En un recorrido de N+ Media por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), en Cuernavaca, estudiantes describen un clima de inseguridad marcado por las desapariciones y feminicidios de Kimberly, Carol Toledo Gómez, Michelle y Claudia Tacoronte, registrados en menos de siete meses. El reportaje documenta fallas en la vigilancia, amenazas telefónicas contra activistas y falta de respuesta de las autoridades universitarias y estatales.
Claudia, una estudiante española de 21 años que realizaba un intercambio académico en la UAEM, fue asesinada el 12 de septiembre en el estacionamiento de la Casa de Cultura de Cuautla. La Fiscalía de Morelos investiga el caso como feminicidio y vinculó a proceso a Francisco Javier “N”, alias “El Trompas”.
El crimen ocurrió después de que Claudia participara en una actividad sobre plantas medicinales. Alrededor de las 20:50 horas salió a cenar y se sentó en una banqueta del estacionamiento para fumar. Poco después comenzaron los gritos. De acuerdo con la Fiscalía, fue atacada con un cuchillo y murió por las lesiones.
Pero la violencia no se limita a un caso.
La noche del 26 de septiembre, dos estudiantes adolescentes de la Preparatoria Número Dos de la UAEM murieron en la colonia Chulavista, en Cuernavaca. La Fiscalía informó que abrió una investigación para esclarecer los hechos.
La UAEM confirmó a través de un comunicado que ambas víctimas eran estudiantes de la institución. La rectora de la universidad, Viridiana Aydeé León Hernández, exigió a la Fiscalía morelense que se realice una investigación pronta y exhaustiva que esclarezca los hechos y sancione a los responsables.
El miedo también aparece dentro de las aulas. Una estudiante entrevistada durante un recorrido por la universidad relató haber sido víctima de violencia sexual por parte de un compañero. Aseguró que hubo más denuncias y que, pese a ello, el señalado continuó vinculado con la institución.
Otros estudiantes hablaron de intentos de asalto y de dos jóvenes que, según su testimonio, fueron presuntamente abordadas para intentar llevárselas en un automóvil.
Morelos arrastra además una alerta de violencia de género emitida hace 11 años para distintos municipios. En el material consultado, estudiantes cuestionan que esa medida se haya traducido en mecanismos suficientes de prevención.
Las autoridades estatales anunciaron este año un plan integral de seguridad universitaria que contempla 5 mil cámaras, mil luminarias y 24 policías. Sin embargo, durante el recorrido por el campus, estudiantes señalaron que algunas cámaras no funcionan y mostraron accesos que, según describieron, carecen de vigilancia.
Uno de esos puntos colinda con una zona boscosa. El acceso permite entrar al campus sin encontrar una puerta, una pluma o una cabina de vigilancia.
A ello se suma otro temor: denunciar.
Estudiantes que participan en protestas y actividades para exigir seguridad aseguraron haber recibido llamadas, mensajes y amenazas. Uno de ellos relató que le advirtieron que podían “levantarlo” si no colaboraba con quienes investigaban la muerte de Kimberly.
"Vivir sin miedo no debería ser una exigencia radical, ese es nuestro derecho", lanzaron estudiantes que protestan por la falta de seguridad en la institución, sin ser escuchados por las autoridades.
La propia universidad tiene más de 40 mil estudiantes distribuidos en 48 unidades académicas. Para muchos, la inseguridad no comienza ni termina en el campus: forma parte del entorno de un estado que, de acuerdo con los testimonios recabados, sienten cada vez más cercano.
En Morelos, estudiar también significa aprender a identificar las zonas donde no conviene caminar solo, revisar quién está detrás al salir de clase y preguntarse si una protesta puede traer consecuencias.
Porque para estos estudiantes, vivir sin miedo no es una exigencia extraordinaria. Es, simplemente, el derecho de poder ir a la universidad y regresar a casa.