Un meteorito hallado en el desierto del Sahara se ha convertido en la prueba definitiva de la existencia de un planeta tan grande como la Luna o incluso Marte y que desapareció durante la infancia del sistema solar. Esta protoplaneta perdido habría dado paso a la existencia de los planetas que ahora orbitan el Sol y sus restos podrían haber servido para el nacimiento de nuestra Tierra.
El meteorito de angrita sería tan viejo o incluso anterior a la formación de la Tierra.
Los cristales al interior de este meteorito solo podrían haberse formado bajo presiones que solo podrían encontrarse dentro de un planeta.
Un meteorito tan viejo como la Tierra
En 2019, en el desierto del Sahara fue hallado el meteorito NWA 12774. Con apenas medio kilogramos de peso, este meteorito está compuesto de angrita, un tipo de roca volcánica que está entre las más antiguas del sistema solar.
Esta roca se habría formado al inicio del sistema solar, hace aproximadamente 4 mil 560 millones de años. Sería ligeramente más vieja que la Tierra, que tiene uno 4 mil 550 millones de años; o cuando menos, sería tan vieja como nuestro planeta.
Sin embargo, este meteorito ha llamado la atención por un hecho mucho más profundo: sería una prueba definitiva de la existencia de un planeta que se formó en la infancia del sistema solar y que habría desaparecido. Así lo asegura un artículo publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters.
Según la investigación del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Colorado en Boulder, el meteorito NWA 12774 tiene características que no podrían haberse dado en un simple asteroide, sino en un planeta en formación. Al respecto, el científico Aaron Bell explicó en un comunicado:
“Es increíble pensar que alguna vez existió un mundo tan grande. Solo sabemos que existió porque algunos fragmentos suyos cayeron en la Tierra. Estos meteoritos conservaron evidencia de una vía completamente diferente a través de la cual se desarrollaron los primeros planetas”.
Una roca que solo pudo nacer en un planeta que ya no existe
Las angritas son rocas en extremo raras. De los 80 mil meteoritos que hemos descubierto en la superficie de la Tierra, solo 68 son angritas.
Una característica que, en parte, explica por qué son tan poco frecuentes, es que contienen muy poco dióxido de silicio. Este mineral, también llamado sílice o cuarzo, está presente en la superficie de casi todos los planetas rocosos.
De hecho, está compuesta por los dos elementos más comunes de la corteza de la Tierra, el silicio y el oxígeno; aunque el premio al mineral más abundante de la corteza sea para el feldespato.
La ausencia de sílice ha hecho pensar a los científicos que las angritas siempre se forman en asteroides con un radio menor a los 200 kilómetros. Pero el meteorito NWA 12774 es todavía más raro que las otros 67 de angrita descubiertos en la Tierra.
Cuando Aaron Bell y sus colegas estudiaron a NWA 12774, descubrieron que este meteorito contenía clinopiroxeno, un cristal muy común en la corteza y en el manto terrestres. En este caso, el clinopiroxeno era muy rico en aluminio, lo que era una señal clara de que la roca se formó bajo una gran presión, una que solo puede encontrarse en las profundidades de un planeta.
La inmersión más profunda que ha realizado un humano fue hecha por el empresario y explorador Victor Vescovo. En 2019 él descendió a bordo del submarino DSV Bakunawa a 11 kilómetros de profundidad en la Fosa de las Marianas. En aquellas profundidades inhóspitas del océano, la presión es apenas superior a 1 kilobar. Esta presión, que puede destruir fácilmente a casi cualquier submarino, no es nada comparada con las condiciones a las que se formó el meteorito NWA 12774.
Los científicos de la Universidad de Colorado en Boulder intentaron reproducir las condiciones en que se formó el cristal clinopiroxeno rico en aluminio. Lo que encontraron es que necesitaban una presión de, al menos, 17.5 kilobares de presión. Es imposible encontrar estas condiciones en un asteroide, pero no en el manto de un planeta.
Según los cálculos de los investigadores, este meteorito se habría formado en un protoplaneta de, al menos, mil 800 kilómetros de radio, un tamaño comparable con la Luna. Tampoco descartan que se hubiera formado en un planeta semejante a Marte, con un radio de 3 mil 300 kilómetros. Para Bell no hay duda de que esta roca pertenece a un mundo que ya no existe:
“Los materiales que formaron el cuerpo progenitor angrítico son fundamentalmente diferentes de los componentes de la Tierra y Marte. Esto apunta a una trayectoria evolutiva distinta y separada en la formación planetaria durante la historia temprana de nuestro sistema solar”.
Es probable que este protoplaneta haya desaparecido en un evento catastrófico en la infancia del sistema solar. Tampoco se descarta que sus fragmentos haya terminado en otros planetas rocosos, como la propia Tierra.
Bell subraya que aún hay muchos objetos como NWA 12774 que esperan un análisis profundo y que ahora mismo no están a la espera de ser descubiertos, sino a la espera de que alguien los saque del cajón donde se encuentran:
“Hay muchos meteoritos guardados en cajones que no se han estudiado a fondo, así que probablemente existan más protoplanetas que desconocemos”.