El hockey sobre pasto en Sonora tiene rostro, fuerza y una historia de veinte años de resistencia escrita por Katerine Rivera.
Reciente ganadora de la medalla de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, la seleccionada nacional de Hockey sobre pasto se ha convertido en un referente de una disciplina que, a pesar de la falta de apoyos, sigue ganando terreno gracias a su entrega y a la de una generación conocida como “Las Lobas”.
Sin embargo, el camino de Rivera hacia el alto rendimiento comenzó de manera inesperada, lejos de las presiones de los atletas de alto rendimiento, cuando apenas era una niña en Hermosillo.
Al ser una niña muy inquieta, el destino la cruzó con el deporte que definiría su vida, tal como ella lo recordó en entrevista con N+.
“Yo inicié hace 20 años en el hockey aquí en Hermosillo, fue por invitación, porque siempre fui una niña muy hiperactiva, y me llamó la atención hacer un deporte para andar corriendo, y que es muy diferente también”, contó.
En aquel entonces, su único objetivo era divertirse, algo que actualmente trata siempre de recordar en su carrera. No obstante, el talento natural no tardaría en transformar ese pasatiempo en una responsabilidad al participar en Olimpiadas Nacionales representando al Estado de Sonora.
"Yo creo que cuando inicié en Olimpiadas Regionales y Nacionales, ahí fue cuando me cayó el 20 de la responsabilidad, pero es difícil también para una niña de 10, 11 años, porque empiezan esas presiones, a saberlo llevar”, contó.
La trayectoria de una deportista de alto rendimiento en México requiere más que talento, últimamente se han dado a conocer historias de deportistas que tienen que recurrir a la autogestión de su carrera y el respaldo de su círculo familiar para poder superar la falta de apoyo de instancias gubernamentales.
Rivera explicó el rol vital que ha jugado su familia, particularmente su madre, para sostener su carrera.
“La verdad es que sin la familia no se puede, o sería casi imposible. En mi caso, mi mamá, desde que yo era pequeña, hacía actividades para cubrir gastos. En la actualidad es igual, o sea es tú moverte, tú ver tus actividades, tus opciones, porque si bien te cubren los torneos oficiales, lo extra va por tu cuenta”, añadió.
Esta realidad evidencia lo complejo de ser atleta en un país donde los deportistas de alto nivel deben financiar de su bolsillo la preparación física y nutricional para competir de manera óptima.
Para Katerine, a este panorama se suma el desafío de la maternidad, un aspecto donde el hockey también impone distancias y falta de tiempo para pasar en familia.
La atleta sonorense compagina el rol de madre con el estudio, el trabajo y sus entrenamientos, y comparte que lo complejo que resulta coordinar la rutina de su hijo a miles de kilómetros.
A pesar de las renuncias, el hockey compensa el esfuerzo con instantes de profunda conexión humana, incluso en los momentos más difíciles como la reciente derrota frente a Cuba en la final de los Juegos Centroamericanos, pero que les otorgó la medalla de plata.
Aunque venían de ganar el oro en la edición anterior, Rivera valora ese subcampeonato no por el color de la presea, sino por la unión que demostró el equipo.
“La final, aunque fue muy dura y perdimos esa final contra Cuba, la voy a recordar por el sentimiento. Me quedo con la satisfacción de saber que lo hicimos todo bien, no pudimos meter ese gol, pero en todo el partido lo hicimos todo bien. Como el equipo reaccionó fue con lo que me quedo, porque siempre seguimos unidas, siempre estuvimos apoyándonos, alentándonos, y aunque en ese momento estaba todo vibrando muy bajo, supimos apoyarnos”, finalizó.
Para Katerine Rivera, la medalla de plata en Santo Domingo es la recompensa a dos décadas de disciplina, sacrificios y una carrera sostenida, en buena medida, por su familia y por la fuerza de un equipo que ha aprendido a resistir juntas. Ahora, el sueño es seguir representando a México, buscar nuevas medallas y algún día cumplir el objetivo de llegar a unos Juegos Olímpicos.