En México, la creciente popularidad de la semaglutida y la tirzepatida para perder peso ha encendido las alertas de las autoridades sanitarias. Aunque estos medicamentos pueden conseguir reducciones importantes de peso en determinados pacientes y bajo vigilancia médica, su uso sin supervisión, la compra por internet y la aparición de productos falsificados pueden representar un serio riesgo para la salud.
La semaglutida y la tirzepatida fueron desarrolladas para atender enfermedades metabólicas y actualmente tienen distintas indicaciones dependiendo del medicamento, su presentación y las características del paciente. Sin embargo, sus efectos sobre el apetito y el peso corporal han provocado que algunas personas recurran a ellas únicamente para adelgazar, incluso sin contar con una valoración médica.
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) ha advertido sobre la automedicación con este tipo de fármacos y sobre productos que se comercializan de manera irregular. El problema cobra especial relevancia ante una demanda que también ha abierto la puerta a falsificaciones y ventas mediante canales no autorizados.
La semaglutida pertenece al grupo de medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1. Se utiliza para tratar la diabetes tipo 2 y, en determinadas presentaciones y pacientes, para el manejo del sobrepeso y la obesidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la semaglutida ayuda a reducir los niveles de glucosa y puede disminuir el apetito. Este efecto puede favorecer la pérdida de peso en adultos con sobrepeso u obesidad, particularmente cuando existen problemas de salud relacionados con el peso.
La tirzepatida, por su parte, actúa sobre los receptores GIP y GLP-1. Su popularidad ha aumentado debido a sus efectos sobre el control de la glucosa y la reducción del peso corporal.
Además de intervenir en el control de la glucosa, estos medicamentos pueden disminuir el apetito y retrasar el vaciamiento gástrico, lo que genera una mayor sensación de saciedad. Precisamente por esos efectos, su uso requiere valoración y seguimiento profesional.
Que estos medicamentos puedan producir una pérdida considerable de peso en determinados pacientes no significa que deban utilizarse para adelgazar por cuenta propia. La respuesta al tratamiento, la dosis y los posibles riesgos dependen de las condiciones de salud de cada persona.
La doctora Alma Pérez, neuroendocrinóloga de la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología, explica que los beneficios metabólicos pueden ir más allá de la pérdida de peso, pero también advierte sobre la aparición de efectos adversos.
“Sí, mejoran niveles de glucosa, resistencia a la insulina, mejora hígado graso, mejora síndrome de ovario poliendócrino metabólico, sí mejora cuestiones cardiovasculares, sí puede ser que se baje un 12%, un 14%. Los efectos adversos casi siempre son gastrointestinales”.
Entre los efectos secundarios más frecuentes de este grupo de medicamentos se encuentran náuseas, vómito, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal e indigestión. Cofepris ha advertido que utilizarlos sin supervisión médica puede ocasionar efectos adversos y, en determinados casos, complicaciones que requieren atención especializada.
Uno de los mayores peligros no necesariamente está en el medicamento cuando existe una indicación adecuada, sino en utilizarlo sin diagnóstico, recurrir a dosis incorrectas, abandonar el seguimiento médico o comprar productos cuya procedencia y contenido no pueden comprobarse.
Algunos eventos graves asociados con estos tratamientos requieren valoración médica individual. Entre los problemas que deben vigilarse se encuentran alteraciones pancreáticas, trastornos de la vesícula biliar y complicaciones relacionadas con el vaciamiento gástrico.
La experiencia de Lupita muestra por qué el seguimiento durante el tratamiento resulta importante. Ella decidió abandonar las inyecciones después de seis meses, tanto por sus efectos adversos como por el costo. Durante sus controles médicos, asegura, aparecieron alteraciones en sus enzimas pancreáticas.
“Lo tomé durante seis meses, logré bajar 10 kilos. Lo dejé porque entre los controles que hizo el médico hubo unas enzimas que me salieron muy, muy altas, unas enzimas pancreáticas. Me dio miedo de sufrir una de las causas que dicen de los efectos secundarios, que es tener pancreatitis”.
