Museo Nacional de Antropología Cumple 62 Años: Así Fue el Mayor Robo en su Historia
El hurto fue orquestado por dos ladrones inexpertos, quienes sustrajeron piezas del patrimonio nacional

El hurto fue orquestado por dos ladrones inexpertos, quienes sustrajeron piezas del patrimonio nacional

El Museo Nacional de Antropología es una de las paradas obligatorias en la Ciudad de México. El recinto que cumple 62 años de existencia, resguarda el patrimonio histórico del país, identidad y tradiciones, por ello, es uno de los más visitados por turistas nacionales y extranjeros. Sin embargo, también pasó a la lista de los museos víctimas de grandes robos.
Los museos de arte, donde las obras no son muy grandes, pero con gran valor monetario, son los objetivos prioritarios para los delincuentes. Debido a que las piezas son fáciles de transportar y ocultar, para después vender en el mercado negro. Además, a veces las medidas de seguridad no han sido suficientes o fallaron frente a los ladrones.
El 17 de septiembre de 1964, el Museo Nacional de Antropología abrió sus puertas por primera vez. Desde ese día, sus salas, colecciones y espacios han sido parte de la vida de generaciones enteras. Sin embargo, una celebración y dos ladrones inexpertos cambiaron todo en 1985.
Durante Nochebuena de ese año, el personal de seguridad no hizo el recorrido cada dos horas por los 15 mil metros cuadrados del museo como de costumbre, por ser una fecha especial. Mientras celebraban la Navidad, dos jóvenes saltaron una barda metálica ubicada sobre Paseo de la Reforma y cruzaron el jardín para después dar a las escaleras que los llevarían hacia el sótano.
Posteriormente, se introdujeron por los ductos de aire acondicionado para llegar a las salas de exhibición que atracaron: Maya, Oaxaca y Mexica. Alrededor de tres horas les tomó sustraer 140 piezas arqueológicas de esos espacios. El robo a siete vitrinas fue descubierto hasta el cambio de guardia, alrededor de las 8:00 horas del 25 de diciembre.
“La casi totalidad de los objetos procedentes del Cenote Sagrado de Chichén Itzá; casi toda la ofrenda original de la tumba de Palenque; casi el total de los objetos de oro procedentes de la Sala Mixteca en exhibición; la famosa máscara zapoteca del Dios Murciélago y la invaluable escultura azteca de obsidiana que representa a un mono, constituyen el conjunto del más grande despojo que se haya hecho al patrimonio arqueológico mexicano”, en un boletín informó el robo el Museo Nacional de Antropología.
Luego de confirmarse el asalto, el entonces presidente de México, Miguel de la Madrid, instruyó a la Procuraduría de la República, para comenzar con las investigaciones y peritajes para conocer cómo ocurrieron los hechos y dar con los presuntos responsables, a quienes las autoridades señalaron como “expertos”.
“Objetos tan importantes y valiosos como los antes mencionados han sido sustraídos por manos criminales que, seguramente, están ligadas con el mundo del tráfico de joyas culturales que amenaza constantemente a todos los museos del mundo”, determinó el texto.
Las acciones para esclarecer el caso fueron inmediatas. Una de ellas fue establecer comunicación con la Secretaría General de la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL) para notificar el robo y detallar las características de las piezas.
Por esta razón, el expediente con fotografías, huellas dactilares y pruebas periciales, fue enviado a 158 países, con la finalidad de hallar los objetos y a los responsables. Incluso, la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Antropología reunió 50 millones de pesos para entregarla como recompensa por información que ayudará a la recuperación de las piezas.
Aunque el escándalo por el robo fue muy grande, no hubo pistas, ni avances contundentes en las indagatorias durante años. De hecho, se planteó como hipótesis que los delincuentes eran parte de una banda profesional, incluso se llegó a sospechar que estaban vinculados con los atracos a otros museos del mundo en Estados Unidos, Europa, África y Asia, por lo que las piezas robadas del recinto mexicano ya no estarían en el país.
Pasaron cuatro años para que se descubriera que fueron ladrones inexpertos los que cometieron el golpe más duro contra el patrimonio mexicano. Además, las piezas estaban en inmuebles del Estado de México.
Carlos Perches y Ramón Sardina, de 25 y 26 años de edad, fueron los autores del robo. Una vez que obtuvieron las piezas, huyeron a casa de los padres de Carlos, ubicada en la colonia Jardines de San Mateo. La maleta con el botín estuvo durante un año en el clóset de su recámara.
El joven sabía que el valor del equipaje era incalculable, pero bastante jugoso, por lo que se trasladó a Acapulco, donde entabló relaciones con narcotraficantes. Sus vínculos con el crimen organizado fueron la pista que llevó a las autoridades a resolver el caso. El 12 de junio de 1989 fueron recuperadas las piezas en buen estado. Dos días después, el presidente de la república realizó la entrega oficial.
Con la finalidad de dar a conocer las piezas robadas y el valor histórico de cada una de ellas, se realizó una exposición temporal.
A partir del robo, el Museo Nacional de Antropología adoptó nuevas medidas de seguridad, como la instalación de un sistema de alarmas electrónicas contra robo; se rehabilitó el sistema de detección de incendios, se integró un circuito cerrado de televisión y se contrató más personal de seguridad; las acciones se replicaron en recintos de todo el país.
También se hicieron modificaciones a la legislación, especialmente al Código Penal Federal para sancionar los delitos de robo y daño del patrimonio que también se extienden a quienes intervienen como cómplices o encubridores.
EPP