Casi todos tenemos recuerdos de días específicos, pero miles de millones de personas nunca olvidarán lo que hacían la mañana del 11 de septiembre de 2001 (11S).
Los 50 estados de la Unión Americana reportaban cielos lindos y claros cuando 19 terroristas vinculados a Al Qaeda, de entre 20 y 33 años de edad, pasaron los controles de los aeropuertos de Boston, Newark y Washington.
Los sujetos se distribuyeron estratégicamente en cuatro vuelos en aeronaves 757 y 767. Rutas largas y tanques llenos rumbo a Los Ángeles y San Francisco, en California, pero nunca llegaron.
Un ataque coordinado. Mohamed Atta impactó el primer avión contra la torre norte del World Trade Center, el corazón del mundo financiero de Nueva York.
Luego la torre sur y el Pentágono, mientras que el cuarto avión se dirigía al Capitolio, pero se estrelló en campos de Pensilvania ante la resistencia de los pasajeros.
Fueron 102 minutos de horror e impotencia en los que vimos lo incontable. Ese día murieron casi tres mil personas.
Isaac Pacheco no fue localizado por su familia durante muchas horas. Es un testigo, narrador, una especie de tesorero de todas estas experiencias.
Pacheco, director senior del Memorial 9/11, reveló a N+ hechos casi desconocidos. La lucha de los deudos porque los cuerpos no fueran levantados como escombro, el rescate de más de medio millón de personas en barco para que no murieran asfixiadas.
“Nosotros los latinos, los hispanos de verdad, tenemos un papel muy importante en la historia del 9/11. Nosotros fuimos los primeros que corrimos a ayudar”, contó Isaac Pacheco.
Narró que el 11 de septiembre de 2001 iba manejando cuando uno de los aviones impactó una de las torres, “algo que no se me puede olvidar. Eso me quedó pegado en el cerebro”.
“Todos salimos corriendo porque no sabíamos si las torres iban a colapsar así o qué era lo que iba a pasar y, de verdad, que fue un momento de mucho angustia, mucha tragedia”, comentó.
El impacto elevó la temperatura a 900 grados centígrados. El acero debilitado colapsó progresivamente frente a los ojos del planeta.
En los 10,000 metros cuadrados donde estaban las Torres Gemelas hoy es un Memorial de metal con 2,983 cuadros en tonos de azul, que representan a las víctimas de los atentados terroristas. Un área con documentos, investigaciones, fragmentos de estructura, muebles y vidas perdidas.
Esto no es pasado. Solo han sido identificados el 40% de los cuerpos. El 11S vive en el instante de sospecha con el que nos miran a todos en un aeropuerto. Al menos 400 mil personas desarrollaron un síndrome grave por respirar el polvo de los escombros.
El 11S no fue esos dos instantes horribles y mortíferos. El Memorial es impresionante porque conserva las escaleras por las que la mayoría huyó antes del colapso, por donde subieron heroicos los cuerpos de rescate.
Muchos murieron y otros escaparon. Esta es una historia viva e inacabada porque todo el mundo vive hoy en el 12 de septiembre.
No importa quienes seamos, nadie podrá borrarnos de la huella del tiempo, escribió Virgilio.
Este es de los monumentos funerarios más poderosos del planeta. Todos los nombres, la memoria del abismo. Un pozo muy profundo de recuerdos, desesperación, dolor, valentía y del nunca más de la ciudad de Nueva York.
Con información de Karla Iberia Sánchez.
RMT