¿Cuál Es el Significado de las Velas en la Ofrenda de Día de Muertos: A Esta Hora se Encienden?
En México, el Día de Muertos es una festividad que rinde homenaje a los seres queridos que han partido del mundo de los vivos.

En México, el Día de Muertos es una festividad que rinde homenaje a los seres queridos que han partido del mundo de los vivos.

El misticismo que envuelve a la festividad de Día de Muertos no se comprendería sin las ofrendas o altares que se colocan para homenajear la memoria de los seres queridos que han partido del mundo de los vivos, y cada uno de los elementos que las componen, tales como velas, sal, agua, flores de cempasúchil, entre otros.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) ha reconocido esta celebración que emerge a partir del sincretismo de la cultura indígena y europea, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Según las creencias, las almas de seres queridos regresan desde el Mictlán -lugar de eterno descanso- para visitar a sus familias, y las velas y veladores que se colocan en el altar juegan un papel trascendental en este recorrido.
En años recientes, el Calendario de Día de Muertos con las fechas en las que las almas regresan a sus hogares se ha extendido desde el 28 de octubre. Aunque las fechas oficiales para la celebración de esta festividad, según la religión católica son el 1 de Noviembre, Día de Todos los Santos (niños) y el 2 de Noviembre, Día de los Muertos (adultos).
Incluso las mascotas han ganado territorio en la festividad, y el 27 de octubre se ha señalado como el día que perritos y gatitos vuelven a las ofrendas para disfrutar con sus familias.
En México la ofrenda de vive como un ritual vivo y colorido que oscila entre lo profano y lo sagrado: los vivos ofrecen a sus difuntos pan, sal, agua, vino y sus platillos favoritos en un homenaje tangible adornado con cempasúchil y papel picado.
Cada uno de los elementos tiene su importancia, y en conjunto muestran la mezcla cultural entre las costumbres europeas a indígenas que se transformaron hasta la festividad que conocemos hoy en día.
El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) del Gobierno de México señala que cuando falta alguno de los elementos esenciales, se pierde el encanto que rodea este patrimonio religioso.
Sin duda las velas son uno de los elementos que no pueden faltar en el altar de Día de Muertos, la flama que producen significa la luz y esperanza que guían el alma de los difuntos de regreso a sus antiguos hogares.
En la antigüedad se encendían rajas de ocote para mantener viva la flama, pero hoy en día se encienden velas, veladoras y ceras.
De acuerdo con el INPI, en algunas comunidades indígenas cada vela representa un difunto, de modo que el número de veladoras colocadas representa el número de almas que espera recibir una familia.
De colocarse en cruz, representan los cuatro puntos cardinales, para que el ánima pueda orientarse en su camino a su antigua morada.
El color de la cera también tiene un papel fundamental, mientras que las velas blancas representan paz y pureza (convirtiéndose en el color más utilizado), las moradas simbolizan duelo o luto.
Otra de las tradiciones antiguas consistía en trazar un camino con pétalos de flor de cempasúchil y velas desde el panteón hasta el hogar para guiar a las ánimas hasta su hogar.
En San Andrés Mixquic, en la alcaldía Tláhuac, cada 2 de noviembre se realiza "La Alumbrada", una celebración en la que las ceras iluminan las tumbas del Panteón y ofrecen una de las imágenes más reconocidas de esta festividad.
Desde la tarde, noche y madrugada del 1 de noviembre, las familias llegan al Camposanto para dar mantenimiento a las tumbas de sus seres queridos, las adornan con cempasúchil y veladoras que encienden durante la noche y madrugada del 1 y 2 de noviembre, mientras repican las campanas del templo.
Dado que la festividad de Día de Muertos abarca varios días, no existe una hora fija para encender las velas que se colocan en altares, ofrendas y tumbas.
Habitualmente durante los últimos momentos del día, y las primeras horas del 1 y 2 de noviembre se encienden las veladoras que alumbran el sendero de regreso de las almas.
Dado que las flamas serán la guía de los espíritus, lo recomendable es que estén encendidas hasta que se consuman, tomando medidas para evitar incidentes.
