La ciudad de Palangka Raya, en la parte indonesia de la isla de Borneo, amanece con una espesa capa de contaminación.
La permanente bruma tóxica de los incendios forestales desde hace meses ya ha provocado problemas respiratorios a miles de habitantes.
Alexandra Surya Habsari afirma que “se supone que deberíamos poder ver el cielo azul, respirar oxígeno, ver el sol y disfrutar de aire limpio. Pero, en estas condiciones, lo que respiramos es veneno".
Cada día, el cielo se tiñe de naranja y amarillo, en medio del denso humo que dejan los incendios forestales en la capital de Kalimantan Central.
La falta de lluvia, la escasez del agua en la región y un fenómeno de El Niño cada vez más extremo han empeorado el índice de contaminación atmosférica a niveles superiores de mil.
Solo como dato, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que valores arriba de 300 son nocivos para el ser humano.
Alexandra se pregunta cuándo desaparecerá esta bruma. "Antes, la crisis de la bruma solía durar dos meses, pero esto ya supera con creces lo que un ser humano puede soportar".
Los hospitales se han visto sobrepasados por la cantidad de gente que llega con problemas respiratorios. Según el Ministerio de Salud de Indonesia, entre agosto y octubre, más de 300 mil personas en siete provincias sufrieron infecciones en las vías respiratorias.
Siti Jumiati, residente en Palangka Raya, dice: “Me arden los ojos; a veces tengo dolor de garganta y tos. El aire no es saludable".
Para tratar de controlar esta crisis de salud, las autoridades pusieron en marcha unidades móviles equipadas con tanques de oxígeno, para brindar a la población un refugio a bordo de autobuses con personal médico que proporciona sesiones de 5 a 10 minutos.
Yuda, miembro del personal médico, explica que atienden casos muy variados, “pero la mayoría están relacionados con enfermedades respiratorias. Los pacientes presentan tos y dificultad para respirar, ya que hace unos días la bruma era tan densa que se veía de color amarillo”.
Indonesia vive actualmente su peor temporada de incendios en más de una década, con más de 2 millones de hectáreas calcinadas en lo que va del año.
Las altas temperaturas que se prolongaron por más de cuatro meses impidieron la disipación habitual del humo y provocaron una bruma que se extendió a varios países del sudeste asiático, complicando el combate contra los focos activos.
Con información de Uriel Arellano
ICM