La derechista Keiko Fujimori aventaja levemente al izquieridista Roberto Sánchez en los sondeos a boca de urna en un reñido balotaje presidencial este domingo en Perú, marcado por la inestabilidad política y la criminalidad.
Fujimori obtiene 50,7% frente 49,3% de Sánchez, según la encuestadora privada Ipsos; y 50,5% contra 49,5%, de acuerdo con Datum, lo que muestra prácticamente un empate técnico.
Los peruanos se dieron cita en las urnas este domingo para elegir al noveno presidente de Perú en una década, entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez.
Keiko, hija del expresidente autócrata Alberto Fujimori (1990-2000), enfrenta en su cuarto intento de llegar a la presidencia a Sánchez, quien repuntó en la última recta hasta igualarla en las encuestas.
La votación de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú concluyó tras diez horas de sufragio, y acto seguido comenzó el escrutinio, que se anticipa largo y sin previsión de ofrecer un ganador rápidamente.
Balotaje en Perú, sin incidentes relevantes
Alrededor de 10 mil recintos de votación cerraron sus puertas a las 17:00 hora local (16:00 hora del centro de México) en el territorio nacional para culminar una jornada que se desarrolló sin incidentes de importancia, alejada de los grandes retrasos en la apertura de numerosos colegios en la capital del país, Lima, vividos en la primera vuelta.
Todas las mesas electorales fueron instaladas y la votación fluyó, pese a algunos incidentes aislados que dieron lugar a la detención de dos personas por supuestamente haber marcado papeletas de votación, mientras que también hubo un intento por tomar un local en la sureña región de Puno, de acuerdo al reporte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
El escrutinio que comienza en la tarde de este domingo puede extenderse por días o incluso semanas, como ocurrió en las dos elecciones presidenciales anteriores, que se definieron por una diferencia de apenas 40 mil votos que privaron a Fujimori en ambas ocasiones de convertirse en la primera mujer presidenta del país.
Hacia las 20.00 hora local está previsto que Transparencia, junto a la encuestadora Ipsos, publique una proyección de resultados que en la primera vuelta resultó bastante precisa respecto a la foto final de los comicios.
Los dos candidatos esperarán a conocer los resultados en Lima, con Fujimori en un hotel del distrito de San Borja donde ella vota y reside, y con Sánchez en los exteriores de Barbadillo, la cárcel reservada exclusivamente para expresidentes, donde está recluido el exmandatario Pedro Castillo (2021-2022).
Sánchez se trasladará posteriormente al local de su partido Juntos por el Perú y también se prevé que visite el local del partido Obras, del excandidato presidencial Ricardo Belmont, quien le dio su respaldo para esta segunda vuelta.
En esta segunda vuelta de las elecciones presidenciales se enfrentan Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000); y Sánchez, escudero y representante de Castillo.
Más de 27.3 millones de peruanos estaban convocados a las urnas para elegir a la opción que obtendrá el derecho de gobernar el país por los próximos cinco años (2026-2031), lo que supone el noveno presidente del país en los últimos diez años, tras una década de inestabilidad política por una sucesión de destituciones presidenciales promovidas desde e Parlamento.
Inseguridad, la mayor preocupación
Pese a la desilusión política, la mayor preocupación de los peruanos es la inseguridad en un país donde proliferan las bandas criminales y las denuncias de extorsión aumentaron nueve veces en cinco años.
"Es lo más crítico. Espero que acaben con la delincuencia", aseguró a AFP Carlos Altamirano, ingeniero de 49 años, tras votar en el norte de Lima.
Fujimori receta mano dura: militarizar cárceles y zonas conflictivas, y expulsar migrantes para acabar -dice- con la "lacra social" con la "misma fuerza" con que su padre venció a la insurgencia en los años 1990.
Sánchez propone encarar la corrupción en la policía y la justicia, ante lo que denuncia como una complicidad de élites políticas con la criminalidad.
Su base social está en el campo empobrecido y abandonado, donde la inseguridad es menor. Fujimori la tiene en Lima, que de 2020 a 2025 triplicó la tasa de homicidios, para llegar a un índice de 23 por cada 100.000 habitantes.
Con información de EFE y AFP.