En México, más de la mitad de los estudiantes universitarios utiliza inteligencia artificial (IA) para pedir consejos relacionados con ansiedad, estrés, depresión o tristeza, una práctica que muestra cómo esta tecnología ha entrado en un terreno especialmente sensible: la salud emocional de los jóvenes. A nivel nacional, herramientas como los chatbots también se han convertido en espacios para desahogarse, buscar palabras de ánimo y expresar problemas personales sin sentir que alguien los juzga.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa (ENIAG 2025), de la Secretaría de Educación Pública (SEP), 55.1% de los estudiantes universitarios utiliza IA para pedir consejos sobre ansiedad, estrés, depresión o tristeza.
El fenómeno va más allá de solicitar recomendaciones. La encuesta revela que 41.9% recurre a estas herramientas para desahogarse o sentir que alguien lo escucha, lo que plantea nuevas preguntas sobre el papel que está tomando la inteligencia artificial en la vida emocional de los universitarios y sobre los límites que debería tener su uso.
La posibilidad de obtener una respuesta inmediata y hablar de asuntos personales sin enfrentar directamente la opinión de otra persona son algunos de los factores que pueden volver atractivos a los chatbots. Para algunos jóvenes, la IA representa un espacio en el que pueden ordenar sus pensamientos, plantear preguntas personales y conocer perspectivas distintas. Los datos de la SEP muestran que este comportamiento ya alcanza a una proporción considerable de universitarios mexicanos.
César es uno de los estudiantes que utiliza esta tecnología para conversar sobre situaciones personales y buscar diferentes perspectivas. Entre los temas que ha abordado mediante estas herramientas se encuentran cuestiones relacionadas con su estado emocional.
“En temas específicos de perspectivas sobre cómo mejorar y en algún momento también sobre depresión”, explica César.
El joven considera que una de las ventajas de conversar con un chatbot es poder expresar lo que siente sin el temor de ser juzgado por otras personas. Para él, las opiniones de quienes lo rodean pueden tener un peso importante al momento de hablar de asuntos personales.
“Es una inteligencia, como tal y no serás juzgado de alguna forma. Siento que las opiniones que tienen las personas nos importan demasiado”.
Los resultados de la ENIAG 2025 apuntan a que el uso emocional de la IA no se limita a pedir consejos. Los estudiantes también recurren a estas tecnologías para encontrar motivación, recibir palabras de ánimo o mantener conversaciones que les permitan expresar aquello que están sintiendo.
Las consultas a la inteligencia artificial pueden aparecer en momentos de vulnerabilidad emocional, como una ruptura de pareja. La disponibilidad permanente de estas herramientas permite que una persona escriba sobre lo que le ocurre y reciba una respuesta prácticamente inmediata, algo que puede resultar atractivo cuando no sabe con quién hablar o busca otra perspectiva sobre una situación personal. Sin embargo, esa facilidad también vuelve relevante distinguir entre recibir una respuesta automatizada y obtener atención psicológica profesional.
Osmar es otro joven que recurrió a la inteligencia artificial para afrontar una situación emocional. Después de que su pareja terminara la relación, decidió preguntarle a un chatbot qué podía hacer para enfrentar la ruptura.
“Para empezar me dio ánimo, me dijo que no era mala persona y así, y me dijo que poco a poco fuera haciendo pequeñas cosas para volver a hablar con ella. Aunque a veces no es la respuesta que esperaba, pero sí la que necesitaba”, menciona Osmar.
La accesibilidad, la disponibilidad a cualquier hora y la rapidez de las respuestas ayudan a explicar por qué estas herramientas pueden resultar atractivas para quienes buscan apoyo emocional. No obstante, especialistas advierten que estas características no convierten a un chatbot en un profesional de la salud mental.
La inmediatez y el costo son factores que pueden influir en la decisión de recurrir a la inteligencia artificial. Mientras muchas herramientas de IA tienen versiones gratuitas o de fácil acceso, una sesión de terapia psicológica puede costar entre 300 y 2 mil pesos, dependiendo del profesional, la modalidad y otros factores. Esta diferencia puede hacer que un chatbot parezca una alternativa especialmente atractiva para estudiantes con recursos económicos limitados.
