Durante décadas, Sinaloa convivió con una narrativa que normalizó al narco como parte de su identidad: la música, la estética, los códigos. La narcocultura no era un fenómeno ajeno, era el paisaje. Pero algo está cambiando.
Después de meses de violencia que paralizaron Culiacán y de una crisis política que sacó al gobernador del cargo, en la entidad hay una generación que empieza a cuestionar lo que antes se celebraba.
Entre ellos están los estudiantes que forman parte del taller musical "La paz es posible", impulsado por el rapero Bony Gálvez en la Secundaria Técnica 80, en la colonia Los Huizaches, una de las zonas más conflictivas de la periferia sur de Culiacán.
El promotor de la cultura Hip-Hop afirmó que se trata de dar oportunidades a los niños para que no vean un atractivo en las armas. La música, apuntó, es un arma revolucionaria para construir la paz en una ciudad azotada por disputas criminales desde hace meses.
"Un niño con un micrófono, con un instrumento musical en sus manos, con un lápiz o dándoles la voz para que puedan expresar lo que sienten, es un niño, es un joven menos con un arma en las calles, que es lo que más necesitamos aquí en Sinaloa, hoy y siempre y en el resto del país", dijo a N+.
"La música, para mí, es algo que mueve, revoluciona e impacta en la sociedad y más en los jóvenes, entonces yo me di cuenta que a partir de la música podíamos entrar a ellos para lo que era la construcción de paz", señaló.
En lo que va del año, el rapero sinaloense ha impartido 11 talleres en primarias y secundarias públicas de Culiacán. Como él, otros músicos locales se han alejado de los discursos que exaltan la violencia.
Manuel Delgado y su grupo dejaron de interpretar narcocorridos y volvieron a los clásicos norteños. Todavía se los piden y la gente se enoja si las solicitudes no son atendidas, pero los músicos resisten.
"Tocar canciones que den un mensaje, que alienten a la juventud, a los adolescentes, porque si ves ahorita la mayoría de los delitos los cometen los adolescentes, porque ya llevan en su dejo esas letras", comentó.
"Te dicen: 'Tócame el corrido fulano'. Oiga, no nos lo sabemos, y se molestan, se enojan, y nosotros nomás nos esperamos a que pidan otra canción", añadió.
Distanciarse de la 'buchonada'
Recientemente en Sinaloa se ha ido gestando una transformación social y cultural en la que la narrativa que durante años normalizó al narco como parte de la identidad regional se ha debilitado.
Ingris Espinoza, habitante de Culiacán, dijo que decidió alejarse de la estética buchona. Redujo sus implantes de busto y, próximamente, también el relleno de sus labios. Su caso se suma a un fenómeno que se ha extendido durante el último año.
"Lo que nos caracterizaba en Sinaloa pues era eso, una mujer voluptuosa, con pechos grandes, nalgas grandes, entonces ahora pues venimos evolucionando", planteó.
"Era la narcocultura que teníamos y ahora, pues ya estamos en otra época donde ya no estamos viendo bien, pues la narcocultura, la verdad", aseguró.
Luis Alberto Soto, presidente del Colegio de Cirujanos Plásticos de Sinaloa, confirmó a N+ que las mujeres culichis ya no buscan verse "buchonas", sino algo más sencillo.
"Ahora ya prácticamente la mujer prefiere verse sencilla, libre, tranquila, sin todo ese peso que antes le daba, lo llamado la 'buchonada', el estar presumiendo volúmenes o glúteos o mini cinturas.
"La paciente o la mujer quiere estar fuera de ese estigma", añadió en entrevista.
Luchando desde el arte visual y el box
Tomar distancia de la narcocultura también ha impulsado respuestas colectivas que buscan reconstruir el espacio público.
Iván Velásquez, director de SUMA-Sociedad Unida, organización que impulsa estos proyectos, dijo que los murales son una vía para recordar a la población que no todo gira alrededor del narco en las calles de Culiacán.
"Cuando pasamos y vemos bardas coloridas con mensajes amenos, pues nos recuerda que no todo es violencia en Culiacán, que no todo es narcocultura, sino que detrás de todos estos sucesos, que son muy llamativos y muy lamentables, habemos una comunidad capaz de ser resiliente", sostuvo.
"Eso también es lo que somos en Culiacán, esa es la otra cara de la moneda", dijo.
Desde 2024, cuando comenzó la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, el proyecto "Vamos pintando" ha realizado más de 2 mil 600 murales con mensajes de paz, principalmente en colonias con alta incidencia delictiva.
Luis González Medina, artista visual, señaló que los murales son un símbolo de esperanza entre los culichis.
"La paz es muy poderosa, los murales tienen mucho poder de transformación, el arte tiene mucho poder de transformación, entonces el hecho de estarlo viendo y comentarlo, pues de cierta manera siento que ayuda (a) dar un poco de esperanza a la comunidad", agregó.
En esta iniciativa han participado más de 50 artistas, junto con estudiantes y habitantes de la ciudad.
Gabriela Camacho, responsable del proyecto "Vamos pintando", insistió en que el desafío es contra la nacrcocultura tan arraigada en la sociedad sinaloense desde hace años.
"El objetivo de este proyecto es, ante la desventaja que traíamos con esta cultura de la violencia, construir las bases de una cultura orientada hacia lo positivo que sucede en Culiacán: el deporte, la identidad, la naturaleza.
"Lo primero es proyectar el Culiacán que queremos", apuntó.
En colonias periféricas de la ciudad también han surgido proyectos como Ares Box, un centro deportivo para niños y jóvenes de escasos recursos.
Andrés Carreón, director del lugar, dijo que los eventos deportivos "se apagaron" debido a la narcoviolencia, pero buscan que los niños y niñas se interesen por disciplinas como el box.
"En general los deportes han estado muy apagados en la ciudad por el mismo tema que nos acecha, que es la violencia. La idea es acercarnos a los niños o acercarnos a los jóvenes en zonas vulnerables de la ciudad para que vean que también nos podemos enfocar en deporte y en cosas sanas, no nada más en estar en la calle.
"Considero 100 por ciento que se van a alejar de cualquier vicio, se van a alejar de las calles, se van a alejar de esas malas relaciones", confió.
Pedrito, un vecino de Culiacán, contó cómo ha cambiado su vida luego de unirse al proyecto.
"En la tarde no hacía nada, si salía solo, salía a jugar con mis amigos. Ahorita vengo a entrenar", dijo.
Así, entre deporte, música y pintura, en Culiacán intentan escribir una nueva historia desde la comunidad, la convivencia y la reconstrucción social, que apuntan a una ciudad distinta.
Con información de Víctor Valles-Mata y Víctor Olvera
ASJ