Un huevo en mal estado puede convertirse en un riesgo para la salud si se consume sin verificar su frescura. Aunque este alimento es uno de los más consumidos en México por su alto valor nutricional, cuando está echado a perder puede contener bacterias o toxinas capaces de provocar enfermedades gastrointestinales e infecciones que, en algunos casos, requieren atención médica.
Afortunadamente, existen tres pruebas sencillas que puedes hacer en casa para saber si un huevo aún es seguro para el consumo: la prueba del agua, la del olfato y la revisión visual después de romperlo. Además, comprarlo correctamente y conservarlo en refrigeración ayuda a prolongar su vida útil y reduce el riesgo de contaminación.
¿Qué enfermedades puede provocar un huevo echado a perder y cómo saber si está malo?
Consumir un huevo descompuesto o contaminado puede ocasionar distintos problemas de salud, principalmente infecciones gastrointestinales.
Entre las enfermedades más comunes se encuentran:
Salmonelosis: Es la infección más frecuente y ocurre cuando la bacteria Salmonella entra al organismo a través de huevos crudos o mal cocidos. Sus síntomas incluyen diarrea, fiebre, dolor abdominal, náuseas y vómito.
Gastroenteritis aguda: Se produce por toxinas presentes en huevos vencidos o en descomposición, causando inflamación del estómago y los intestinos, además de diarrea, vómito y malestar general.
Infecciones por otras bacterias: Microorganismos como Escherichia coli o Pseudomonas pueden proliferar cuando la cáscara está rota o el huevo fue almacenado de manera inadecuada.
Para evitar estos riesgos puedes realizar tres pruebas caseras:
Prueba del agua
Si el huevo se hunde y queda acostado en el fondo, está muy fresco.
Si se hunde pero permanece de pie, es un huevo viejo, aunque todavía puede consumirse si no presenta otros signos de deterioro.
Si flota en la superficie, significa que está malo y debe desecharse.
Prueba del olfato y revisión visual
Si al romperlo desprende un olor a azufre o a podrido, no debe consumirse.
Si la clara es demasiado líquida, la yema se rompe fácilmente o aparecen manchas de color rosa, verde o negro, también es señal de que el huevo está descompuesto.
Además, evita consumir huevos con la cáscara agrietada, crudos o con la yema poco cocida, ya que aumentan el riesgo de salmonelosis.
¿Cómo comprar y refrigerar los huevos para evitar que se echen a perder?
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) señala que la forma de comprar y almacenar los huevos influye directamente en su calidad y seguridad alimentaria.
Al momento de adquirirlos, procura seguir estas recomendaciones:
Compra únicamente huevos que se encuentren en refrigeración.
Revisa que la caja esté en buen estado.
Verifica que los huevos estén limpios y que ninguna cáscara tenga grietas o fracturas.
Una vez en casa, lo más recomendable es:
Guardarlos de inmediato en un refrigerador a 4 °C o menos.
Mantenerlos en su caja original para protegerlos y conservar mejor su calidad.
Consumirlos preferentemente dentro de las tres semanas posteriores a la compra.
Los huevos cocidos deben comerse en un plazo máximo de una semana.
Los alimentos preparados con huevo deben refrigerarse y consumirse en un periodo de tres a cuatro días.
Seguir estas medidas ayuda a reducir el riesgo de intoxicaciones alimentarias y permite conservar los huevos en mejores condiciones por más tiempo. Ante cualquier duda sobre su estado, lo más seguro siempre será desecharlos en lugar de consumirlos.