Las marcas que Daniela Parra conserva en el cuello son el recuerdo de una agresión que, de acuerdo con su denuncia, estuvo a punto de costarle la vida en el Estado de México (Edomex). La joven señala como presunto responsable a su expareja, Kevin Arturo “N”, un hombre con quien, según su testimonio, estaba a punto de casarse. Pese a la gravedad de las heridas y a que asegura haber sufrido un paro cardíaco, el caso fue clasificado judicialmente como lesiones y no como feminicidio en grado de tentativa.
Daniela relató que durante la agresión fue atacada con una navaja de rasurar. Según su versión, sufrió una herida en el cuello que afectó gravemente su yugular y puso en riesgo su vida. El episodio no solo le dejó secuelas físicas y psicológicas, sino también temor ante la posibilidad de que el hombre al que acusa pueda volver a acercarse a ella o agredir a otra mujer.
Al recordar lo ocurrido, Daniela describió una agresión que habría comenzado cuando su entonces pareja se acercó a ella y realizó un comentario sobre su rostro y su cuello. Segundos después, según su testimonio, utilizó una navaja de rasurar para herirla. La víctima asegura que fue sujetada por detrás y sufrió un corte de extrema gravedad en el cuello.
Daniela Parra, quien denuncia haber sido víctima de una tentativa de feminicidio, narró así el momento del ataque:
“Él se me acerca y me dice que bonita tenía mi cara y mi cuello y ahí fue cuando él me cortó con una navaja de rasurar. Él me agarró por atrás y me puso la mano en el cuello. Ahí fue donde él me cortó el cuello, me cortó lo que es el 80% de la yugular.”
La gravedad de las lesiones obligó a que Daniela recibiera atención hospitalaria en el Estado de México. De acuerdo con su testimonio, durante la emergencia sufrió un paro cardíaco y tuvo serias dificultades para respirar debido a la herida que presentaba en la garganta. Ella asegura que estuvo al borde de perder la vida.
Sobre los momentos posteriores a la agresión, Daniela sostiene que su condición llegó a ser crítica. La joven afirma que el paro cardíaco ocurrió mientras enfrentaba las consecuencias de las heridas y que llegó a sentir que ya no podía respirar. Ahora, además de recuperarse de las secuelas, exige que su caso sea investigado y sancionado de acuerdo con la gravedad de los hechos que denuncia.
Daniela describió de esta manera lo que vivió durante la emergencia médica:
“Yo sentí que me moría. Después de que me dio el paro cardíaco yo ya no aguantaba, yo ya no podía respirar, yo traía la garganta abierta. Gracias a Dios estoy viva y estoy luchando porque se me haga justicia.”
Sin embargo, el proceso judicial tomó un rumbo que Daniela y su defensa cuestionan. La jueza María del Carmen Quiroz determinó vincular a proceso al acusado por el delito de lesiones, en lugar de hacerlo por feminicidio en grado de tentativa. Como consecuencia de esa clasificación jurídica, Kevin Arturo “N” enfrentaría el proceso en libertad y se le habría fijado una garantía económica de 30 mil pesos.
Durante la resolución judicial, la jueza María del Carmen Quiroz estableció la clasificación por lesiones. La determinación resulta especialmente relevante para la víctima debido a la diferencia entre ese delito y la tentativa de feminicidio que ella denuncia. La defensa cuestiona que, al analizar el caso, no se hubiera dado suficiente peso al riesgo de muerte que, asegura, enfrentó Daniela después de resultar herida.
La jueza María del Carmen Quiroz expresó durante la resolución:
“Se va a decretar un auto de vinculación a proceso por el hecho delictuoso de lesiones cometida en agravio de la víctima de identidad resguardada.”
La asesora jurídica de Daniela, Samantha Castellanos, sostiene que la resolución no habría atendido adecuadamente la obligación de juzgar con perspectiva de género. Entre los elementos que considera relevantes se encuentran la zona del cuerpo donde Daniela fue herida, la gravedad de las lesiones y el paro cardíaco que, según la defensa, se prolongó durante aproximadamente cuatro minutos.
Para Samantha Castellanos, el riesgo que enfrentó Daniela debía tener un peso central al momento de determinar la clasificación jurídica de los hechos. La asesora considera que las circunstancias de la agresión denunciada y las consecuencias médicas ameritaban un análisis con perspectiva de género y mayor sensibilidad hacia la situación de la víctima.
Castellanos cuestionó de esta manera la actuación judicial:
“No dejemos de lado que ella durante 4 minutos cae en un paro, entonces estamos frente a una persona que regresa de la muerte. La juez María del Carmen Quiroz tuvo una actitud en la cual no juzgó con perspectiva de género, en la cual no tuvo esa sensibilidad. Tendríamos que haber tenido esa sensibilidad frente a una mujer que estuvo a unos minutos de perder la vida.”
Además, de acuerdo con la información proporcionada por la víctima, Kevin Arturo “N” estaría relacionado con otro caso de presunto abuso sexual contra una mujer y habría utilizado redes sociales para contactar a posibles víctimas. Estos señalamientos corresponden a acusaciones que deberán ser esclarecidas por las autoridades competentes y no implican por sí mismos una declaración de culpabilidad.
Actualmente, Daniela asegura vivir con secuelas físicas y psicológicas derivadas de la agresión. A ello se suma, afirma, una sensación de revictimización por la respuesta que ha recibido dentro del proceso judicial. El hecho de que el acusado enfrente el procedimiento en libertad incrementó su preocupación y la llevó a cuestionar públicamente qué tendría que ocurrir para que las autoridades actúen de manera distinta.
Daniela expresó que teme tanto por su propia seguridad como por la posibilidad de que otra mujer resulte agredida. Su exigencia es que las autoridades revisen el caso y que los hechos sean analizados considerando la gravedad de las lesiones que sufrió.
“Las autoridades no hacen su trabajo, yo no sé qué están esperando, tengo mucho miedo. Se me hace algo injusto lo que están haciendo. Han de querer que esa misma persona, mi agresor Kevin N, vuelva a hacerle a otra persona, a otra mujer, que le vuelva a hacer daño.”
El caso de Daniela mantiene en el centro de la discusión la clasificación jurídica de una agresión que, según su testimonio y el de su defensa, puso su vida en peligro. Mientras busca recuperarse de las secuelas, ella insiste en una exigencia: que su denuncia sea revisada con perspectiva de género y que se haga justicia.