Ante la fuerte competencia por ingresar a universidades públicas en la Ciudad de México (CDMX), aspirantes recurren a cursos privados que prometen elevar sus posibilidades de obtener un lugar en instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Algunos llegan a promocionar altas tasas de éxito e incluso supuestas garantías de ingreso, pese a que pagar por estos servicios no asegura ser seleccionado.
La oferta puede resultar especialmente atractiva para jóvenes y familias que enfrentan un proceso de admisión altamente competido. Sin embargo, las experiencias de aspirantes muestran que las promesas publicitarias no necesariamente se traducen en un resultado favorable. Además, la UNAM y la UAM han señalado que no tienen vínculo con cursos privados de preparación ni avalan las garantías de ingreso que algunos negocios ofrecen.
Detrás de las cifras y las promesas existen historias de aspirantes que destinaron miles de pesos a prepararse. Uno de ellos es Diego, quien pagó más de 6 mil pesos por un curso para presentar el proceso de admisión del Instituto Politécnico Nacional. De acuerdo con su testimonio, le hablaron de un porcentaje de éxito cercano al 80%, lo que aumentó su confianza en las posibilidades de conseguir un lugar. Finalmente, Diego no fue seleccionado.
Diego recordó de esta manera lo que le dijeron sobre las posibilidades que tendría después de contratar el servicio:
“Sí me dijeron que tenía una tasa de porcentaje del 80%, si no mal recuerdo, y que pues sí era muy seguro que podías quedar”.
Su experiencia no es la única. Fernanda recurrió a dos cursos de preparación durante sus intentos por ingresar a la UNAM y a la UAM. Durante su búsqueda encontró opciones considerablemente más costosas que utilizaban como atractivo la promesa de asegurar un lugar.
Fernanda explicó qué tipo de publicidad encontró al comparar alternativas:
“Sí encontramos cursos que eran con un costo muchísimo más elevado, pero justamente ofrecían la garantía de: ‘oye, ¿sabes qué? Yo te aseguro que tú te vas a quedar’”.
El gasto puede convertirse en una cantidad importante para las familias. Los cursos privados se promocionan principalmente mediante redes sociales y folletos, con precios que pueden ir desde aproximadamente mil hasta 30 mil pesos, dependiendo del servicio y las características del programa contratado. Entre lo que suelen ofrecer se encuentran clases, guías de estudio, simuladores, exámenes diagnósticos, asesorías, bancos de preguntas y seguimiento personalizado para los aspirantes.
Las propias universidades públicas cuentan con temarios, guías y materiales para orientar la preparación. Aun así, algunos estudiantes deciden pagar por servicios adicionales atraídos por la posibilidad de tener acompañamiento y, en ciertos casos, por mensajes publicitarios que sugieren resultados favorables. Uno de los aspirantes consultados describió las promesas que encontró durante su búsqueda:
“Me encontré con muchísimos cursos, varios prometían muchísimas cosas como: ‘te garantizamos quedarte en tu primera opción’”.
Para conocer qué hay detrás de este tipo de ofertas, N+FORO contactó a más de 20 negocios dedicados a preparar aspirantes para los procesos de admisión de universidades públicas. Algunas de las respuestas proporcionadas hicieron referencia a porcentajes de aceptación o atribuyeron los resultados a factores como la asistencia y permanencia de los alumnos durante las sesiones. Esto resulta relevante porque una alta tasa reportada por un curso no equivale necesariamente a una garantía individual de ingreso.
Uno de los negocios consultados habló de su índice de alumnos que no consiguen ser aceptados:
“El índice de reprobación es reducido. Estamos hablando de un poquito menos del 10% de la no aceptación”.
Otro de los establecimientos condicionó el resultado al nivel de asistencia y compromiso del estudiante durante el programa:
“Quien acude a todas las sesiones, no falta, llega temprano, se queda. Quien viene a la mitad del horario del curso, quien falta, quien se sale antes, pues no se queda. Y eso te lo digo en cualquier curso, en cualquier curso sería lo mismo”.
Estas respuestas muestran la importancia de que los aspirantes revisen con detalle qué significa realmente una “garantía” antes de pagar. También conviene preguntar cómo se calculan los porcentajes de éxito anunciados, qué condiciones aplican y qué ocurre si el estudiante finalmente no obtiene un lugar.
La preparación académica es una parte importante del proceso, pero no es el único factor que puede influir el día de la evaluación. Especialistas advierten que la ansiedad y la calidad del sueño también pueden afectar el desempeño de los aspirantes. Un estudiante puede haber estudiado durante meses y, aun así, enfrentar dificultades para concentrarse o responder bajo la presión que representa un examen del que puede depender su ingreso a la universidad.
En ese contexto, un curso puede funcionar como herramienta para reforzar conocimientos, practicar mediante simuladores y familiarizarse con el formato y el tipo de preguntas. Sin embargo, las promesas publicitarias no deberían ser el único criterio para contratarlo. El aspirante también puede revisar el contenido del programa, la experiencia de quienes lo imparten y, especialmente, las condiciones asociadas con cualquier porcentaje o garantía anunciada.
Hay un dato que los aspirantes deben conocer antes de entregar dinero: la UNAM y la UAM han señalado que no tienen vínculo con los cursos privados de preparación para sus procesos de admisión y tampoco avalan las garantías de ingreso ofrecidas por estos negocios. Esto significa que contratar uno de estos servicios no representa una vía oficial para conseguir un lugar ni sustituye los requisitos establecidos por cada institución.
Antes de pagar, los estudiantes pueden consultar directamente las convocatorias, temarios, guías, requisitos y materiales difundidos por las universidades. Hacerlo también permite comparar la información oficial con lo que ofrece un negocio privado y detectar promesas que puedan generar expectativas poco realistas. La decisión de contratar un curso puede tomarse como un complemento de preparación, pero no como un pase asegurado a la universidad.
La popularidad de estos cursos ocurre en medio de una fuerte competencia por los lugares disponibles. En la UNAM, aproximadamente uno de cada siete aspirantes que participa en el concurso de selección logra ingresar, mientras que en el IPN la proporción promedio es cercana a uno de cada cuatro. Las cifras ayudan a dimensionar por qué mensajes como “te garantizamos quedarte” pueden resultar especialmente atractivos para estudiantes que buscan aumentar sus posibilidades.
La alta demanda, sin embargo, también implica que ningún servicio privado puede sustituir la preparación individual ni asegurar por sí solo un lugar. Antes de gastar hasta 30 mil pesos, es recomendable comprobar qué incluye el curso, conocer sus condiciones y revisar cómo sustenta sus estadísticas de éxito. Sobre todo, los aspirantes deben contrastar cualquier promesa de ingreso con la información oficial publicada por la universidad a la que desean entrar.
Con información de Astrith Tolentino.