Un estudio realizado durante cinco años por la Universidad Iberoamericana (IBERO) reveló que el 17 % de los niños de entre 1 y 4 años en el país (alrededor de 1.4 millones de menores) enfrentan intoxicación por plomo. La investigación, encabezada por la académica Alejandra Cantoral Preciado, advierte que este tóxico se encuentra en objetos y alimentos de uso diario sin que la gente lo note a simple vista.
Entre las principales fuentes de riesgo en los hogares destaca el uso de loza y ollas de barro vidriado. Este material representa el 47% de la exposición al plomo a nivel nacional debido a que suele prepararse con óxido de plomo.
También se identificaron concentraciones del metal en productos de consumo infantil, como cereales de arroz y fórmulas de soya, así como en agua, pinturas industriales, actividades de minería y el mal reciclaje de baterías.
El plomo acumulado en el cuerpo desde etapas tempranas provoca daños graves en la salud y el aprendizaje. Los científicos destacan que esta sustancia reduce en promedio de 4 a 6 puntos el coeficiente intelectual de las infancias, afectando su rendimiento escolar y sus oportunidades futuras.
El impacto no se limita a la niñez: las mujeres embarazadas en comunidades rurales, indígenas o de escasos recursos presentan los niveles más altos, lo que incrementa el riesgo de partos prematuros, bebés de bajo peso y complicaciones graves como la preeclampsia e hipertensión.
La investigación extiende la alerta a cuatro metales pesados de alto riesgo: plomo, mercurio, cadmio y arsénico. Todas estas sustancias representan una amenaza seria para la salud pública, incluso en concentraciones bajas, debido a sus efectos según la dosis ingerida y su capacidad de acumularse progresivamente en el organismo.
La evidencia científica recopilada por la IBERO ya se utiliza para ajustar las leyes y normas oficiales en México. Las autoridades trabajan en actualizar los límites permitidos de metales pesados en alimentos para bebés dentro de la Norma Oficial Mexicana (NOM-131-SSA1-2012), con la meta de avanzar hacia una Estrategia Nacional para la Eliminación del Plomo liderada por la Secretaría de Salud.