“Tío, No Me Dejes Morir”: Sobreviviente Relata Colapso de Edificio en La Guaira, Venezuela
La historia de Marlon, atrapado durante horas en un edificio derrumbado, refleja el drama humano en Venezuela.
La Guaira, donde vivía Marlon, es una de las zonas más afectadas por los terremotos del pasado miércoles. Foto: AP
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Un grito de esperanza entre escombros: Marlon, atrapado en un edificio colapsado en La Guaira, Venezuela, lucha por su vida tras los devastadores terremotos que han cobrado 1,500 vidas.
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PorRedacción N+
Cuando Fermonth Pérez llegó a Puerto Viejo, en La Guaira, poco después de los terremotos que devastaron amplias zonas de Venezuela el pasado miércoles y que hasta este domingo han dejado cerca de 1,500 muertos, escuchó el grito de su sobrino Marlon, y la esperanza le regresó al cuerpo.
“Tío, ayúdame. Tío, no me dejes morir”, escuchó entre montañas de concreto, polvo y estructuras reducidas a escombros. Ahí Fermonth encontró a su sobrino Marlon, un joven DJ, atrapado bajo lo que alguna vez fue el edificio donde vivía junto a su esposa, embarazada de aproximadamente ocho meses.
Hasta que llegó a la Guaira, el hombre todavía conservaba la esperanza de que su sobrino estuviera ileso. En la zona donde se encontraba Fermonth cuando ocurrieron los sismos, los daños habían sido menores. Pero preocupado por su familia, consiguió una moto y partió a buscarlos. Encontró a su madre y a una tía sin daños.
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Pero la tranquilidad se le derrumbó cuando llegó a Puerto Viejo. Lo que encontró al llegar fue caos y destrucción. La edificación donde habitaban Marlon y su esposa estaba colapsada. Ahí fue cuando escuchó el grito de ayuda, de suplica por la vida.
“Él estaba en la puerta. Ya iba a salir. Parece que no consiguieron la llave en el desespero y no logró abrir la reja”, relata Fermonth. “La columna y las tres plantas quedaron sobre él”.
Marlon seguía con vida, pero apenas. Su espalda, una pierna y un talón estaban aplastados por toneladas de concreto. Fue una pequeña bolsa de aire lo que le permitía respirar. Según cuenta su tío, una columna cayó sobre el vehículo de la familia y dejó un espacio mínimo por donde seguía entrando oxígeno. “Quedó tapiado, pero eso lo mantuvo con vida”, dice.
Contra reloj
Entonces comenzó una carrera desesperada contra el tiempo. Familiares, vecinos y conocidos se metieron entre los escombros para intentar liberarlo. Retiraron pedazos de concreto, buscaron herramientas y pidieron ayuda a quienes se encontraban cerca. Cada minuto contaba. “Salí a buscar herramientas, subí a buscar gente, los mismos conocidos nos pudieron ayudar”, cuenta Fermonth.
Durante horas trabajaron sin descanso. Lograron retirar parte de los escombros y liberar una parte de su cuerpo, pero el resto seguía atrapado bajo la estructura colapsada.
“Imagínate, desde las ocho de la noche hasta las tres de la mañana viendo a tu muchacho ahí, que está vivo, que casi no puede respirar, y que te dice que su esposa viene atrás y que está a punto de dar a luz”, relata Fermonth, conteniendo el llanto.
A las tres de la madrugada, después de siete horas de lucha, Marlon murió bajo los escombros. “El muchacho se nos murió. No aguantó más”, dice su tío.
Cuando finalmente lograron sacar el cuerpo, lo colocaron sobre un mueble rescatado de la misma vivienda y lo trasladaron a un hospital cercano. Pero incluso después de la muerte, la tragedia continuó.
El centro médico estaba rebasado. “El hospitalito ya estaba saturado. Es un hospital muy pequeño y ya tenía los cuerpos afuera”, recuerda.
La escena se repetía en otras zonas golpeadas por los terremotos, donde hospitales, morgues y servicios de emergencia se vieron sobrepasados por la magnitud del desastre.
Fermonth y su familia no han tenido siquiera la paz de enterrar a su sobrino. Tras dejar el cuerpo en el hospital, este desapareció en medio del caos generado por la emergencia. Desde entonces, intenta confirmar si los restos fueron trasladados a la morgue de Bello Monte.