identifican como una de las principales dificultades de sus ciudades.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 83.1% de la población mayor de 18 años señaló los baches en calles y avenidas como uno de los problemas que más afectan su entorno, según el ejercicio levantado en septiembre de este año.
La cifra coloca el deterioro de las vialidades entre las principales preocupaciones de los habitantes, incluso por encima de otros problemas como la inseguridad, como los robos, las extorsiones y los fraudes, que se ubican por debajo con el 49.9%.
En la Ciudad de México, la realidad es palpable. El Gobierno capitalino impulsó el programa Bachetón CDMX en las 16 alcaldías, con el que busca atender las vialidades primarias y calles secundarias de las colonias.
En alcaldías como Iztapalapa, donde los desperfectos en las calles persisten, la reparación de las vialidades representa un desafío para las autoridades y una necesidad para quienes transitan por ellas. La misma encuesta ENSU colocó a la alcaldía Iztapalapa con el 33.0% de la percepción de la población sobre la efectividad para resolver sus problemáticas.
Aunque existen programas y recursos públicos destinados a atender el problema, ¿qué está haciendo la demarcación para prevenir riesgos?
En agosto pasado, la alcaldía Iztapalapa anunció una inversión de 134 millones 950 mil pesos, provenientes del Fondo de Repavimentación creado por el Gobierno de la Ciudad de México y aprobado por el Congreso capitalino, que cuenta con una bolsa global de mil millones de pesos para las 16 demarcaciones.
Según informó la alcaldía, los trabajos contemplan la intervención de aproximadamente 150 mil metros cuadrados de vialidades principales, en tres zonas: El Rosario y El Molino; Santa María Aztahuacan y El Triángulo. Estas obras se sumarían a las 25 calles que, de acuerdo con las autoridades, han sido repavimentadas desde enero mediante el programa local.
Sin embargo, los recursos anunciados para la repavimentación no son los únicos destinados al mantenimiento de las calles. Una consulta a la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT) permitió identificar contratos y asignaciones presupuestales de la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México (Sobse) relacionados con la conservación y rehabilitación de la infraestructura vial.
Durante el primer trimestre de 2026, la dependencia destinó 8 millones 655 mil 259.58 pesos a trabajos de mantenimiento y mejoramiento de la infraestructura vial. De ese monto, 1 millón 864 mil 120 pesos correspondieron a labores de pavimentación y bacheo en las alcaldías Iztapalapa e Iztacalco.
Además, dentro del Paquete 15, relativo a trabajos de mantenimiento y rehabilitación de la red vial mediante mezcla asfáltica templada en las 16 alcaldías capitalinas, la Sobse reportó un monto de 12 millones 979 mil 369.03 pesos en obras o servicios durante el mismo periodo.
Los trabajos fueron asignados a Zoan Construcción y Consultoría S.A. de C.V., mediante el contrato DGOIV-LPN-L-1-062-26. Según los datos consultados, al 31 de marzo de 2026 el proyecto registraba un avance físico de 10.32%, mientras que la fecha de conclusión contractual está prevista para el 30 de noviembre de este año, aunque no se precisa si este proyecto contempla la colonia donde ocurrió el incidente.
Iztapalapa cuenta con un sistema de registro de denuncias en caso de que un bache ponga en riesgo la seguridad. Los habitantes pueden reportarlo a través de un mensaje por WhatsApp al 55 5658 1111, comunicarse con Locatel al *0311 o llamar al Centro de Servicios y Atención Ciudadana (CESAC) de la alcaldía o registrar una solicitud en línea mediante el Sistema Unificado de Atención Ciudadana (SUAC), con su cuenta Llave CDMX.
Para algunas personas, un bache no es solo un desperfecto en el pavimento: es el inicio de una lesión, una cirugía, meses de rehabilitación o una pérdida económica inesperada. Detrás de las cifras y los contratos hay historias que terminaron enfrentándose a una situación que cambió su vida. Una de ellas es la de Anali Leyva Santana.
