En Topilco de Juárez, Tlaxcala, la familia Lozano Ávila conserva una tradición de casi 100 años: cada octubre se reúne para elaborar el pan de muerto que coloca en sus ofrendas.
Aunque sus integrantes viven en diferentes estados del país, reservan un fin de semana para reencontrarse y preparar más de 70 kilos de pan de muerto. En esta actividad participan desde niños de apenas tres años hasta los integrantes de mayor edad.
La reunión no gira únicamente en torno a la preparación del pan. También representa una oportunidad para recordar a quienes ya fallecieron y enseñar a las nuevas generaciones una costumbre que ha acompañado a la familia durante décadas.
El horno familiar que dio origen a una tradición de casi 100 años
El origen de esta costumbre está ligado a un horno construido por uno de los antepasados de la familia, que con el paso del tiempo se convirtió en parte fundamental de sus celebraciones del Día de Muertos.
Roberto Lozano Ávila recuerda que fue su padre quien construyó el horno cuando todavía era joven. Desde entonces, la elaboración del pan ha continuado entre sus descendientes.
“Yo creo que mi papá, él fue el que hizo el horno y él estando muy jovencito, a partir de ahí, se empezó a hacer el pan y desde ahí hasta la fecha, es por él”.
La tradición también forma parte de los recuerdos de quienes han acompañado a la familia durante varias décadas.
Alejandro Paz Santamaría asegura que lleva 51 años asistiendo a estas reuniones familiares.
“Yo tengo 51 años viniendo aquí a la casa de ustedes, aquí con papá Beto y todo eso”.
Niños de tres años y adultos participan en la elaboración del pan de muerto
Uno de los aspectos más especiales de esta celebración es la participación de las nuevas generaciones. Los niños se integran al proceso de elaboración del pan junto con sus padres y abuelos, quienes comparten los conocimientos que aprendieron de sus antepasados.
La preparación no está a cargo de una sola persona. Los familiares participan en distintas etapas del proceso, desde el trabajo con la masa hasta el momento en que salen las primeras piezas del horno.
Patricia Rodríguez Lozano explica que ella pertenece a la quinta generación y que ahora observa cómo sus descendientes comienzan a involucrarse en esta costumbre.
“Las nuevas generaciones ya también están participando, a mí me tocó ser la quinta, y las que siguen, ya ahorita vamos en la sexta o séptima con los nietos”.
Para la familia Lozano Ávila, este encuentro es una fecha especial que preparan con meses de anticipación. Aunque viven en diferentes lugares del país, procuran reunirse durante un fin de semana para continuar con la tradición.
El significado del pan de muerto para la familia Lozano Ávila
Más allá de su preparación, el pan de muerto tiene un significado especial para la familia Lozano Ávila: recordar a sus seres queridos fallecidos y mantenerlos presentes durante las celebraciones del Día de Muertos.
Las piezas que elaboran forman parte de las ofrendas familiares, donde colocan alimentos y otros elementos dedicados a quienes ya partieron.
Patricia Rodríguez Lozano comparte que recordar a sus familiares es una de las principales razones por las que mantienen viva esta costumbre.
“Todos ellos que ya no están, les nombramos y hacemos el pan con mucho cariño para ahora ponerles su mesa”.
La elaboración también se convierte en una celebración colectiva. Cuando sale la primera tanda del horno, uno de los familiares anuncia con entusiasmo:
“Familia, ya salió la primera ronda de pan”.
Para Roberto Lozano Ávila, uno de los principales valores de esta celebración es la unión familiar y la posibilidad de transmitir a los más jóvenes el significado de una tradición que ha perdurado durante décadas.
Entre recuerdos, trabajo compartido y nuevas generaciones que comienzan a aprender, la familia Lozano Ávila continúa elaborando el pan de muerto que cada año reúne a sus integrantes.
Así, una costumbre que comenzó hace casi un siglo sigue formando parte de su historia y de los homenajes que dedican a sus seres queridos.
Con información de Fernanda Sánchez.