Sin embargo, una conversación con inteligencia artificial no equivale a un proceso de psicoterapia. Especialistas han advertido que las herramientas tecnológicas pueden funcionar como apoyo en determinados contextos, pero no sustituyen la atención clínica ni el criterio de un profesional de la salud mental.
Entre las limitaciones se encuentran la ausencia de una evaluación clínica integral, las dificultades para manejar situaciones complejas y los riesgos relacionados con la privacidad y seguridad de la información que los usuarios comparten.
La tecnología puede ser útil como complemento para acceder a información general o contenidos de psicoeducación. El problema aparece cuando una respuesta generada por IA se interpreta como un diagnóstico o tratamiento psicológico.
Uno de los principales peligros es que los usuarios interpreten las respuestas de un chatbot como si provinieran de un especialista. La inteligencia artificial puede producir mensajes con un lenguaje convincente, comprensivo y aparentemente empático, pero esto no significa que tenga conciencia ni capacidad para comprender integralmente el estado psicológico de una persona. Tampoco cuenta por sí misma con el juicio clínico necesario para realizar una evaluación profesional o responder adecuadamente ante todas las situaciones de riesgo.
Mario Buenrostro, especialista del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana (IBERO), señala que una característica de este tipo de sistemas es que sus respuestas pueden resultar complacientes, algo que puede generar alivio en determinadas circunstancias.
“Son muy complacientes, normalmente te dicen lo que quieres escuchar, y por supuesto que disminuyen los niveles de estrés, ansiedad y demás en situaciones muy específicas”.
Precisamente ahí se encuentra uno de los desafíos: sentirse mejor después de conversar con una IA no significa necesariamente que el problema que originó el malestar haya sido identificado o atendido adecuadamente.
El crecimiento del uso de inteligencia artificial para buscar apoyo emocional refleja una realidad entre los universitarios mexicanos: estas herramientas ofrecen una manera rápida, accesible y disponible prácticamente a cualquier hora para expresar sentimientos o buscar orientación. Esa facilidad puede convertirlas en un complemento útil, pero especialistas llaman a mantener cautela cuando las consultas involucran problemas de salud mental.
Mario Buenrostro destaca algunas de las características que explican el atractivo de esta tecnología frente a otras alternativas de apoyo.
“La inteligencia artificial tiene pues muchas características que son favorables en algunos casos, como por ejemplo muy bajo costo comparado con la psicoterapia profesional, accesibilidad 24/7 todo el tiempo, cero juzgar, no te juzga para nada”, explica el especialista.
El problema surge cuando esa disponibilidad se confunde con capacidad clínica. Una IA no puede sustituir la evaluación integral que realiza un profesional de la salud mental ni debería utilizarse como único recurso frente a una situación grave o una emergencia.
Utilizar inteligencia artificial para obtener información, organizar pensamientos o acceder a contenidos de psicoeducación puede ser útil en ciertos contextos. Sin embargo, convertirla en la principal o única vía para enfrentar problemas emocionales puede traer riesgos. Entre ellos están retrasar la búsqueda de atención profesional, aumentar el aislamiento o desarrollar dependencia hacia las conversaciones con estas herramientas, especialmente cuando una persona comienza a reemplazar interacciones humanas importantes con respuestas automatizadas.
Si un joven enfrenta problemas persistentes de autoestima, ansiedad, depresión, interacción social u otras dificultades que afectan su vida cotidiana, una conversación con inteligencia artificial no resuelve por sí sola la causa del problema. La atención de un profesional de la salud mental permite realizar una evaluación integral y determinar qué tipo de acompañamiento resulta adecuado.
Las cifras de la SEP muestran la magnitud del cambio: 55.1% de los universitarios encuestados ya utiliza la IA para pedir consejos relacionados con ansiedad, estrés, depresión o tristeza, mientras 41.9% la emplea para desahogarse o sentirse escuchado. La inteligencia artificial está ganando un espacio en la vida emocional de los jóvenes mexicanos, pero la diferencia entre recibir una respuesta inmediata y recibir atención profesional sigue siendo fundamental.
Con información de Natalia Begné.