Saturno en el Cielo: el Domingo 4 de Octubre, la Mejor Fecha del Año para Verlo
Saturno estará en oposición al Sol por lo que será el mejor día del 2026 para verlo a simple vista en el cielo

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Saturno estará en oposición al Sol por lo que será el mejor día del 2026 para verlo a simple vista en el cielo

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Este próximo domingo 4 de octubre, voltea hacia el este apenas oscurezca. Verás que un brillante lucero se levanta por encima del horizonte. No es una estrella cualquiera, sino Saturno. Te explicamos por qué este domingo será el mejor día del año para observarlo a simple vista y cómo su observación cambió nuestra idea del universo.
Galileo no fue el inventor de los telescopios, pero sí fue la primera persona que supo hacia dónde apuntarlos. Entre 1609 y 1616, el padre de la ciencia moderna construyó sus propios telescopios y los usó para admirar los cráteres de la Luna, las fases de Venus, las nebulosas (a las que llamó “cúmulos de estrellitas admirablemente esparcidas”) y las manchas del Sol.
Esta última observación, por supuesto, habría de dañar su vista de forma permanente. Pero ninguna de estas aventuras astronómicas se equipara a lo que vivió al ver a Saturno.
En noviembre de 1610, como se recoge en La gaceta sideral (Alianza, 2021), escribió una carta a Giuliano de Médici, por entonces embajador de Toscana en Praga, para comunicar que el Saturno que veía con su telescopio de cartón era mucho más intrigante que el que veían todos a simple vista: “Altissimum planetam tergenimum observavi”, escribió.
Aquella frase, traducida del latín, decía: “Observé que el más alto de los planetas era triple”. Por un tiempo, el científico creyó que Saturno era una tríada de estrellas.
Durante aquellas observaciones, Galileo descubrió finalmente que Saturno tenía “orejas”. Después de 6 años de observaciones, el 3 de septiembre de 1616, Galileo escribió una carta al cardenal Federico Borromeo donde señalaba que “la estrella de Saturno” ya no tenía “dos pequeños globos” sino dos figuras mucho mayores.
El dibujo que hizo de aquella observación no difiere de la imagen que cualquiera de nosotros tiene hoy en día del planeta. Lo escalofriante es que él era el primer ser humano en ver aquellas “orejas” que cambiaban con los años.

La gran proeza astronómica del toscano, pero también su gran maldición, fue que miró los objetos conocidos del cielo con unos ojos literalmente nuevos. Y ni siquiera él podía entender lo que veía.
Galileo había llegado a la verdad, pero no tenía conceptos para describirla. Pasarían varias décadas antes de que el neerlandés Christiaan Huygens resolviera el misterio: Saturno no tenía “orejas” sino anillos.
Como habrán notado los lectores, Galileo miraba hacia Saturno en la misma época del año: el otoño. Cada que Saturno vuelve a salir por el mismo punto se le llama año sinódico, y este periodo es muy cercano al del año terrestre: 378 días.
De ahí que Saturno sea visible “más o menos” en la misma época. Esta regularidad explica que La puerta saturnina, la escultura de Sebastián que honra a Saturnino Herrán en Aguascalientes, permita ver al planeta entre sus columnas cuando llega esta época del año.
De entre toda la temporada, hay un día en que es especialmente sencillo admirar a Saturno: el día en que el planeta está en oposición al Sol. Esto significa que ese día la Tierra se ubica exactamente entre el gigante anillado y nuestra estrella.
En ese día, el Sol ilumina de forma directa a Saturno. Y ese día llegará este preciso domingo. Para admirar a Saturno este 4 de octubre, solo hace falta voltear hacia el este cuando anochezca.

Si cuentas con unos binoculares o un pequeño telescopio, podrás reproducir fácilmente la imagen que vio Galileo; e incluso podrías superarla. Los binoculares de denominación 10x50 son idóneos para la observación de planetas.
Aquella categoría significa que la imagen se ve 10 veces más grande que a simple vista y que la luz pasa por un lente con un diámetro de 50 milímetros, más que aceptable para un principiante. Los binoculares que se compran en cualquier tienda igualan o incluso superan con holgura a todos los artilugios que usó Galileo.
Debes saber que el Saturno que asoma por unos binoculares no se parece al que que capta el telescopio espacial James Webb. Tampoco anticipes que podrás compartir sus anillos en Instagram.
No obstante, con la ayuda de las lentes sí podrás ver sus “orejas” en un cielo despejado. La astronomía puede entenderse como el anverso de la minería: ofrece joyas que brillan en medio de la oscuridad, pero para llegar a ellas primero hay que ser pacientes. Tendrás que picar piedra, pero hay una recompensa al final del túnel, como Galileo cuando se asomó por el barril del telescopio que construyó con sus manos.
El domingo, apenas se esconda el Sol, verás un lucero que comienza a ascender en línea recta por el oriente, como si buscara llegar al centro de la bóveda celeste. Es el mismo movimiento de apariencia caprichosa que cautivó a los griegos.
Según notaron, algunas estrellas no permanecían en una posición fija, sino que se iban moviendo a lo largo del cielo con los días y las estaciones. A aquellas luminarias errantes las llamaron planetes, “vagabundas”.
Hoy sabemos que Saturno no es una estrella, sino el segundo planeta más grande del vecindario. También sabemos que no tiene orejas, sino anillos. Pero al momento de mirar hacia el este en el día preciso, el asombro es el mismo.