El Amor que un Artesano de Oaxaca Convirtió en Barro
En San Antonio Castillo Velasco, José García y Teresita Mendoza han hecho del barro una forma de vida. Desde su taller, crean esculturas que hablan de su comunidad y su propia historia

En San Antonio Castillo Velasco, José García y Teresita Mendoza han hecho del barro una forma de vida. Desde su taller, crean esculturas que hablan de su comunidad y su propia historia

José García y Teresita Mendoza tienen 40 años de casados. Viven en San Antonio Castillo Velasco, Oaxaca, y desde hace 25 años hacen esculturas de barro rojo.
Entre las artesanías, hay una temática que destaca en sus creaciones: su amor, como signo y símbolo de una vida juntos alrededor del barro.
Todo comenzó con don José. A muy temprana edad se interesó por el material, pero fue a los 23 años que comenzó a trabajar en esta actividad como vía de sustento.
"Desde los ocho años empecé a jugar con el barro, pero no de taller, sino de la calle. Cuando corre agua, escarba y se forma un arroyuelo; ahí iba a sacar el barro, porque la tierra está formada de placas", recuerda.
Los primeros años fueron difíciles, pues sus artesanías no tenían un gran público y generar ganancias era complicado. Poco a poco, comenzó a ganar popularidad y llegó a crear figuras de famosas actrices.
Fue en ese tiempo que conoció a Teresita Mendoza, quien reconoce que encontró con su esposo una vida diferente a la que vio con su madre y padre.
"Nos comprendemos, nos entendemos. No nos tratamos mal... y ahí vamos, día con día. En verdad que nuestra vida ha sido así, hermosa", dice José.
"Mi esposo me valora, me llama 'princesa magnolia'. Compara a la mujer con una flor, porque es muy hermosa y su aroma es muy fragante. Y dice que en los pétalos de magnolia se encuentra la medicina herbolaria que es para el corazón", relata.
Sin embargo, un momento difícil llegó a su vida: un padecimiento, dos diagnósticos incorrectos y una cirugía que no se realizó a tiempo cortaron la vista de don José. Fue un glaucoma, una enfermedad ocular que daña de forma progresiva el nervio óptico, la estructura encargada de llevar las imágenes desde el ojo hasta el cerebro.
Esto pausó por un tiempo la creación de nuevas figuras, pero posteriormente también fue el motor de felicidad y unión.
"Lo que vi con mi mirada, se me grabó en la memoria, por eso ahora lo dibujo en el barro", dice don José.
"Cuando estoy haciendo una escultura, le digo a mi esposa que la termine, porque ella es mis ojos, mi musa y mi tesorera", subraya.
Don José y doña Teresita ven el barro como un trabajo, pero también como una terapia. Este arte fue el conductor también para que después retomara las demás actividades de su vida.
"A mis hijos, a mi familia les voy a dejar un buen legado. Y a mi pueblo, una buena historia. He puesto en alto a Oaxaca, soy ese artesano invidente que, aun invidente, sigo trabajando".
"Ya no me queda tiempo, vivo el presente, vivo el hoy y si vivo mañana, ya es una obra divina".