Existe una nueva moda que comenzó en los Estados Unidos y ahora domina en el Reino Unido: el mercado de los péptidos. Y el número de personas que los usan es cada vez más grande.
Una búsqueda rápida arroja cientos de ofertas para comprar estas moléculas que pueden influir en cómo funciona nuestro cuerpo.
Los péptidos tienen usos médicos legítimos como la insulina, pero también se han convertido en un nuevo mercado clandestino para quienes buscan músculos, perder peso o recuperarse más rápido.
La famosa actriz Jennifer Aniston acepta abiertamente inyectarse cada semana como parte de su régimen de belleza, y para mantenerse joven.
El problema es que muchos péptidos inyectables a la venta no han sido aprobados, son fáciles de comprar, y los envían a domicilio.
En un ejercicio, se adquirió un ejemplar cuyo vial (envase de vidrio), por ejemplo, fue mandado sin algo que mantuviera baja su temperatura. Algo obligatorio. Tras revisarse, está lleno de impurezas hasta un 90%.
Perdita Barran, del Instituto de Biotecnología en el Reino Unido, señala que "se trata de fármacos que se venden principalmente a los jóvenes. En primer lugar, están tomando dosis incorrectas, además de muchas otras cosas".
En los gimnasios, más y más personas se inyectan péptidos. No son esteroides, pero aun así, quienes los usan buscan músculo, recuperación, pérdida de grasa o mejor apariencia.
Cada vez más personas están experimentando con sustancias que no fueron diseñadas para ser utilizadas así, compradas en internet y administradas sin supervisión médica.
¿Cuándo dejó de ser un medicamento experimental y empezó a venderse como un suplemento para el gimnasio? Expertos, como el profesor Paul Knoefler, biólogo de células madre, creen que esto puede ser una bomba de tiempo.
"Lo que me preocupa es que dentro de 5 o 10 años veamos brotes de cáncer entre los usuarios de péptidos. Si hay células precancerosas por ahí y les estás ayudando a desarrollar nuevos vasos sanguíneos, podrías convertir una pequeña masa precancerosa en un cáncer".
Los usuarios buscan mejorar su cuerpo. El precio que tendrán que pagar es aún una incógnita para la ciencia.
Con información de Horacio Rocha Staines
ICM