Para las familias de personas desaparecidas, la vida puede cambiar por completo desde el momento en que dejan de saber qué ocurrió con su ser querido. En la alcaldía Tláhuac, Ciudad de México (CDMX), Rosa Isela Guzmán vive desde 2018 con esa incertidumbre, luego de que su hijo Luis Ángel López Guzmán fuera sacado por la fuerza de su casa por hombres armados. Desde entonces, la falta de respuestas ha impactado la salud emocional de toda su familia.
Luis Ángel tenía 25 años cuando desapareció el 26 de septiembre de 2018. De acuerdo con el testimonio de su madre, hombres armados ingresaron a su domicilio, ubicado en el barrio de La Conchita, en la alcaldía Tláhuac, y se lo llevaron. Han pasado años desde aquel día y Rosa continúa enfrentándose a la misma pregunta: ¿dónde está su hijo?
Rosa Isela Guzmán, madre de Luis Ángel, describe la desaparición como una experiencia que no afecta únicamente a quien busca, sino que transforma la dinámica de toda la familia. La incertidumbre constante, explica, se convierte en parte de la vida cotidiana y hace que cada nuevo día comience con la esperanza de obtener alguna respuesta.
“Cuando un hijo desaparece se va tu vida y no solo la tuya, la de tus familiares. Se quiebra todo. Emocionalmente esto es un horror. Todos los días te despiertas con la misma pregunta: ¿dónde está tu hijo? Eso es lo que te preguntas.”
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Familiares de Desaparecidos en México Lidian con ‘Duelo Congelado’
Desde la desaparición, Rosa duerme poco, enfrenta ansiedad y pensamientos repetitivos. También tuvo que cambiar de trabajo para disponer de más días para buscar a Luis. El impacto alcanzó a sus otros dos hijos, quienes, según relata, atraviesan una depresión profunda.
La ausencia de una respuesta también ha impedido que Rosa pueda cerrar uno de los episodios más dolorosos de su vida. No sabe qué ocurrió con Luis ni tiene certeza sobre su paradero.
Rosa explica así lo que significa vivir durante años sin conocer el destino de su hijo: “Yo siempre digo que todos los días muero y vuelvo a vivir porque es muy difícil no saber, no tener un cuerpo.”
La incertidumbre que enfrentan las familias ha llevado a terapeutas y especialistas en salud mental en México a profundizar en la atención de víctimas relacionadas con casos de desaparición. A diferencia de un duelo provocado por una muerte confirmada, las familias pueden permanecer durante años sin saber si su ser querido está vivo, dónde se encuentra o qué ocurrió con él.
Esa falta de certeza puede dificultar el proceso emocional. Rogelio Flores Morales, psicólogo experto en víctimas de desaparición forzada, se ha enfocado en comprender las consecuencias psicológicas que provoca la ausencia de un familiar cuando no existe una respuesta definitiva.
El especialista explica que en psicología este fenómeno puede entenderse como una “pérdida ambigua”, debido a que la persona está físicamente ausente, pero continúa teniendo una fuerte presencia emocional en su familia.
“En el caso de la desaparición forzada ocurre algo que nosotros llamamos ‘pérdida ambigua’, es decir, hay una ausencia física, pero hay una presencia emocional. Entonces, esa ambigüedad, esa incertidumbre, impide que el duelo se lleve a cabo. En psicología lo llamamos ‘duelo congelado o duelo prolongado’.”
Aunque las víctimas pueden recibir atención psicológica individual para enfrentar las consecuencias emocionales de una desaparición, especialistas señalan que el acompañamiento colectivo también puede desempeñar un papel importante. Participar en colectivos de búsqueda permite a algunas familias compartir experiencias con personas que atraviesan situaciones similares y sentirse acompañadas durante un proceso que puede prolongarse durante años.
Sin embargo, la atención psicológica no puede sustituir las respuestas que demandan las familias. Para Flores Morales, enfrentar las consecuencias de una desaparición requiere también investigaciones capaces de esclarecer qué ocurrió. Desde esta perspectiva, conocer la verdad y acceder a la justicia forman parte de un proceso que trasciende la atención individual.
Flores Morales sostiene que la incertidumbre que enfrentan las familias no puede resolverse únicamente mediante terapia. Aunque el acompañamiento psicológico puede proporcionar herramientas para afrontar el impacto emocional, considera indispensable la intervención de las autoridades para investigar los casos y ofrecer respuestas.
Para el especialista, la búsqueda de la verdad y el acceso a la justicia pueden tener también un efecto reparador. Mientras no se conozca el destino de la persona desaparecida, las familias pueden permanecer atrapadas entre la esperanza, el miedo y una ausencia que no tiene un desenlace definido.
Rogelio Flores Morales señala que esa responsabilidad recae principalmente en las instituciones encargadas de investigar y esclarecer las desapariciones.
“Yo creo que la principal ayuda debe partir del Estado, del gobierno, porque la incertidumbre no se va a solucionar a partir de un ejercicio psicopersonal, sino a través de la intervención de la justicia y de la verdad, de la cual el Estado es el responsable de llegar a eso.”
Para Rosa y otras familias que buscan a sus seres queridos, la dimensión emocional de una desaparición está directamente relacionada con una pregunta que puede repetirse durante meses o años. Mientras no haya una respuesta sobre dónde están, la incertidumbre permanece y el duelo difícilmente puede encontrar un cierre.