Desde hace varios años, estudios han sugerido que el frío incide en la esperanza de vida. Sin embargo, no se conocía el posible mecanismo que vinculaba la exposición moderada a bajas temperaturas con la longevidad. Ahora, un nuevo estudio publicado en Nature ha respondido por qué el frío puede tener beneficios para la salud.
No se trata, por supuesto, de salir sin suéter en medio de una helada. Tampoco se trata de rechazar el chocolate y el champurrado. Más bien, hablamos de un patrón que emerge a través de múltiples especies en varios contextos: desde los gusanos Caenorhabditis elegans hasta los roedores, una ligera reducción de la temperatura corporal prolonga la esperanza de vida.
En el caso de los roedores, un pequeño descenso de la temperatura corporal (cercano a los 0.5 °C) ayuda a prolongar la vida, mientras que un aumento equivalente, la acorta. En el caso de los humanos, los estudios también apoyan esta tesis: una temperatura corporal más baja se asocia con una mayor longevidad.
Los científicos incluso han notado que la temperatura corporal media de los humanos ha disminuido desde la Revolución Industrial. Esto ha llevado a que algunos se cuestionen cuál es el vínculo entre las bajas temperaturas y las mejoras en las condiciones para gran parte de la humanidad.
La explicación más simple encontraría una respuesta en la termodinámica. De la misma forma en que nuestras computadoras se deterioran más rápidamente cuando se calientan, podría suponerse que vivir en temperaturas un poco más altas supone un desgaste mayor para nuestro organismo. Esta es una explicación muy sencilla, pero inexacta.
El vínculo entre el frío y la esperanza de vida se ha observado desde hace más de un siglo. Por mucho tiempo el fenómeno se atribuyó a la simple termodinámica: una menor temperatura disminuía el metabolismo y ralentizaba el deterioro. No obstante, las investigaciones en el gusano Caenorhabditis elegans, que es un estándar de la investigación biológica, revelan que el fenómeno no sería tan simple.
Según los últimos estudios, el organismo puede detectar las bajas temperaturas y, en consecuencia, activar mecanismos que favorecen la longevidad. La pregunta es cuáles mecanismos.
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Ahora, un estudio publicado en Nature parece haber hallado por qué el frío alarga la vida. Los investigadores de la Hospital Universitario de Colonia, en Alemania, hallaron que el frío aumenta la producción de la dihidrobiopterina (conocida simplemente como BH2), una sustancia que reduce el estrés oxidativo y que incide favorablemente en el metabolismo.
La molécula BH2 se produce en los músculos ante una ligera bajada en la temperatura. Pero hay un detalle: el frío activa la producción de BH2, pero no es indispensable tiritar para que la vida sea un poco más larga. Al respecto, los investigadores señalan que el solo hecho de aumentar esta sustancia ya promueve la longevidad de los tejidos; y el frío no es el único proceso que aumenta su producción:
“Es importante destacar que el aumento de la síntesis de BH2, específicamente en el tejido muscular, es suficiente para promover la longevidad y suprimir la agregación proteica patológica en tejidos distales, incluso a temperaturas normales o elevadas”, se lee en el estudio publicado en Nature. Esto significa que en el futuro podría haber terapias que se concentren en aumentar esta sustancia y no tanto en que, simplemente, pasemos frío.
No obstante, la investigación sí apuntaría a que estamos más cerca de resolver el misterio de la longevidad: “En conjunto, estos hallazgos identifican la BH2 como un metabolito inducido por el frío cuya síntesis, transporte entre tejidos y conversión en BH4 bioactivo preservan la proteostasis en todo el organismo y prolongan la esperanza de vida”.