Contaminación del 11S Causó Más Muertes que los Propios Ataques a las Torres Gemelas
Autoridades eran conscientes de la toxicidad del aire cercano a la Zona Cero, según documentos publicados por el gobierno de Nueva York

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Autoridades eran conscientes de la toxicidad del aire cercano a la Zona Cero, según documentos publicados por el gobierno de Nueva York

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Más de 9 mil 400 personas han muerto de enfermedades relacionadas con la contaminación generada en la Zona Cero del World Trade Center. Esto es más del triple de las 2 mil 977 víctimas oficiales de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Esta última cifra incluye no solo a quienes murieron en la caída de las Torres Gemelas, sino también a las víctimas del ataque al Pentágono y a los pasajeros del vuelo 93 de United Airlines, caído en Pensilvania.
Estos datos fueron recopilados por un programa federal de vigilancia médica, pero solo han circulado públicamente en la víspera del aniversario 25 de los ataques. Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, anunció el martes la publicación de miles de documentos que demostrarían que las autoridades eran conscientes de la toxicidad del aire cercano a la Zona Cero, pero no actuaron al respecto.
Por el contrario, el gobierno de Rudolph Giuliani afirmó que era seguro respirar el aire de Nueva York en aquel momento, pese a los elevados niveles de asbesto.
Durante una conferencia de prensa, Mamdani explicó: “Son documentos que muestran lo que la ciudad sabía sobre el aire tóxico alrededor de la Zona Cero, cuándo lo supo y cómo actuó para limitar su responsabilidad”.
A lo largo de más de 170 mil páginas, se abordan los problemas de salud, la calidad del aire y la respuesta de las autoridades de Nueva York tras los atentados. La publicación de estos documentos forma parte de un acuerdo con 9/11 Health Watch, una organización de víctimas que ha luchado por la transparencia alrededor del caso. Benjamin Chevat, líder de la organización, señaló en un comunicado:
“Durante 25 años, cuatro diferentes administraciones municipales ocultaron al público, al Congreso de Estados Unidos y al Ayuntamiento documentos que mostraban lo que la Ciudad sabía realmente sobre el peligro de los químicos tóxicos en el Bajo Manhattan y el oeste de Brooklyn tras el derrumbe del World Trade Center, incluso mientras funcionarios de la ciudad seguían transmitiendo al público el mensaje de que el aire era 'seguro y aceptable’”.
Zohran Mamdani añadió: “La gente se enfermó porque los líderes en los que confiaban mintieron y les dijeron que era seguro respirar aire tóxico”.

Rudy Giuliani, quien gobernaba la ciudad en el momento de los atentados, no es el único señalado por haber encubierto los peligros que acechaban en el aire de Nueva York. Michael Bloomberg, quien fue alcalde desde enero de 2002 hasta diciembre de 2013, también está entre los señalados.
Aun por encima de los políticos, uno de los principales responsables de estas muertes es el asbesto. Durante gran parte del siglo XX este mineral se usó indiscriminadamente en los hogares alrededor del mundo. Resistente al fuego y la humedad, este material se usaba en tinacos, así como para aislantes térmicos y acústicos.
El material fibroso fue abandonado después de que se descubriera un potente cancerígeno que se alojaba en los pulmones. Con las caídas de las Torres Gemelas, grandes cantidades de asbesto se liberaron en el aire. La polvareda que levantó el desplome de los rascacielos escondía un contaminante que, con las décadas, habría de cobrar más vidas que los propios ataques.
A inicios del siglo XXI, no pocos analistas compararon las imágenes de los ataques terroristas con las perturbadoras novelas de Thomas Pynchon y Don DeLillo. Ambos escritores neoyorquinos aún son célebres por tramas llenas de encubrimientos, conspiraciones y eventos históricos donde los personajes son testigos indefensos.
Ruido de fondo, de Don DeLillo, adquirió una enorme fama en los años ochenta por presentar una pequeña comunidad universitaria sorprendida por un accidente químico. En la novela, un tren descarrilado libera en el aire de la ciudad una gran nube tóxica, con consecuencias inesperadas para los habitantes. Ante la publicación de estos documentos sobre el aire de Nueva York, la novela del autor estadounidense vuelve a cobrar relevancia por la forma en que anticipó la angustia y los daños que siguieron a los ataques terroristas.
Con información de AFP