"Brota" Tesoro Ritualista de Cajas de Piedra Volcánica Halladas en el Corazón de Templo Mayor
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En el interior de esas cajas fueron encontradas 43 esculturas y más de 4 mil caracoles del Atlántico, así como otros dones colocados en honor a Tláloc

Ofrendas halladas dentro de tres cajas de piedra en el Templo Mayor. Foto: X @INAHmx
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Debajo de monumentales cabezas de serpiente que pesan más de una tonelada cada una, los mexicas dejaron algo extraordinario que, después de más de cinco siglos, emerge intacto.
En el corazón del Templo Mayor, se localizaron tres cajas de piedra volcánica. En su interior: 43 esculturas y más de 4 mil caracoles del Atlántico y otros dones colocados como parte de un ritual dedicado a Tláloc, el dios de la lluvia.
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Antonio Marín, arqueólogo del Templo Mayor, calificó el hallazgo de espectacular y definió como lo encontrado como una especie de cápsula del tiempo.
“Es algo espectacular tener ante nosotros este tipo de hallazgos. Puede ser una cápsula del tiempo que los propios mexicas dejaron, así lo podemos entender, pero fue un ritual muy específico que para ellos fue espectacular".
Las figurillas, algunas de apenas tres centímetros y otras de hasta 40, tienen anteojeras y otros atributos asociados a Tláloc. Están talladas en jadeíta, serpentina y otras piedras verdes.
“Imaginemos una ceremonia masiva, cientos de sacerdotes, fabricar las piezas, colocarlas en un solo evento fue brutal, es lo que nos enamora a todos, tratar de imaginar cómo fueron estas ceremonias”.
Las piezas provienen de la cultura Mezcala, de Guerrero, de entre los años 1700 antes de Cristo y 900 de nuestra era. Para los mexicas fueron reliquias poderosas, traídas como botín de guerra.
“El propio simbolismo que los mexicas le otorgaban a estas piezas es fundamental, los tlalocas se asemejaban a niños que, mediante su llanto, eran los que provocaban la lluvia”.
Copal y conchas, en su interior
Cada caja de apenas 50 centímetros, llamadas tepetlalcalli, contenía, además, copal y cientos de conchas.
Alejandra Aguirre, arqueóloga del Templo Mayor, explicó qué fue lo que más les sorprendió cuando abrieron las tres cajas colosales.
"Que hayamos encontrado intactos estos tres depósitos después de tantos años".
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Con este hallazgo, suman seis depósitos. Los últimos tres pertenecen a la etapa IV del Templo, ente 1440 y 1469, durante el gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina.
“De las 43 figuras que localizamos, 42 son masculinas y una femenina. Venían desnudas de la región de Mezcala y aquí, en Tenochtitlan, los mexicas le ponían todo este tipo de coloraciones para que simularan el dios de la lluvia”.
Un desafío arqueológico
Rescatarlas ha sido todo un desafío, refiere Belem Zúñiga, bióloga del Templo Mayor.
“Son aproximadamente 50 mil restos de conchas; cerca de 250 especies identificadas en las ofrendas y proceden tanto de las costas del Pacifico como del Atlántico”.
Por su parte, Adriana Sanromán, jefa de Conservación del Museo Templo Mayor, habló sobre las características de lo encontrado.
“Uno puede pensar que la piedra es superresistente y si lo es, sin embargo, como todas ellas cuentan con policromía. Ahorita, estamos trabajando con sustancias de origen natural para que todos estos pigmentos queden adheridos a la superficie y no corran riesgo de perderse”.
El INAH prepara una exposición que reunirá por primera vez los seis depósitos rituales. Más que un hallazgo arqueológico, es la reconstrucción de una ceremonia sagrada que tardó más de cinco siglos en volver a ver la luz.
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Con información de Guadalupe Madrigal
ICM