Mi vida dio un giro de 180 grados: los testimonios
Desde aquella tarde del viernes 14 de agosto, la vida de Anali Leyva Santana dio un giro inesperado. Una fractura del maléolo externo del tobillo derecho y un esguince en el tobillo izquierdo la han mantenido alejada de sus actividades profesionales habituales. Aunque ha procurado colaborar a distancia en todo lo que le es posible, no ha podido retomar la atención presencial de sus pacientes. Algunos de ellos, cuenta, se negaron a ser transferidos con otros psicólogos y prefirieron esperar a que pudiera regresar. La espera iba a ser larga.
Ante la falta de personal en el ISSSTE, Anali tuvo que esperar un mes para ser intervenida quirúrgicamente. La urgencia por recuperar su movilidad y retomar su vida cotidiana la llevó a buscar alternativas en un hospital privado, donde contactó a un cirujano especializado en traumatología y ortopedia. La opción parecía resolver la espera: el médico le ofreció operarla al día siguiente, pero el procedimiento tendría un costo de 100 mil pesos, una cantidad que estaba fuera de sus posibilidades económicas, poniendo en riesgo su estabilidad financiera. No tuvo más alternativa que esperar su turno.
El 18 de septiembre, Anali fue intervenida quirúrgicamente en el Hospital General del ISSSTE Dra. Matilde Petra Montoya Lafragua. Desde entonces, enfrenta una recuperación lenta y dolorosa, en la que la paciencia se ha convertido en parte de su rutina. A la rehabilitación física se suma el desafío emocional de depender de otras personas para realizar actividades que antes hacía por sí misma.
Sin embargo, su experiencia también ha reforzado una exigencia: que las autoridades atiendan las condiciones de las calles, cuyos desperfectos ponen en riesgo no solo a los automovilistas, sino también a los peatones.
Anali no busca una indemnización por lo ocurrido. Al ser derechohabiente del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ha recibido atención médica sin costo directo. Su reclamo, explica, está dirigido a las autoridades responsables de mantener las vialidades en condiciones seguras para quienes las transitan todos los días.
“Prefiero pasar la página. Estoy enfocada al 100% en mi recuperación y en que pronto mi vida vuelva a la normalidad”, afirma en entrevista con N+.
Pero dejar atrás el accidente no significa olvidar las condiciones que, desde su perspectiva, deben cambiar. Como habitante de la colonia Los Ángeles y sus alrededores, en Iztapalapa, pide que las autoridades no solo reparen el pavimento, sino que también retiren los vehículos abandonados que obstruyen las calles.
“Lo que sí me gustaría es que arreglen las calles, porque llevamos muchos años, yo como habitante de esta alcaldía, de la colonia Los Ángeles y colindancias, sí pediría a las autoridades el retiro de vehículos chatarra y poner atención en las malas condiciones de las calles para los peatones, porque nosotros sufrimos las consecuencias”, señala.
Para Anali, casi tres meses sin poder desenvolverse con autonomía han significado mucho más que una pausa en su vida profesional. La imposibilidad de cubrir por sí misma necesidades básicas ha trastocado su rutina, su independencia y su bienestar emocional.
“Soy una persona muy independiente, entonces perderla sí causa un tipo de depresión, a lo mejor leve, por lo que yo estaba acostumbrada a hacer en mi vida cotidiana. Mi vida ha dado un giro de 180º para depender de otras personas”, relata.
El caso de Valdemar Valdez Juárez, un testigo ocular de la caída de un vehículo en un enorme bache en Río de los Remedios, cerca de la alcaldía Gustavo A. Madero, transitar por calles llenas de baches le ha enseñado a conducir con mayor precaución.
En declaraciones para N+, el joven sostuvo que suele transitar por la vía y a diario puede observar el bache que el pasado 26 de octubre dejó a dos personas lesionadas tras perder el control del vehículo al caer en un bache y chocar con una camioneta que le dio alcance.
Dijo que es necesario reducir la velocidad, especialmente cuando circula por caminos que no conoce. “Entre tantos baches que he pasado, he aprendido a ir despacio mejor y más si no conozco el camino y siempre me pregunto si la persona que está encargada de esos trabajos en las delegaciones o municipios o en cualquier orden de gobierno qué estará haciendo que no tiene tiempo en dar recorridos en su zona”, señaló.
