Vanessa es una mujer que hace tres años fue diagnosticada con una enfermedad renal crónica, por lo que una vez a la semana debe viajar desde Matatlán hasta Guadalajara para realizarse una hemodiálisis, lo que le toma seis horas de ida y vuelta.
Los miércoles de Vanessa comienzan desde la madrugada para emprender un trayecto de 25 minutos de curvas y montañas en motocicleta junto con su esposo e hija, hasta llegar a la parada de autobús.
Después, Vanessa continúa una ruta alimentadora que la lleva a ella y a su hija hacia la Nueva Central de Autobuses de Tlaquepaque, y finalmente, un largo trayecto en el Tren Ligero de Guadalajara para llegar a su sesión semana de hemodiálisis.
“Ya me había resignado a que me iba a morir, pero ya después vi a mis hijos y dije: ‘no merecen esto, no me voy a dejar caer y me empecé a levantar’”, explicó Vanessa.
Su historia refleja una realidad urgente en Jalisco, donde la enfermedad renal terminal suele diagnosticarse en etapas avanzadas y ataca cada vez más a personas jóvenes.
De acuerdo a los Hospitales Civiles de Guadalajara, se estiman más de 530 mil casos de enfermedad renal crónica.
El proceso de Vanessa inició cuando sus riñones dejaron de funcionar de forma irreversible, desde entonces, su lucha no sólo es física, sino económica. A pesar de que su cuerpo necesita dos sesiones por semana, la falta de espacio en el IMSS y Hospitales Civiles la obliga a pagar por su cuenta una sesión particular en un centro médico de la av. Circunvalación, en Guadalajara.
Entre los traslados, los medicamentos y el costo de la hemodiálisis, los gastos superan los 20 mil pesos mensuales.
Una vez que Vanessa llega al hospital, su rutina dura de tres a cuatro horas: los médicos deben conectar su cuerpo a través de una fístula arteriovenosa que le fue colocada a inicio del año, luego de reemplazar un catéter debido a una bacteria.
“Sí, salgo cansada porque dicen que el tratamiento que nos hacen es como si fuéramos a correr un maratón tres veces, el corazón hace esa función”, cuenta Vanessa.
Por su parte, el presidente del Colegio de Nefrología, Ignacio Díaz Padilla, advierte que cuando un paciente no recibe sus sesiones a tiempo, puede haber deterioro cognitivo, fallas cardiacas severas y la pérdida paulatina de la autonomía.
Hay casi 6 mil personas en Jalisco que están a la espera de un trasplante de riñón, mientras esa oportunidad llega, miles de pacientes como Vanesa siguen atrapados entre el desgaste de su cuerpo y la urgencia de no perder la vida.