El costo es otro factor que rodea el uso de estos medicamentos. El precio puede cambiar considerablemente según la molécula, presentación, dosis, establecimiento y, en ciertos casos, el servicio de aplicación, por lo que no existe una cantidad única que todos los pacientes deban pagar.
De manera aproximada, un tratamiento con semaglutida inyectable puede alcanzar entre 5 mil y 9 mil 500 pesos mensuales en México, dependiendo de la dosis y de quién aplique el medicamento. Esto significa que, tomando ese rango únicamente como referencia, seis meses podrían representar un desembolso de entre 30 mil y 57 mil pesos.
El costo y la elevada demanda también pueden impulsar a algunas personas a buscar opciones más económicas en internet o redes sociales. Es justamente en estos canales donde las autoridades han detectado comercialización irregular, lo que añade un riesgo adicional al tratamiento.
La falsificación se ha convertido en otro de los focos de atención. En marzo de 2026, Cofepris emitió una alerta sobre productos falsificados de Ozempic, cuya sustancia activa es semaglutida. En mayo del mismo año volvió a advertir sobre otra presentación falsificada.
Además, en marzo de 2026, Cofepris y la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) alertaron sobre productos con tirzepatida comercializados de forma ilegal y sin registro sanitario para su distribución en México. Las autoridades recomendaron no adquirirlos y reiteraron la importancia de utilizar estos medicamentos únicamente bajo prescripción médica.
La preocupación no se limita al país. La Organización Mundial de la Salud también ha emitido alertas relacionadas con medicamentos falsificados que contienen semaglutida. Un producto de origen desconocido puede contener una dosis incorrecta, sustancias contaminantes o ingredientes distintos de los declarados, con el consecuente riesgo para quien lo consume.
La popularidad de las inyecciones para bajar de peso ha provocado que algunas personas recurran a ellas exclusivamente con fines estéticos, aun cuando no existe una indicación médica. El problema puede agravarse cuando la reducción del apetito ocasiona una ingesta insuficiente de alimentos y no existe seguimiento profesional.
La psiquiatra Aromi Hirata, de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, relata que ha atendido situaciones en las que pacientes utilizaron estos medicamentos después de recibir recomendaciones de otras personas, sin que fueran indicados específicamente para ellos.
“En mi consulta tengo pacientes que llegan de que se aplicaron este medicamento que no está indicado para el paciente, que lo compraron porque alguien se los recomendó, se lo aplicaron, dejaron de comer una semana, y el familiar o alguien más me dice: ‘¡Es que se desmayó!’. Y ya cuando uno los interroga: ‘¡Es que no han comido en una semana!’. Y eso obviamente es un riesgo muy grande para la salud”.
Este tipo de casos evidencia por qué perder el apetito no debe confundirse con un tratamiento seguro para bajar de peso. Una reducción extrema de la ingesta puede ocasionar problemas de salud y requiere atención, especialmente si aparecen síntomas como desmayos o un deterioro importante del estado general.
Cofepris ha advertido expresamente contra la automedicación con agonistas del receptor GLP-1 y sostiene que su utilización debe realizarse con prescripción y supervisión de profesionales de la salud. La recomendación cobra todavía mayor importancia cuando los productos se ofrecen mediante redes sociales, sitios de internet o vendedores cuya autorización y cadena de suministro no pueden comprobarse.
Durante 2026, la autoridad sanitaria reportó publicidad irregular de medicamentos en redes sociales y plataformas digitales. Entre los productos identificados en anuncios ilícitos aparecieron Wegovy, tirzepatida y Ozempic.
La combinación de popularidad, alto costo y facilidad para encontrar ofertas en internet puede crear un escenario de riesgo para quienes buscan bajar de peso rápidamente. Antes de utilizar semaglutida, tirzepatida o medicamentos relacionados, es indispensable contar con una valoración médica que determine si realmente existe una indicación, cuál es la dosis apropiada y qué seguimiento necesita cada paciente.