¿Existe una relación entre los sismos y la actividad solar? ¿Podría haber un factor en la actividad sísmica que aún no han señalado los científicos? Revisamos esta idea y el consenso al respecto por parte de la comunidad científica.
Los sismos se producen por el movimiento de las placas tectónicas, que componen la capa exterior de la Tierra, mientras la Tierra tiene un núcleo metálico sólido rodeado de roca incandescente. En tanto, el Sol provee energía a la Tierra por medio de radiación, que los seres vivos emplean para alimentarse.
Ante los terremotos recientes en Venezuela, Indonesia y Colombia, en redes sociales ha resurgido un estudio del año 2025 que afirma que existe una relación entre los sismos y la actividad solar. Se trata, sin duda alguna, de una propuesta audaz que va a contracorriente de las ideas más aceptada sobre los movimientos alrededor de la Tierra.
En el estudio publicado en la revista Chaos, An Interdisciplinary Journal of Nonlinear Science, los autores apuntan, entre otros aspectos, que la predicciones de sismos se vuelven más exactas al tomar en cuenta la temperatura. Además, señalan que hay una variación en la sismicidad que acompaña a las estaciones del año. De ser cierta esta causalidad, la radiación solar y sus diferentes manifestaciones podrían señalarse como uno de lo propulsores detrás de los sismos.
Aunque este estudio ha sido mencionado varias veces desde su publicación en 2025, no es la primera vez que se propone un vínculo directo entre el Sol y los sismos. En 2020, un artículo publicado en la revista Scientific Reports, de la editorial Nature, también indicó que existía una posible relación entre estos fenómenos.
Aquel estudio midió la fuerza del viento solar, medible en la cantidad de protones que arroja nuestra estrella, y la comparó con la incidencia sísmica. El estudio señaló que la correlación “aumenta a medida que se eleva el umbral de magnitud del catálogo sísmico”.
En este estudio, los autores dieron un paso adicional y señalaron que el vínculo estaría en el efecto piezoeléctrico. Este fenómeno, que es un pilar de la vida moderna, fue descubierto en 1880 por los hermanos Jacques y Pierre Curie, este último marido de Marie Curie. Cuando se aplica una corriente eléctrica a ciertos minerales, estos se contraen y se mueven.
Pero el fenómeno también ocurre en sentido contrario: cuando un mineral se mueve y contorsiona, libera una descarga eléctrica. Este fenómenos es indispensable para los relojes de cuarzo, donde una pila hace vibrar de forma regular un diapasón mineral. El diapasón de cuarzo vibra 32 mil 768 veces por segundos; aquel resultado es observado por el circuito, que refleja el paso de un solo segundo en la pantalla.
Los científicos de la Universidad de Basilicata afirman que la densidad de protones que chocan contra la tierra inciden en el movimiento de las placas tectónicas a través de este fenómeno. No obstante, la investigación sobre el tema no es concluyente. El principal obstáculo es que estos estudios señalan una correlación, pero fallan a la hora de comprobar una causalidad.
La Tierra se compone de un núcleo sólido de metal que gira y produce el campo electromagnético que nos protege; en un siguiente nivel se ubica la roca incandescente que fluye por debajo de la corteza; por encima, en la litósfera, la roca fría, dividida en placas, se mueven empujadas por las corrientes subterráneas.
La actividad sísmica depende de los roces y choques que producen las placas entre sí. Hay fenómenos invisibles que sin duda influyen en este fenómeno. El más comprobado es la radiactividad. El interior de la Tierra no está caliente de forma gratuita; mantiene sus temperaturas extremas gracias a al constante descomposición de los elementos radiactivos en su interior.
No obstante, las autoridades científicas rechazan la idea de que los sismos sean influidos o provocados por el Sol. La negativa no es caprichosa y responde en exclusiva a la falta de evidencia.
Hasta el momento, las pruebas no favorecen esta idea audaz. Al respecto, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que los sismos ocurren de forma independiente a los ciclos de actividad solar:
“Nunca se ha demostrado que exista una relación causal entre el clima espacial y los terremotos. De hecho, a lo largo del ciclo solar variable de 11 años, la frecuencia de las erupciones y las tormentas magnéticas aumenta y disminuye, mientras que los terremotos se producen sin esa variabilidad de 11 años”.
Según explican, los sismos continuarían aunque se detuvieran las tormentas solares:
“Dado que los terremotos son provocados por procesos en el interior de la Tierra, ocurrirían incluso si las erupciones solares y las tormentas magnéticas dejaran de producirse por algún motivo”.