Una nueva tragedia relacionada con el uso de pirotecnia golpeó al municipio de Temascalcingo, Estado de México. La noche del sábado 5 de septiembre de 2026, una explosión de material pirotécnico almacenado junto a la parroquia de Nuestra Señora de la Luz, en la comunidad de Santa María Canchesdá, dejó 11 personas fallecidas y 82 atendidas por lesiones, de acuerdo con los reportes más recientes de autoridades estatales.
Las fiestas patronales forman parte de las tradiciones de numerosas comunidades de México, donde los cohetes y otros artificios suelen acompañar procesiones y celebraciones religiosas. Sin embargo, los accidentes ocurridos en los últimos años muestran los riesgos asociados con el almacenamiento, la manipulación y la quema de estos materiales.
La explosión en Santa María Canchesdá provocó el colapso del techo y de una barda aledaña, lo que dejó a varias personas sepultadas entre los escombros. El caso se suma a una serie de tragedias ocurridas durante celebraciones religiosas en diferentes estados del país.
Menos de dos meses antes de lo ocurrido en el Estado de México, otra celebración patronal terminó en tragedia en el municipio de Cocula, Guerrero. El 25 de julio de 2026, una explosión de pirotecnia en la comunidad de Real del Limón dejó tres mujeres fallecidas y al menos 12 personas heridas.
El accidente ocurrió durante la tradicional quema de toritos en honor a Santiago Apóstol. Una chispa alcanzó material pirotécnico almacenado en una estructura ubicada junto a la iglesia y desencadenó una detonación. La explosión también provocó daños en el templo de la Virgen de Guadalupe.
El episodio volvió a evidenciar uno de los riesgos presentes en este tipo de celebraciones: una chispa puede alcanzar material almacenado cerca de los asistentes y provocar una emergencia en cuestión de segundos.
La noche del 13 de julio de 2026 se registró otro accidente durante una fiesta patronal, esta vez en la comunidad de Acaxilóco, en el municipio de Cuetzalan del Progreso, Puebla. La explosión dejó 22 personas lesionadas.
De acuerdo con información de Protección Civil y autoridades municipales, un cohete detonó en el aire, pero su vara cayó al suelo con la mecha todavía encendida. Las chispas alcanzaron un rollo de material pirotécnico y provocaron una reacción en cadena.
Quince de las personas lesionadas tuvieron que ser trasladadas al Hospital General de Cuetzalan para recibir atención médica. Entre las personas afectadas se encontraba una niña de tres años, quien permaneció bajo observación y días después fue reportada fuera de peligro.
Otro accidente mortal ocurrió el 20 de marzo de 2026 en la comunidad de Contreras, en el municipio de Mexquitic de Carmona, San Luis Potosí. Una explosión de pirotecnia durante una fiesta patronal provocó la muerte de dos personas y dejó seis lesionadas, según los reportes posteriores sobre el incidente.
La detonación ocurrió en las inmediaciones de la iglesia de San José de Contreras y causó daños en la fachada del templo. Una de las víctimas mortales fue identificada como Armando “N”, integrante del grupo musical Cerro Prieto.
Con este caso, los accidentes registrados en Temascalcingo, Cocula, Cuetzalan y Mexquitic de Carmona muestran que 2026 ha estado marcado por emergencias relacionadas con pirotecnia durante celebraciones religiosas.
Los antecedentes también alcanzan a la capital del país. El 29 de abril de 2025, durante la Feria Patronal de San Pedro Mártir, en la alcaldía Tlalpan, Ciudad de México (CDMX), se registró una explosión de pirotecnia en la parroquia de San Pedro de Verona Mártir.
Tres personas resultaron lesionadas con quemaduras de primero y segundo grado y tuvieron que ser trasladadas a hospitales para recibir atención médica. La techumbre del inmueble también presentó daños estructurales.
De acuerdo con los reportes difundidos en ese momento, la explosión habría sido provocada por una persona que fumaba en el área donde se encontraba almacenada la pirotecnia. El caso mostró que el peligro no se limita al momento en que los artificios son encendidos, sino que también está presente durante su almacenamiento.
El 20 de octubre de 2024, una procesión por la festividad de San Rafael Arcángel, en el municipio de Acatlán de Osorio, Puebla, también terminó con personas heridas.
Un artefacto pirotécnico conocido como “Crisantemo” explotó a baja altura en vez de elevarse como estaba previsto. El accidente dejó seis personas lesionadas.
Entre las personas afectadas se encontraba una niña de 12 años, quien fue reportada como grave debido a posibles fracturas. El incidente puso de manifiesto otro escenario de riesgo: incluso durante la detonación de los artificios, una falla puede alcanzar directamente a quienes observan o participan en una celebración.
Uno de los antecedentes más graves ocurrió el 8 de mayo de 2017 en la comunidad de San Isidro, en el municipio de Chilchotla, Puebla. Una explosión de pirotecnia dejó 14 personas fallecidas y más de 20 lesionadas.
El accidente ocurrió cuando feligreses lanzaron un cohetón que cayó en un sitio donde se almacenaba material pirotécnico destinado a las celebraciones patronales que se realizarían una semana después.
El impacto desencadenó una explosión que destruyó la vivienda utilizada como almacén. Al igual que en otros casos posteriores, la cercanía entre los artificios y las personas convirtió un accidente con un solo cohete en una tragedia de grandes dimensiones.
Una de las tragedias más graves relacionadas con pirotecnia en celebraciones religiosas ocurrió el 15 de marzo de 2013 en Jesús Tepactepec, en el municipio de Nativitas, Tlaxcala.
Una chispa incendió más de 10 mil cohetones que eran transportados durante una procesión. El saldo final fue de 25 personas fallecidas y al menos 154 heridas.
La magnitud del accidente llevó posteriormente a la comunidad a modificar la manera en que realizaba sus celebraciones. Con el paso de los años, autoridades religiosas y habitantes optaron por efectuar los festejos sin la tradicional quema de cohetes.
La tragedia de Nativitas permanece como un ejemplo de las consecuencias que puede alcanzar una detonación cuando grandes cantidades de material pirotécnico se encuentran concentradas cerca de una multitud.
Los casos registrados en Temascalcingo, Cocula, Cuetzalan, Mexquitic de Carmona, Tlalpan, Acatlán de Osorio, Chilchotla y Nativitas tienen circunstancias distintas, pero muestran que los accidentes pueden producirse durante la quema de artificios y también durante su almacenamiento, traslado o manipulación.
Las consecuencias tampoco se limitan a las quemaduras. Las explosiones pueden desencadenar incendios, derrumbes y daños estructurales, además de alcanzar a personas que se encuentran cerca del sitio donde se almacena o utiliza la pirotecnia.
En la alcaldía Tlalpan, Ciudad de México (CDMX), por ejemplo, existen requisitos específicos para la instalación y quema de pirotecnia, entre ellos permisos, análisis de riesgos, distancias mínimas de seguridad, procedimientos de emergencia y personal técnico responsable.
La sucesión de accidentes ocurridos en distintas entidades del país vuelve a poner el foco en las medidas de prevención y supervisión durante las fiestas patronales, especialmente en aquellos lugares donde el material pirotécnico se almacena o manipula cerca de templos, viviendas y concentraciones de personas.
Con información de Erick Alcalá y Fernanda Sánchez.