La autora argentina María Negroni visitó México en el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa 2026, de la UNAM. Conversamos con la poeta y narradora sobre Colección permanente, publicado bajo el sello Literatura Random House.
María Negroni reflexiona sobre la escritura en Colección permanente
Pregunta: Recientemente lanzó Colección permanente, un volumen que reúne reflexiones sobre la escritura y que se apoya en el ensayo, la autobiografía y la poesía.¿Cómo nació la idea escribir Colección permanente?
Respuesta: Me invitaron hace unos años a abrir el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires y escribí un texto de unas siete páginas que un poco hablaban sobre la escritura. Después me dije “ay, sería como interesante ampliar esto”. Llevo una vida dedicada a la escritura y no solamente eso, sino que además este hace unos quince años fundé en Argentina una maestría en escritura creativa en la UNTREF (Universidad Nacional de Tres de Febrero).
Llevo mucho tiempo enseñando y hay muchas cosas que se pueden decir sobre la escritura; que además lo he pensado mucho y convivo con eso. Esa fue la génesis del libro: hacer algo, escribir.
Nunca escribo de una forma académica. El libro tiene varios ejes: por un lado está como me involucro yo en mi propio proceso de de crecimiento, de desarrollo, de exploración con la escritura. Después están mis ideas sobre qué es escribir, sobre qué es el lenguaje.
Quería hablar de varias cosas que son importantes y que no siempre están presentes en las conversaciones sobre literatura. Después evoqué la figura de un maestro inventado y algunas entrevistas apócrifas, que son la parte para mí más divertida del libro, porque ahí me permito decir cosas atribuyéndoselas a otros.
“La escritura es por naturaleza disidente”
Pregunta: En Colección permanente se afirma que la única realidad que debe preocupar a quien escribe es el texto. Es una afirmación poco popular en un siglo donde se exige al texto una pureza que con frecuencia no tienen ni los activistas ni los políticos.
Respuesta: La literatura tiene una función política, pero no es la función del mensaje explícito. Es mucho más complejo que eso.
Por un lado están los que le piden a los textos literarios, ni siquiera que tengan una función política, sino que respondan a ciertas agendas, que son agendas que están de moda o que el mismo mercado impone; o incluso el mundo académico. Van como sugiriendo que los libros respondan a ciertos temas.
Ahí hay un negocio, eso no tiene nada que ver con el activismo político. Es un negocio en el que participan eh los interesados e interesadas, incluso los propios escritores, muchas veces.
La otra cuestión es que nosotras como escritoras trabajamos con el lenguaje. Ese es nuestro instrumento. Y el lenguaje del poder, de cualquier signo que sea, tiene una tendencia al dogmatismo.
Al discurso político no le interesan las medias tintas, las sutilezas, las ambigüedades, las ambivalencias. Le interesa que los discursos sean o sí o no, o claro u oscuro, o izquierda o de derecha. No hay lugar para la complejidad. Y la vida es muy compleja. La vida es enormemente compleja.
Entonces, la escritura, la verdadera escritura, trabaja siempre en ese lugar donde no es o una cosa o la otra: es una cosa y la otra. Esa apertura a la ambigüedad y al error —y a la pregunta más que a la respuesta— es la función política de la escritura, porque es un antídoto contra los discursos autoritarios. Los discursos autoritarios siempre son unívocos.
La escritura va en contra, es por naturaleza disidente. La literatura, la buena literatura, sabe que no es un problema de mensaje: vos puedes tener mensajes y ser absolutamente reaccionaria a tu literatura.
Esto no es un problema de agendas, esto no es un problema de temas, este es un problema de cómo nos acercamos a la realidad. La realidad no es solo lo que aparece en los diarios. Es eso, pero también es muchísimas cosas más.
Son las grandes preguntas que tenemos como seres humanos. Eso también es la realidad. Además de la guerra Irán o el genocidio en Gaza. Por todas esas cosas hay que luchar, hay que salir en las movilizaciones, pero no necesariamente hay que decirlo en un texto, a menos que realmente venga de abajo, de lo más profundo del ser. Pero como un impuesto, como una agenda, de ninguna manera.
Pregunta: La tradición argentina es prueba de que hay grandes poemas que no renuncian a ser gran literatura y que son profundamente políticos, como es el caso de Hay cadáveres, de Néstor Perlongher.
Respuesta: Todo hay que ubicarlo en su contexto. Perlongher era un militante político en los años setenta. Perseguido desde las propias organizaciones políticas y perseguido por gay. Se fue a vivir a Brasil y desde Brasil enunció ese poema fabuloso que es “Hay cadáveres”. Pero no está respondiendo a una agenda política, lo hace como en el caso de Juan Gelman.
Gelman es un poeta que está atravesado por el dolor de la pérdida: la desaparición de un hijo, de una nieta, de una nuera, y que ha tenido que exiliarse. Entonces la poesía surge de ahí, de esa especie de volcán emocional, comprometido, pero esa es la vida que está poniéndose en el papel.
Lo que estábamos hablando antes es una cosa más superficial. Es una lista de los temas que supuestamente venden. Todos sabemos cuáles son esos temas.
“Cuando lees a los clásicos, te das cuenta de que hemos ido variando la forma de las preguntas, pero no las preguntas”
Pregunta: En su último libro, Poeta griego arcaico, Luis Felipe Fabre dice: “Medusa, aterradora como la belleza / Medusa, aterradora como la verdad / Medusa, aterradora como el amor”. Y a partir de estas ideas, él ha llegado a decir: “ya no quiero que lo personal sea político, quiero que lo personal sea sagrado”. Varias veces llegué a sentir que esa frase rimaba con lo expuesto en Colección permanente.
Respuesta: Hay algo que me interesa mucho también en esto que me dices, que es ir atrás, porque los seres humanos siempre hemos hecho las mismas preguntas, está todo atrás, ¿entendés? Cuando tú miras o lees a los clásicos, te das cuenta de que hemos ido variando la forma de las preguntas, pero no las preguntas.
Ayer me preguntaron en un conversatorio sobre un verso en el libro Arte y fuga, el verso final dice “un pájaro que canta solo para Dios”. Hay una cosa religiosa, hay una cosa mística, pero es porque la poesía está muy cerca de eso, si no es lo mismo.
Pero en realidad la palabra muchas veces, cuando revela, oculta. Eso es como un atajo, entonces yo lo llamo río al río. Me quedo tranquila porque le puse un nombre, ¿sí? Que es lo que le pasa a los niños cuando vienen al mundo. Que empiezan a nombrar.
“Mamá, papá”, dicen cuando empiezan a hablar, porque se dan cuenta de lo que han perdido. El lenguaje tiene que ver con la pérdida. El lenguaje sirve para algunas cosas, pero oculta otras. Es un atajo. Entonces yo digo, silla y creemos que nos entendemos o digo árbol, pero árbol no existe, existen millones de árboles en millones de lugares que se mueven cada hojita, ¿entiendes? De pronto es muy limitado el lenguaje frente a la enormidad del mundo.
Elisa de Gortari