Valdemar Valdez reprochó que es trabajo de las autoridades verificar los riesgos o peligros que pueden llegar a ser dolorosos o incluso mortales. Considera que los responsables de las delegaciones, alcaldías y demás niveles de gobierno deberían recorrer las zonas bajo su jurisdicción para identificar desperfectos.
Cuando un bache termina en el quirófano
Este tipo de lesiones, ocurridas por accidentes en vía pública, pueden ir desde raspaduras, fracturas graves hasta la muerte. El médico Humberto Jese Gómez Díaz, especialista en traumatología y ortopedia, dijo en entrevista que este tipo de accidentes deben ser atendidos de manera inmediata, pues en su mayoría pueden dejar secuelas funcionales, como dificultad para caminar o cirugías.
Señaló que hay factores que vuelven más severos los pronósticos: La fuerza del impacto, el tipo de accidente y las condiciones físicas de la persona determinan el alcance de las lesiones y los riesgos para su salud. En los adultos mayores, una lesión que podría parecer menor puede tener consecuencias más graves debido a su estado de salud y a enfermedades preexistentes.
En el caso de una fractura del maléolo del tobillo que requiere cirugía para colocar una placa y tornillos, como ocurrió con Anali Leyva Santana, explicó que el pronóstico depende de las características de la lesión, la atención médica oportuna y la rehabilitación posterior.
A las consecuencias físicas de estos accidentes se suma el costo económico del tratamiento. De acuerdo con el traumatólogo, una cirugía por fractura de maléolo puede representar un gasto aproximado de 35 mil pesos, aunque en grandes hospitales privados de la Ciudad de México, el costo hospitalario puede alcanzar los 200 mil pesos.
Las heridas invisibles
Pero las consecuencias de una caída provocada por un bache no terminan en el quirófano ni desaparecen cuando las fracturas comienzan a sanar. La pérdida temporal de movilidad, la dependencia de otras personas y la incertidumbre también pueden afectar la salud emocional de quienes sufren estos accidentes.
¿Qué ocurre con la salud mental de una persona después de un accidente de este tipo? Para entender estas posibles secuelas psicológicas, consultamos con el psicoterapeuta Luis Alberto López Chávez, quien destacó el impacto psicológico de los accidentes de este tipo, y que, en algunos casos, se pueden desarrollar trastornos como estrés postraumático o fobias.
Es común, dijo, la activación del instinto de supervivencia ante entornos percibidos como riesgosos, incluso como el aislamiento social como mecanismo de defensa y la dificultad para retomar la vida cotidiana tras el suceso traumático.
“Se denomina agorafobia y me parece que sí puede ser secuela de este tipo de incidentes, puesto que al final, como la situación ocurre al exterior de nuestros domicilios, donde nos sentimos muchas veces seguros, el hecho de desplazarnos de un lugar a otro en esta ciudad tan caótica, pues puede hacer que uno tenga esa expectativa de no querer salir precisamente por el riesgo”, apuntó López Chávez.
Entre las señales que requieren atención, según puntualizó el psicólogo, están los recuerdos recurrentes del accidente, las pesadillas, la evitación de lugares relacionados con lo ocurrido, la irritabilidad, las dificultades para concentrarse y los cambios en los hábitos de sueño. López Chávez indicó que estos síntomas pueden formar parte de un cuadro de estrés postraumático.
Por ello hizo un llamado a identificar estas manifestaciones y buscar apoyo profesional para atender las secuelas psicológicas y acompañar la recuperación integral de quienes, además de sanar sus lesiones, deben reconstruir su independencia.
La caída de Anali ocurrió en unos segundos, pero sus consecuencias se han prolongado durante meses. Mientras se concentra en recuperar la movilidad y volver a su vida cotidiana, los baches continúan representando un riesgo para peatones. Los recursos destinados al mantenimiento y los programas de repavimentación forman parte de la respuesta, pero el desafío está en que las obras lleguen a las vialidades que lo necesitan.