¿Qué Es la Peste Neumónica? Alarma en Rusia por la Muerte de una Científica
Rusia rechaza que la muerte de una científica en Siberia se deba a la peste neumónica

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Daria Chipilova murió debido a una neumonía cuyo origen no ha sido determinado. Su muerte no sería motivo de preocupación a nivel mundial de no ser porque la investigadora trabajaba en un laboratorio siberiano dedicado al estudio de la peste neumónica.
Te explicamos qué tan peligrosa es esta enfermedad y por qué un solo deceso sospechoso causó alarma en todo el mundo.
Este lunes 5 de octubre 2026, Rusia ha afirmado que no hay motivos de alarma. Al respecto, la agencia sanitaria nacional determinó que “no se detectó ningún microorganismo relacionado con la actividad profesional de la joven en sus muestras biológicas”.
Por su parte, Igor Kobzev, gobernador de la región de Irkutsk, en Siberia, aseguró que una comisión especial de expertos concluyó que la causa de la muerte fue una “neumonía de etiología indeterminada”.
Mientras que la versión oficial apunta a que no hay motivos de alarma, la población rusa navega en medio de rumores y versiones contradictorias. El viernes, el propio Kobzev había declarado que “todos los contactos identificados” de Daria Chipilova habían sido puestos bajo estricta observación médica.
Por su parte, el alcalde de Shélejov, una localidad cercana a Irkutsk, aseguró que el área de internamiento de pacientes del hospital local había sido cerrada por cuarentena. Además, el número de consultas externas se habría disparado en los últimos días.
Según reportó el medio independiente Meduza, las búsquedas de Google para “peste neumónica” en Rusia se han disparado un 2 mil 800 % en los últimos días. Múltiples medios rusos citan que el posible contagio de peste se habría debido a que se rompió un tubo de ensayo.
En Estados Unidos, Donald Trump dijo hoy que su gobierno analiza “muy seriamente” los informes sobre la situación en Rusia y prometió que daría su ayuda en caso de ser necesario.
La peste pulmonar es una infección en extremo grave provocada por el bacilo Yersinia pestis. Cuando esta bacteria llega a los ganglios produce la llamada peste bubónica; a una tercera versión de la enfermedad se le conoce como peste septicémica, y todas estas pueden aparecer de forma conjunta.
Aunque se puede tratar de forma segura con antibióticos, la peste se considera una infección grave. En caso de no tratarse, la tasa de letalidad de la peste neumónica roza el 100%. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) explica:
“La forma neumónica, invariablemente mortal si no se trata pronto, es especialmente contagiosa y puede desencadenar epidemias graves con transmisión de persona a persona a través de gotículas respiratorias suspendidas en el aire”.

Cabe recordar que la bacteria Yersinia pestis es zoonótica, es decir, que suele encontrarse en pequeños mamíferos y en las pulgas que los parasitan y de ahí puede saltar a los humanos. Según señala la OMS, la transmisión entre los animales se hace a través de las pulgas. Por su parte, un ser humano puede contaminarse por la picadura de una pulga o por contacto con los fluidos o gotículas que lanza una persona contagiada.
Los síntomas de la peste neumónica incluyen fiebre súbita, escalofríos, dolor de cabeza y dolores generalizados, debilidad, náuseas y vómitos. Este cuadro puede confundirse con otras enfermedades semejantes, por lo que es indispensable un diagnóstico oportuno.
Aunque no ha habido epidemias de peste desde los años noventa del siglo XX, la bacteria aún está presente en casi todos los continentes. Solo Oceanía no cuenta con un reservorio natural para la enfermedad.
La mayoría de los casos actuales se presentan en África, aunque se ha registrado la presencia de la infección bacteriana en todos los demás continentes. Aproximadamente, cada año se registran poco más de mil casos de peste alrededor del mundo, según la OMS.
Pese a que la peste inspira imágenes dantescas, en nuestros días no se le considera como un patógeno capaz de producir pandemias como las de antaño. En parte se debe a la rápida evolución de la infección, que puede matar al huésped más rápido de lo que se contagia en otros; en parte, a que los antibióticos pueden no solo tratar la infección, sino prevenirla en casos específicos, lo que limita su expansión.
Al respecto, el profesor Ian Jones, virólogo de la Universidad de Reading, Inglaterra, declaró a New York Times en un comunicado que el caso de Irkutsk “parece un accidente de laboratorio inusual y es poco probable que llegue más lejos”.
EDG