Letra Gótica le Abre las Puertas a Mexicana para Trabajar en el Vaticano
Durante un viaje a Italia, Liz pasó de ser turista a quedarse a trabajar para la Limosnería Apostólica. Por destino de la vida, ella tenía una habilidad que en la Santa Sede estaban buscando
Una escribiente hace una bendición papal, en noviembre de 2014. Foto: Reuters | Archivo
Hace 21 años, Liz salió de San Juan de los Lagos, su pueblo natal en Jalisco, para viajar como turista a Roma y Padua, en la que se encuentran los restos de San Antonio, el santo de las cosas perdidas, pero también patrono del amor y los matrimonios.
"Yo fui a Padua con San Antonio de Padua a pedirle un marido, a pedirle un marido que me quisiera mucho y resulta que dos días después de haber ido a Padua conocí a mi esposo y acá estoy".
Al poco tiempo, Liz se casó y se trasladó a Roma. La vida le tenía reservada otra sorpresa, nada menos que en el Vaticano. En la Limosnería Apostólica donde se realizan los pergaminos con las bendiciones papales, estaban buscando una persona que supiera escribir con caligrafía gótica.
"En la escuela había varios cursos en las tardes para aprender a cortar el pelo, a cocinar y una de las tantas era para escribir letras góticas y yo me metí como un curso extra en la escuela. No sabía que ese curso que hice en la escuela me iba a servir como trabajo para toda la vida.
Desde hace 21 años, Liz prepara las bendiciones papales que se conceden, ante todo, para los sacramentos.
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Desde la elección del Papa León XIV, la demanda de bendiciones papales ha aumentado notablemente.
"El aumento de bendiciones fue grandísimo, realmente fue un boom cuando su elección, y días después eran filas, filas y filas de personas que esperaban para entrar, tanto es verdad que hasta en nuestro sitio online se puso un límite para estas bendiciones porque eran tantas que no podíamos abarcar todo en poco tiempo".
Liz se siente orgullosa de trabajar en el Vaticano y de poder atender a los peregrinos de lengua española.
"Para mí es un orgullo, es como estar en un pedacito de cielo, se podría decir, trabajando en el Vaticano y trabajando aquí veo tantos mexicanos que me da mucho gusto ayudarlos".
A los jóvenes, Liz siempre recomienda que no dejen de hacer cursos por raros que puedan parecer porque en la vida al final todo sirve.