Uno de cada 10 ciudadanos votarán en un distrito distinto al que votaron en 2024. De acuerdo con Protect Democracy, 34.8 millones de personas, es decir, 10% de los ciudadanos, viven en un distrito que no es en el que votaron en las últimas elecciones, pero no es porque se hayan mudado, sino porque 9 estados cambiaron sus mapas electorales.
En una democracia representativa, los votantes eligen a sus representantes y para facilitarlo, se divide a la población en distritos o circunscripciones de manera que cada uno de los votantes escoja de manera equitativa a quienes los van a representar.
Pero, ¿qué sucede cuando es al revés?, es decir, cuando son los representantes y sus partidos políticos quienes escogen antes de las elecciones a quienes van a representar.
Este fenómeno ha acompañado la historia electoral de Estados Unidos desde 1812, cuando el gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, aprobó un diseño de distritos para Essex y el mapa fue inmortalizado en la prensa con la mítica salamandra.
Redistritación por mandato
La Constitución de Estados Unidos y el Reapportionment Act (1929) establecen la obligación de realizar un censo cada 10 años y que los 435 escaños de la Cámara de Representantes se asignen entre los 50 estados de acuerdo a su población.
A esto se suma el Voting Rights Act (1965) establece que como una persona es un voto, los distritos federales dentro de un estado deben tener la misma cantidad de habitantes.
Por su parte, la Constitución también establece que los gobiernos de los estados tienen la facultad de determinar el tiempo, el lugar y el modo de las elecciones, mientras que la Corte determinó que se deben redistritar los estados tras el censo cada 10 años, pero pueden diseñar mapas electorales cuando lo deseen si sus leyes estatales lo permiten.
Cuando los representantes escogen a sus representados
Por otro lado, cuando un partido político controla el gobierno y la legislatura de un estado puede optar por realizar un nuevo mapa electoral a mitad de la década. Los estados que optan por activar este mecanismo para ampliar la mayoría de su partido frente el otro, cambiando las fronteras de los distritos para separar o juntar a los votantes de los partidos contrarios, por lo que escogen a sus representados antes de que acudan a las urnas.
Esta situación de redistritar también puede ocurrir por mandato judicial, cuando un tribunal declara como inválido un mapa ya sea por discriminación racial o violar la constitución local, para corregir los efectos en la representación.
Los cambios en los distritos alteran el balance del poder en contiendas a nivel estatal y se refleja a nivel federal cuando por estos diseños se obtiene una mayoría en el Congreso.
Los nuevos mapas electorales
En las elecciones de 2022 y 2024, todos los estados utilizaron los distritos electorales que resultaron tras el censo poblacional de 2020, pero para las elecciones de 2026, 15 estados intentaron modificar sus fronteras distritales y solamente 9 lo lograron.
Redistritación voluntaria
Los estados de Texas, Carolina del Norte, Florida y Tennessee utilizan este año nuevos mapas electorales con los que los republicanos que controlan las legislaturas buscan ampliar sus escaños y reducir el número de distritos en manos de los demócratas.
En California, el nuevo mapa fue resultado de un referéndum popular en el que un diseño proveniente de un comité fue sustituido por un mapa que favorece a los demócratas. Este mapa busca devolver a los demócratas el número de asientos que perdieron con el nuevo mapa texano.
Redistritación por mandato judicial
En Utah, la Corte estatal ordenó modificar el mapa electoral ya que el diseño anterior borraba la representación demócrata en el estado y el nuevo mapa otorga un distrito azul en Salt Lake City.
En Ohio, su Constitución local exige renovar los mapas cada 4 años por lo que la comisión de redistritación aprobó un nuevo mapa que se inclina a favor de los republicanos.
Finalmente, Luisiana y Alabama avanzaron en el proceso voluntario de cambiar sus distritos electorales pero tuvieron que revertir los mapas ya que violaban el Voting Rights Act por haber sido diseñados de manera que afectaban el voto racial.
Mapas que fracasaron
Nueva York y Virginia iniciaron el proceso de dibujar nuevos distritos, pero al llegar a los tribunales, los diseños no pudieron implementarse para las elecciones de este año por no cumplir con normas en ambos estados.
En Indiana, Maryland y Carolina del Sur, las bancadas no se pudieron poner de acuerdo en los congresos estatales por lo que los mapas propuestos no pudieron ser aprobados antes de las elecciones primarias.
Finalmente, el último mapa frenado se encuentra en Misuri. La legislatura había aprobado un mapa que reducía la representación de los demócratas y con él se votaron las elecciones primarias. El asunto se vio suspendido por una recolecta de firmas para someter la aprobación del nuevo mapa a referéndum popular, por lo que la Corte estatal lo frenó y las elecciones generales se harán bajo el mapa de 2022.
Implicaciones en la elección
En 2026 estamos ante la redistritación de mitad de década más grande en la historia de Estados Unidos, impulsada por el presidente Trump para buscar la mayoría en el congreso primero en Texas, y la respuesta demócrata no se dejó esperar al cambiar los distritos en California.
Al final del ciclo de redistritación y con base en los resultados de la elección a la Cámara de Representantes federal, los republicanos tendrían una ganancia total de 15 distritos y los demócratas de 6, por lo que el saldo final sería de 9 representantes adicionales para el Partido Republicano.
FBPT